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miércoles 9 mayo, 2018

Teoría de la Desinformación

La interacción en redes funciona por oleadas, el flujo produce reflujo y muchas veces es más fuerte la réplica que el mensaje original.

por Alejandro M. Correa

La red social Facebook. Foto: Télam

La Teoría de la Información fue creada por un grupo de ingenieros para que el mensaje-emisor llegue al destinatario-receptor con el menor ruido posible. La Teoría de la Desinformación propone lo contrario, que llegue con el mayor ruido posible. La primera respondió a necesidades técnicas. La segunda se usa para confundir a las audiencias. Como cada palabra es una metáfora y el que la escucha la interpreta según una serie de condicionamientos personales la comunicación entre personas no es sencilla. El tiempo es un bien escaso y la síntesis se vuelve crucial. Por eso empresas y políticos destinan presupuestos millonarios para crear slogans que los protejan de malas interpretaciones y a la vez ser efectivos en lo que quieren transmitir.

Mientras que la Teoría de la Información es una materia central en carreras como Ingeniería, Comunicación o Sociología, la Teoría de la Desinformación no suele ser materia de estudio académico. Sin embargo aparece entrelíneas en cientos de libros sobre comunicación y propaganda. La película Wag the Dog, con Dustin Hoffman y Robert De Niro, muestra cómo se crea una guerra artificial en Albania para ocultar un escándalo que impediría la reelección del presidente de los EEUU. Allí se desguazan todos los recursos de distracción pública que se crean con la parafernalia de comunicación. En palabras de Martín Fierro: “Pero hacen como los teros / Para esconder sus niditos: / En un lao pegan los gritos / Y en otro tienen los güevos.”

En la época en que la información quiere ser libre, la tensión entre la realidad impuesta y la que se quiere ocultar produce una fricción que vuelve a la comunicación caótica e inmanejable, sobre todo en la televisión. En las redes sociales el efecto es más profundo pues son cámaras de eco sin emisores centralizados. Por supuesto que se buscan imponer temas con robots y trolls para reproducir consignas (comerciales o políticas) pero el efecto es efímero. Con 1000 tuits se crea una tendencia (TT). Es la campaña de comunicación más barata que existe. Pero la interacción en redes funciona por oleadas, el flujo produce reflujo y muchas veces es más fuerte la réplica que el mensaje original.

Como las acciones de desinformación responden a la coyuntura y urgencias, no se suelen estudiar los efectos subliminales que producen. Pero es fácil reconocer en perspectiva la huella que queda en la psiquis sobre todo en la relación con los políticos. Al descubrirse engañado uno tiende a reaccionar con un fuerte rechazo hacia el que identifican como artífice del engaño. De ahí la mala reputación de nuestros políticos. La Teoría de la Desinformación tiene una falla de origen. Se basa en el ruido y como tal termina creando una sensación de malestar. Es un elemento más de la contaminación a la que estamos expuestos. Al crear confusión no se suele conocer cómo será la reacción en caso de saturación.

En general los procesos de desinformación producen la polarización en las audiencias. Como en el ruido eléctrico, compuesto por señales de interferencias, las primeras manifestaciones son de desacuerdo con el mensaje introducido artificialmente. En las conversaciones públicas a través de los medios, como en los sistemas digitales, el ruido nunca se puede eliminar del todo. Ese ruido (o desinformación), tiene diferentes orígenes y no todos ellos son intencionales. Lo cierto es que esa contaminación en la información hace que el contacto de los medios de comunicación con sus usuarios se vuelva tan complejo. Los espacios de interacción de los medios se vuelven campos de batalla dialécticos en donde abunda la agresividad, las noticias falsas o temas fuera de tópico.

La desinformación es un problema de comunicación, por lo tanto no es un tema para ingenieros. Es un desafío para los comunicadores. Cómo será el intercambio de información entre medios y usuarios. Cómo reducir el ruido en esa comunicación. Twitter ensaya un modelo: todos pueden hablar con todos, pero cada uno tiene la posibilidad de bloquear a los molestos o agresivos. También se puede silenciar a personas o palabras determinadas. Los emisores que violan las reglas son sancionados. En ese campo de experimentación masivo que son las redes se van encontrando soluciones a los conflictos del ruido. Pero su esencia es diferente a la de los medios de comunicación tradicionales en su versión online. La organización de audiencias y la reducción de los niveles de ruido en la relación de los medios con sus usuarios son las claves para combatir la desinformación.

 

(*) Investigador de Medios de Comunicación. En Twitter: @alargie


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