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lunes 16 julio, 2018

Viaje gratis por el mundo, aprenda Photoshop

Pronto será complicado presentar fotos como prueba en los juicios, porque cada vez es más difícil saber con certeza si una foto es original o fue modificada.

por Alejandro M. Correa

El "photoshopeo" de turistas en diversos destinos ya es un clásico en la web. Pronto será complicado presentar fotos como prueba en los juicios, porque cada vez es más difícil saber con certeza si una foto es original o fue modificada. Foto: Cedoc

La fotografía cambió la comunicación e inició un nuevo lenguaje universal que prescinde de la palabra y que hoy vemos en expansión con los emoticones y otros signos visuales. El mundo conectado requiere una misma lengua más allá de la vigencia de los dialectos en que se convirtieron los idiomas. Con la foto la publicidad y el periodismo lograron que un medio no verbal los ayude a transmitir información de manera muy efectiva. Pueden expresar posturas colectivas, frente a la escritura que suele mostrar un pensamiento privado o individual. La foto creó una nueva forma de expresión basada en el Gestalt. Al recuperar el gesto y la experiencia como informes visuales que se complementan con la palabra se recrea la identidad. Una foto le costó la vida a José Luis Cabezas. Las fotos de la guerra de Vietnam le hicieron perder a EEUU su batalla interna de información más que cualquier manifiesto antibélico.

Pasamos del “miren a cámara” al “tapen la cámara del celular que te pueden sacar fotos”. Aunque ya no hace falta tapar la cámara para que se apropien de nuestra imagen. No era tan loca la idea de las tribus que decían que un retrato roba el alma. “La propiedad es un robo” escribió Proudhon, luego lo pintaron los revolucionarios del Mayo Francés en las paredes y ahora lo puso en práctica Facebook. Cuando publicas una foto en esa plataforma: “nos otorgas una licencia internacional, libre de regalías, sublicenciable, transferible y no exclusiva para alojar, usar, distribuir, modificar, manejar, copiar, mostrar o exhibir públicamente y traducir tu contenido, así como para crear trabajos derivados de él...” Derechos de autor es una de las discusiones más apasionantes de la época. Mark Zuckerberg salteó el debate y se apropió de nuestras imágenes.

Pronto será complicado presentar fotos como prueba en los juicios, porque cada vez es más difícil saber con certeza si una foto es original o fue modificada. Como una foto puede construir o destruir una carrera o a una familia, ese medio abandona su carácter de documento para convertirse en un arma, que al poder ser manipulada, pierde valor jurídico. Las máquinas aprendieron a reconocer rostros y avanzan en creaciones morfológicas originales. El nuevo ambiente tecnológico se está diseñando a sí mismo. Se crean imágenes con precisión inédita en detalles como el iris o retina. “Peligran los puestos de miles de trolls”, se anuncia en las redes. La construcción de identidades virtuales llega a un nuevo estadio. Se están creando personalidades falsas con una historia e identidad propias detrás de esos rostros únicos creados de manera artificial.

Instagram, una red social básicamente de fotos, sumó la ilusión de jugar con el tiempo. Nos permite traer el pasado con sus filtros vintage que recrean a los años ’70. Rompió el tiempo y también el espacio pues lo convirtió en un efecto más en la composición. Vamos en busca de objetos conocidos como la torre Eiffel para poder vernos junto a ella en una foto. “Viaje gratis por el mundo, aprenda Photoshop” se promocionaba un taller de aprendizaje de esa herramienta. La emoción deja de ser un estado de ánimo para ser una representación escenográfica en el que la fotografía puede ser una máscara o el ojo de la cerradura que nos permite asomarnos a una intimidad fingida. Aunque esa intimidad sea una cuidada puesta en escena como la de un presidente en asuntos cotidianos. Vestimos al mundo real con ropajes del mundo virtual para acostumbrarnos a la idea.

Lo que sigue inalterable es que una foto muestra todo menos a su artífice. Dejemos de lado las “selfies” recién descubiertas por muchos, quizás por carencia de Diego Velázquez. La foto desnuda una situación y puede mantener oculto al que recorta esa realidad. El objetivo es subjetivo. Ahora la etiqueta es la nueva extensión de nuestra imagen. Una marca de agua que agregamos o nos agregan. Descubrimos que la etiqueta crea entidad. Nos podemos ver en tercera persona en medio del universo. La foto del planeta tierra o de un glóbulo rojo nos enseñó a mirar un poco en contexto y descubrimos nuestro interior. Vimos que los impulsos eléctricos que mueven al cerebro y al corazón son parecidos a los que llevan nuestras fotos a la velocidad de la luz a cualquier parte del planeta. Información en movimiento en forma de imágenes. Si el todo es más que la suma de las partes, la fotografía no puede escapar a que es apenas una parte de la reconfiguración social y fisiológica del ser humano en la revolución eléctrica. Empezamos a hablar un nuevo lenguaje universal. Es hora de que los antropólogos estudien el presente.

(*) Investigador de medios de comunicación. Twitter: @alargie


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