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COLUMNISTAS / opinion
domingo 4 marzo, 2018

Vidal y Macri contraponen sus relatos públicos

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por Javier Calvo

Por primera vez desde que asumieron hace poco más de dos años, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal ejecutaron en público dos partituras que sonaban distintas y hasta opuestas. Los momentos y lugares elegidos no fueron casuales: la inauguración del período de las sesiones legislativas nacional y provincial en un año sin elecciones.

En el Congreso, el Presidente recurrió otra vez al estilo new age descontracturado para hablar del país que dice ver y el que propone. Para evitarse malos tragos evitó tanto abrocharse el primer botón de la camisa como hablar de la inflación y de la comprometida situación laboral en algunos sectores industriales.

Cual pastor carismático, pronunció más de una docena de veces la palabra “juntos” y mostró su fe de que si nos unimos, “somos imparables”. El clásico duhaldista “condenados al éxito” en versión globo amarillo. Y con final a toda orquesta junto a sus adláteres legislativos al grito de “sí se puede”.

El positivismo calculado y ensayado de Macri apenas se trastocó a la hora de referirse a la paritaria de los docentes, a quienes les dirigió una mínima amonestación por acordarse de la educación solo cuando discuten salarios, según él.

Justo ese fue el tema en el que la gobernadora desplegó una furibunda andanada de dureza, acompañada de ceño fruncido y monocejismo ante la selecta platea de la Legislatura bonaerense. Por algo menos de una hora, Vidal abandonó su sempiterna sonrisa heidiana y mostró los colmillos.

Tal como había anticipado PERFIL hace una semana, la mandataria estaba decidida a endurecerse en la negociación con los gremios, en especial los de los maestros. Como en el discurso del jueves 1, Vidal profundiza sus señales belicosas.

Con adustez y el rostro tenso, la gobernadora atacó a los agujeros negros del sindicalismo, de la burocracia y hasta de la Justicia. Había allí tan poco new age macrista como funcionarios con offshore, a la inversa de la administración nacional.

En uno y otro caso, sin embargo, es aconsejable no dejarse llevar por las apariencias. Apagadas las luces, Macri se aleja de la buena onda y tranquilidad a la hora de lidiar con los problemas de la gestión, según cuentan varios de sus colaboradores, que tienen un anecdotario variado de respetuosas asperezas presidenciales. Vidal suele ser más parecida puertas adentro a como se mostró en la Legislatura, al revés de lo que se observa en las recorridas por la Provincia o con los periodistas. Alrededor de ella es tildada de implacable.

Acaso estas diferencias entre lo público y lo privado, y también entre ellos, reflejen cuán distintos son los dos principales líderes políticos del país. Esa heterogeneidad, incluso, es más amplia que la que Vidal y Macri están dispuestos a reconocer. Por ahora.

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