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COLUMNISTAS / opinión
sábado 14 julio, 2018

Sin futuro, sin palabra

El calendario electoral de 2019 gira alrededor de cómo el pasado se mantiene pasado.

por Jorge Fontevecchia

MACRI-CRISTINA: Un revival en 2019 de 2015 y 2017 es hoy la opción más deseable para ambos. Foto: Cedoc Perfil

“La nueva  concepción del poder no consiste en el control del pasado sino en el control del futuro”.

(Psicopolítica, Byun-Chul Han)

* * *

Macri, Kirchner, Menem y Alfonsín ganaron las elecciones siendo dueños simultáneamente del pasado y del futuro. Y todos fueron desplazados cuando, manteniendo el control del pasado, perdieron el control del futuro. Esta es la situación actual de Macri: el recuerdo del kirchnerismo sigue siendo negativo para dos terceras partes de la población, pero la promesa de un futuro mejor de Cambiemos ya no es verosímil. Lo mismo sucedió con sus predecesores, cuando el kirchnerismo perdió el poder no fue porque la mayoría quisiera volver al menemismo, ni con Menem al alfonsinismo, ni con Alfonsín a la dictadura.

Es la repetición de los problemas la que lleva a la repetición de los candidatos

Pero Macri podría estar en una situación peor porque se puede perder el control del futuro junto con el del pasado. Esto les sucedió a los opositores de Perón cuando volvió de España o, en otra escala, a los de Napoleón cuando dejó la isla de Elba. En esos casos, el pasado se reescribe en función del presente: la historia es necesariamente anacrónica cronológicamente, resignificando  desde lo actual lo anterior, porque lo que triunfa tiene que tener un origen causal.

El calendario electoral de 2019 gira alrededor de cómo el pasado se mantiene pasado. Cristina Kirchner sueña con una crisis que transforme su pasado en futuro y pueda aspirar a un regreso triunfal a la manera de Perón. Su ecuación es simple: que un presente peor haga a su pasado mejor. Y Macri sueña con que Cristina Kirchner sea la candidata más votada de una oposición dividida para ganarle en el ballottage. La ecuación de Macri también es simple: al no tener un futuro mejor con el que cautivar, mejor es confrontar con un pasado peor.

Mejor y peor son relacionales, lo explicaba simplemente Gandhi colocando tres baldes  con agua caliente a un lado,  con agua fría al otro y con templada en el centro. Cuando ponia un brazo en el agua caliente y otro en la templada, esta última era fría. Mientras que cuando colocaba un brazo en el balde con agua fría y el otro en el del agua templada, esta última pasaba a sentirse caliente.

Que el pasado construya la agenda de discusión de las próximas elecciones indica la carencia de futuro. Cristina ofrece lo que fue, Macri no volver al pasado y hasta el peronismo no kirchnerista pareciera tener su futuro en el pasado porque especula con candidaturas como las de De la Sota y Lavagna.

Ellos, como pilotos de tormentas experimentados que cruzaron con éxito la poscrisis de 2002, sumado al argumento de ser personas que por su edad (asumirían con 70 y 77 años, respectivamente, en diciembre de 2019) no desearían cumplir más que un período presidencial, permitiéndoles a los más jóvenes, como Massa, posponer sus aspiraciones presidenciales y, en su caso, apostando incluso a ser gobernador bonaerense.

Si la experiencia de De la Sota y Lavagna terminara siendo electoralmente revalorizada, indicaría que desde el peronismo no kirchnerista no habría emergido una idea de futuro superador con fuerza suficiente para empujar la anticipación activa.

Por su parte, Urtubey aspiraría a recibir el apoyo de los votantes desencantados con Macri pero no así con sus ideas.  Su futuro, entonces, sería un presente mejor gestionado.

Presente, presente mejorado, pasado y pasado mejorado integran el menú de la política argentina que hoy atraviesa un período de transición lleno de incertidumbres. La falta de futuro es en parte resultado de la dificultad de poder imaginarlo. No se vislumbra un futuro necesario, de esos que expresan una realidad determinada antes de tener lugar, porque están contenidos de antemano en la causas que los originaron.

Con el crecimiento en lugar del descenso de la inflación Macri se quedó sin voz porque lo que se devaluó fue el peso de su palabra. Esa voz que debería decir cómo será el futuro quedó muda por falta de hechos en los que apoyarse. ¿Habrá sido la devaluación diciembre-junio un punto de bifurcación definitivo en el futuro de Cambiemos o la economía mejorará en 2019 para que el Gobierno recupere su voz performativa y pueda otra vez decir “el futuro está llegando”?

Cristina Kirchner tampoco tiene voz: el crecimiento de la aprobación de su figura es proporcional a su silencio. Pero nadie tiene voz en la tiniebla de la contingencia a la que está sometido hoy el país, tampoco quieren hablar Massa, De la Sota o Lavagna.

Que nadie quiera poner en palabras el futuro es la mejor demostración de que podría estar para cualquier candidato y nadie quiere arriesgarse a dar un paso en falso. Desconcierto es la palabra en donde las circunstancias cambian pero los problemas permanecen.

Si el pasado se transforma en futuro, será no solo por el fracaso de Macri

Es difícil ganar una elección sin una promesa de un futuro mejor, y que ningún candidato despegue como claro presidenciable de 2019 muestra que nadie encontró aún cómo hacer verosímil esa propuesta de un futuro mejor. Pero si Macri apuesta a saldar su deuda con el futuro siendo acreedor de la mala imagen del pasado kirchnerista, corre el riesgo de perder.


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