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Tarde, una arenga

Por esas reglas editoriales de plazos y acontecimientos me veo forzado a arengar a favor de la marcha que ya habrá ocurrido para cuando se publiquen estas líneas.

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Por esas reglas editoriales de plazos y acontecimientos me veo forzado a arengar a favor de la marcha que ya habrá ocurrido para cuando se publiquen estas líneas.

La amenaza de la militarización de la Argentina es gravísima. No se me ocurre una sola ventaja que incline la balanza hacia los que piensan que está bien otorgarles a las Fuerzas Armadas la función de reprimir desórdenes internos. ¿Se ha perdido la memoria de los hechos más atroces de nuestro país? ¿Será otra mera distra-cción? Macri sugiere que pasará el asunto por decreto; así por lo menos no arrastraría a la ignominia en la que él mismo ha querido ubicarse a los miembros del Parlamento, tan afectos a la gimnasia política extrema.

Los organismos de Derechos Humanos se aunaron bajo la consigna “Fuerzas Armadas represivas nunca más” y sorprende y deprime que haya que salir a la calle a explicar otra vez lo obvio. Pero mucha gente es sencillamente ignorante, otra es apenas millennial y otra es gorilísima y como el relato de la represión es complicado, pero involucra de alguna manera laberíntica al peronismo, habrá un combo de estas personas que prefieran por default negar la historia y adherir a esta idea pasmosa de orden interno. A esas personas –que por los motivos que fueren añoran esta solución– habría que mostrarles los ejemplos de países (México, Colombia) que calcaron las imposiciones del FMI y de la CIA y militarizaron y paramilitarizaron el control social. Son invitados a revisar las heridas abiertas de esos pueblos hoy, ahora, urgente, antes del decreto que reabrirá la vena de la peor vergüenza nacional.

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