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CóRDOBA / ARTE CONCEPTUAL
domingo 3 diciembre, 2017

Martín Legón trae al Genaro Pérez su última instalación Quatrienal Shanzhai

La instalación busca romper con la idea de autoría. Ocupará la planta alta del museo Genaro Pérez y podrá visitarse durante todo el verano a partir 14 de diciembre.

por Guillermina Delupi

AFINIDADES. “Vengo trabajando en este proyecto hace dos años. Una de las ideas fuertes de la muestra era poder hacerla en un museo del interior”, dice Legón. Foto: CEDOC PERFIL
En una búsqueda por retomar las palabras del filósofo italiano Giorgio Agamben en “Elogio de la profanación”, el artista plástico puso en marcha un proyecto que montará en Córdoba y que pretende profanar lo improfanable del capitalismo.

Aprovechando un viaje a China, se puso a trabajar sobre el concepto Shanzhai, que describe un fenómeno social y económico de la China contemporánea. 

El término, que existe desde hace miles de años, se ubica dentro de las diez palabras que definen a China y a lo chino, y cuyo pensamiento no contempla la idea original-copia, sino que entiende que algo que existe de determinada manera puede mutar a otra forma sin mayores inconvenientes.

Utilizado comúnmente como sinónimo de copia, parodia o piratería, el concepto revela una forma de ver la existencia: para los chinos, no existe el artista como creador sino como médium, por lo que la idea de autoría se vuelve inútil.
Empleando este concepto como estructura profana, Legón llega a Córdoba con una cuatrienal que dejará abierta una posta a ser retomada por cualquiera dentro de cuatro años, lo que dura un mandato en la vida política.

—¿Ya habías expuesto en nuestra ciudad?
—Mostré dos veces en Casa 13, en 2005 y 2006. Fueron dos muestras conceptuales, la primera fue la exposición de unos dibujos y luego una serie de CD’s grabados con canciones compiladas por artistas. La gracia era que un artista indeterminado había armado ese compilado y la gente no sabía lo que se estaba llevando.

—¿Por qué elegiste Córdoba? 
—Por varias razones. Vengo trabajando en este proyecto hace dos años. Una de las ideas fuertes de la muestra era poder hacerla en un museo del interior y gracias al Colectivo Coleccionismo Federal empezamos a pensar en Córdoba. Me interesó a partir de las bienales IKA que se hicieron acá (N. del E.: en la década del 60, Córdoba fue sede de tres Bienales Americanas de Arte) y cuando conocí el Genaro Pérez, en 2015, tenía la impronta de un centro cultural barrial.

—¿Cómo está organizada la muestra?
—La idea original era articular todo el museo, pero esta versión será más reducida y la instalación ocupará tres de sus salas. Va a mezclar cosas de artistas internacionales con artistas locales, pero siempre pensada como una sola instalación, recuperando la idea del espectador de los 60. 

—¿Qué es lo que va a encontrar el espectador en esta Quatrienal Shanzhai?
—Estoy trabajando sobre el recurso retórico, anárquico y sobre este concepto de no tener los derechos. Trabajo con videos que consigo en Youtube, obviamente la idea no es generar controversias en torno a los derechos de autor, sino más bien las posibilidades concretas de que una institución se pueda permitir la difusión de la cultura.

—La muestra intenta romper con la idea del autor, ¿creés que también pondrá en crisis la idea de valor?
—Definitivamente. Y ese es el principal eje de mi trabajo. Algo que es clave, es preguntarse cómo profanar lo improfanable del capitalismo, en tanto este se concibe como una religión. Entonces, cómo romper con el capitalismo, que todo lo incorpora, porque hasta el arte más radical entra dentro del sistema. Y me parecía que es una de las respuestas a esta gran pregunta, que es la que deben hacerse los artistas del futuro.

—¿Cuál debería ser el lugar del artista en la sociedad? 
—No sé si hay uno en particular porque el arte es algo demasiado complejo, en el sentido de que a veces se tiende a creer que el arte es para todos.

—¿Y no lo es?
—Hay instancias. Cuando yo muestro en un museo pienso mucho en los espectadores. Pero cuando muestro en una galería privada pienso en el colega, que tiene un contexto y un background de información diferente. Entonces los diálogos son distintos; pasa lo mismo en la literatura, en la poesía más elevada, que a veces no es tan accesible a todos. Cuando uno trabaja para un museo o una instalación pública tiene que darle al espectador cierta certeza.

