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COLUMNISTAS / opinion
sábado 7 julio, 2018

Una situación de riesgo incluso para los rescatistas

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Carlos A. Benedetto*

El complejo Tham Luang, en el norte de Tailandia, es un sistema de cavernas kársticas (formadas en roca caliza por el agua que se infiltra desde la superficie) que totalizan unos 10 km de galerías subterráneas. A diferencia de nuestras cavidades en la Cordillera semiárida, las cavernas de la península de Indochina se forman en calizas en medio de la selva y en un clima completamente distinto al nuestro. Son cavernas de muy difícil acceso, y con precipitaciones muy elevadas, muy superiores a los 300 ml/año de la cuenca neuquina.
Los espeleólogos experimentados no ingresan a una cueva cuando llueve, porque saben que toda el agua que no corre por la superficie es “chupada” hacia el interior, alimentando así ríos subterráneos que crecen a gran velocidad y ponen en riesgo a los potenciales visitantes.
Se han producido accidentes muy serios a lo largo de la historia espeleológica. El más notorio, a principios de los años 50 en Francia, fue el de Marcel Loubens, experto espeleólogo que se accidentó en un descenso vertical al cortarse su cuerda.
El anegamiento de cuevas es en general súbito, y no da tiempo a huir o protegerse, y menos aún en el caso de personas sin experiencia. Los jóvenes futbolistas no portaban equipamiento espeleológico (casco con iluminación frontal), por lo que se encuentran en una situación ambiental muy especial: a) temperatura permanente, casi sin amplitud –la zona es alta, por lo que no habría riesgo de hipotermia–; b) humedad muy alta; c) es una zona afótica –totalmente carente de luz–.
Los accidentados fueron hallados a cuatro kilómetros de la entrada. Se estableció un campamento base de salvataje en un espacio que definen como “fangal”. La Marina de ese país envió un equipo de rescate, pero sin experiencia espeleológica. A posteriori se sumaron treinta rescatistas militares norteamericanos que proveyeron de alimentos a los niños. A la fecha, cerca de un millar de personas de 11 países están colaborando.
Se ha iluminado la cueva y se están buscando entradas alternativas desde el exterior. Hay preocupación por las dificultades logísticas para el desplazamiento de rescatistas y por el empeoramiento de las condiciones climáticas. Pero se sigue bombeando agua hacia el exterior. La situación está tipificada como “muy compleja y riesgosa”, incluso para la vida de los propios rescatistas.

*Presidente de la Federación Argentina de Espeleología.


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