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COLUMNISTAS /
domingo 5 diciembre, 2010

Los regímenes no quieren cambios

por Redacción Perfil

Una vez pensé que la verdad era un conjunto formado por todas las cosas que eran verdad y que la verdad absoluta puede obtenerse tomando todas esas pequeñas verdades y evaluándolas hasta que no quede nada.

Para cambiar radicalmente el comportamiento de un régimen tenemos que pensar con claridad y audacia, porque si algo aprendimos es que los regímenes no quieren que los cambien. Tenemos que pensar más allá de lo que lo hicieron quienes nos precedieron y descubrir cambios tecnológicos que nos den valor para actuar de formas que nuestros antepasados no pudieron.

Aún más importante, tenemos que utilizar estas percepciones para impulsar dentro de nosotros y de otros un proceso de acción ennoblecedora y efectiva para reemplazar por algo mejor las estructuras que conducen al mal gobierno.

La revolución de las comunicaciones ha dotado a los conspiradores de nuevos medios para conspirar, incrementando la velocidad de precisión de sus interacciones y en consecuencia el tamaño máximo que puede adquirir una conspiración antes de desmoronarse. Cada vez que somos testigos de una injusticia y no actuamos, somos más pasivos ante su presencia y, con ello, podemos llegar a perder toda habilidad para defendernos.

Cuanto más secreta o injusta es una organización, más miedo y paranoia inducen las filtraciones en su liderazgo. Los regímenes autoritarios originan fuerzas que se oponen a ellos. Esas fuerzas se basan en la búsqueda de la verdad a la que se ven compelidas las personas. Los planes que utilizan los autoritarios provocan resistencia una vez que son descubiertos. Por lo tanto, tales sistemas están ocultos por el éxito de los poderes autoritarios hasta que la resistencia es inútil. Estos secretos, que operan en detrimento de una población, son suficientes para definir un comportamiento como conspirativo.

Cuando observamos a las conspiraciones autoritarias vemos un sistema de órganos que interactúan, una bestia con arterias y venas cuya sangre puede ser extraída hasta que caiga, incapaz de comprender y controlar las fuerzas que la rodean.

La nueva tecnología puede darnos métodos prácticos para prevenir o reducir importantes comunicaciones entre conspiradores autoritarios, fomentar fuertes resistencias a los gobiernos autoritarios y crear poderosos incentivos para formas más humanas de gobierno.

Las criticas que recibimos no son resultado de acciones legales, sino del miedo a perder el apoyo de Estados Unidos. No tengo dudas: vamos a una era de macartismo digital.

 

*Publicado en su blog IQ.org


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