—Tu producción es muy poética. ¿Cómo definirías tu línea estética?
—Para mí, la influencia más grande es la poesía, pero entendida también en términos conceptuales. La poesía es cruel porque tiene que ser de alguna manera perfecta; no es cortar y armar una frase debajo de la otra, sino la herramienta más sublime que dio la humanidad. A la literatura más excelsa la podés seguir leyendo constantemente, tiene una velocidad y una fuerza muy parecida al arte. Hay estadísticas que dicen que una persona no se queda más de cinco segundos frente a una obra. Entonces las piezas tienen que ser muy directas en todo lo que quieren decir en tan poco tiempo; y eso también pasa en la poesía, creo que hay muchos paralelos en ese sentido.

—Depositás mucho en el espectador con tus instalaciones, para que arme, para que una…
—Me cuesta mucho hablar sobre lo que le pasa a él con mi trabajo. Siento que le doy herramientas para que se lleve algo, pero no sé hasta qué punto sucede eso. No sé bien qué se lleva el espectador promedio, que bien podrían ser mi mamá o mi hermano. El gran secreto de todo artista es poder pensar en lo que le entrega a un espectador que no tiene las herramientas para entenderlo todo. El desafío de la poesía es el mismo, que el lector se lleve una imagen, una palabra. Quizás el espectador más avezado entienda todo un mundo de referencias que hay detrás, pero si alguien, por alguna razón, se queda pensando, eso ya es mucho. Me parece que hoy hay mucha gente que repite por repetir, hablando sin pensar, y a veces quedarse pensando en algo, por mínimo que sea, ya es un montón.


“El poder tiene una relación muy tensa con las artes”

Consultado respecto a la lectura política de sus muestras, Legón sostiene que “un artista tiene que ser una persona que pueda acompañar procesos históricos sin dejar de ver las falencias, creo que ese es el deber de todo intelectual. El poder tiene una relación muy tensa con las artes. En China, durante la revolución cultural de Mao estaba prohibido que los poetas publicaran sus poemas; solo se podían reproducir los de Mao, la relación entre el arte y el poder es muy interesante, pero tiene que haber siempre una pata que cuestione. Todo artista aspira en definitiva a romper alguna regla. La regla más interesante es la relación que mantiene el poder consigo mismo”. En ese sentido, añadió que “el arte viene a mostrar los andamiajes con los que se construye la realidad, entonces siempre está discutiendo con el poder. A su vez el artista tiene un dilema constante: cómo producir contenido político conservando su fuerza poética. Y, de nuevo: a la poesía le pasa lo mismo. Hay poesía que es extremadamente política, pero cómo hacen esos poetas para seguir construyendo sus trabajos”.

Legón agregó que “el artista en general es alguien que está camuflado para poder seguir poniendo en tensión lo que le interesa tensionar. Por eso me interesa el arte conceptual, creo que es el más digno de todos: ir en contra de establecer una marca autoral. Vivimos en épocas complejas, veloces. El trabajo se complejiza, la forma de consumir el arte, los tiempos en los que se asimila. En este sentido, creo que Shanzhai tiene una densidad conceptual que permite relacionar ciertas ideas y formas materiales de reflejar el arte”.


Un libro por año

Desde hace cinco años, Martín Legón viene desarrollando un proyecto vinculado al mundo editorial: publica un libro por año, como una forma de seguir desarrollando su obra, más allá de las exposiciones. “Un libro es una herramienta sumamente útil para desplegar ideas”, señala.

El año que viene verá la luz “Correspondencia con Bruce Nauman”, su quinto libro, inspirado en una anécdota de un cruce epistolar entre Salvador Dalí y Pablo Picasso (Dalí le escribió a Picasso más de 70 cartas que este último nunca contestó y que fueron publicadas luego de a la muerte del pintor malagueño) y en “One year performance”, que el artista taiwanés Tehching Hsieh realizó en la década del 70.

Así, Legón le escribe una carta por semana a Nauman, una búsqueda sin respuesta que, usando la estructura del status quo interpela la realidad y cimenta una voz sobre el arte y sus posibilidades.


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