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INTERNACIONAL / El Jefazo, de Martn Sivak
domingo 29 junio, 2008

Retrato de Evo Morales, un presidente asediado por la oposición autonomista

Para entender la crisis política boliviana hay que entender los múltiples matices de la personalidad del presidente. Galería de fotos de su vida.

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por Redacción Perfil


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Foto: Cedoc
Pese a que durante los primeros meses de su mandato había afirmado lo contrario, en junio del 2006 –casi dos años antes de que finalmente se llevara a cabo el referendum autonómico de Santa Cruz- el presidente boliviano Evo Morales adelantó que votaría por el “No” a la descentralización. 

Al momento de su asunción, el enfrentamiento entre las regiones más prósperas de Bolivia y los departamentos menos privilegiados ya llevaba décadas: “Quieren la autonomía para que los orureños entren con pasaporte a Santa Cruz”, graficó  entonces  el mandatario, en un acto multitudinario a 120 kilómetros de la capital departamental. 

La intensidad con la que las elites santacruceñas se opondrían a las políticas de gobierno del primer aymara en acceder al poder recién comenzaba a adivinarse.  Morales, sin embargo, ya había comprendido la importancia de mostrarse rodeado de sus seguidores.  

“Morales concibe a la política como esa demostración de fuerza que son las marchas o, como él prefiere llamarlas, las concentraciones”, escribió el periodista Martín Sivak en Jefazo, Retrato íntimo de Evo Morales, publicado recientemente por Editorial Sudamericana. Para él, “constituyen la prolongación del dirigente y el tamaño de su poderío”.  

Esta visión de la política, junto con la informalidad a la que Sivak hace referencia como el rasgo característico del escenario político boliviano, se mantuvo inalterada durante los dos años siguientes del gobierno de Morales, hasta la actualidad.  
 
A las huelgas de hambre de la elite santacruceña, a los obstáculos que enfrentó la Asamblea Constituyente y a los referendos autonómicos en los departamentos de la media luna opositora, Evo respondió con demostraciones de apoyo popular, actos masivos en el interior del país y peregrinaciones multitudinarias a La Paz.  

Las consecuencias de Tarija. Sin embargo, la victoria del “Sí” en el referendo autonómico de Tarija, que se llevó a cabo el domingo pasado, abrió un nuevo capítulo en la crisis política: con un porcentaje abrumador -casi el 80% de los votos- los tarijeños se decidieron autónomos del gobierno central, en una consulta a la que Morales había calificado de “ilegal” e “inconstitucional”.  
 
El resultado del referendo se sumó a los de los departamentos de Santa Cruz, Pando y Beni para materializar una división que se respiraba desde la asunción de Morales y que, con el pasar de los meses, se volvió cada vez más visible.  

El triunfo del “Sí” en Tarija fue una inyección de vitalidad (otra más) para los cinco prefectos opositores, líderes de la denominada “media luna ampliada”, quienes con fuerza renovada, expresaron su rechazo a la realización del referendo revocatorio del 10 de agosto y dejaron sentado que no volverían a someter su mandato al voto popular.  

La consulta revocatoria había sido propuesta por Morales en diciembre del 2007 y aunque desde el principio los prefectos opositores se mostraron reticentes a la realización de la consulta, no fue hasta el lunes pasado que se negaron rotundamente a participar. Se trata de una ley aprobada por el Congreso, pero volvieron a desafiar el poder de Morales.   

Retrato de un líder. La llegada de Morales al poder, y su permanencia pese a los constantes embates de la oposición, es casi milagrosa. “¿Cómo un pastor de llamas aymara, luego jefe sindical de los campesinos cocacoleros, logra convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia con un récord de votos?”, interroga la contratapa de Jefazo.  

La respuesta de Sivak no es para nada simple. Igual de multifacética que la personalidad de Evo Morales, intenta explicar el milagro desde la descripción de la cotidianeidad de un presidente único: su desapego material, su anti-americanismo, su desconfianza en la clase media, su terquedad, su esencia revolucionaria.  

Para el último capítulo del libro, queda claro que el periodista y sociólogo es un verdadero conocedor de la figura de Evo Morales. Lo describe sin titubear: “Fue nacionalista y antiimperialista; popular y plebeyo contra las elites y las oligarquías; indio desafiante del colonialismo interno y externo; anti-neoliberal, pero se cuidó de llamarse socialista”.  

Y con respecto a su Gobierno, afirma: “La precariedad es material, aparece en la burocracia estatal, en la preparación de sus funcionarios, en el caos de la organización y en la debilidad institucional del país”. Pero la admiración que Sivak siente por Morales, y que Jefazo destila, se manifiesta definitivamente en el último párrafo: “Evo es hijo de esa precariedad y, al mismo tiempo, la personificación del cambio”.

*Redactora de Perfil.com.

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