Perfil
CóRDOBA
Personajes

Un príncipe sin privilegios reales recorre los barrios pobres de San Francisco

“En mi ciudad soy un chico común, uno de muchos en mi universidad”, dice Paul von Habsburg-Lothringen, descendiente directo de Francisco Fernando, cuyo asesinato dio origen a la Primera Guerra Mundial.

0820_archiduque_arquitectossociales_cordoba
El Archiduque de Austria y Príncipe Real de Hungría está en San Francisco. | Arquitectos sociales
Paul tiene 21 años, está estudiando en Inglaterra Economía y Relaciones Internacionales y las extensas vacaciones de verano lo trajeron a tierras cordobesas. A diferencia de otros chicos privilegiados del primer mundo, su apellido, von Habsburg-Lothringen, lo coloca por fuera de lo habitual porque ostenta dos títulos nobiliarios de una casa real sin palacios, cortes ni privilegios. 

Llegó a Argentina con una motivación clara: "Quería hacer un trabajo más profundo, no uno común en un banco sino algo social para conocerme y aprender de otras culturas. Tengo este amigo acá, Sergio Muratore -ex cura párroco de San Francisco, ahora dedicado al coaching personal y organizacional- y cuando le conté lo que quería hacer me invitó a su ciudad porque acá hay gente a la que puedo ayudar.Y estoy acá porque mis padres me ayudan y me apoyan", le dice a Perfil Córdoba por teléfono el Paul von Habsburg-Lothringen, descendiente directo de Francisco Fernando, archiduque de Austria, cuyo asesinato dio origen a la Primera Guerra Mundial. 

El Archiduque de Austria y Príncipe Real de Hungría ayuda en un merendero de San Cayetano, barriada de la zona norte de San Francisco. En "Rinconcito de Luz" asiste a la encargada sirviendo las meriendas y también jugando con los niños y niñas: "Puedo hablar con los chicos, jugar con ellos, atenderlos, amarlos y también ayudo a la señora con la leche o con el té que está haciendo", cuenta Paul en un perfecto español algo literal que aprendió durante un año sabático que vivió en España y un trimestre que pasó en Canelones, Uruguay, trabajando en un campo. 

Sobre las similitudes, compara nuestros países con Rumania  "donde hay una pobreza parecida".  Además del merendero, hace visitas sociales en otro barrio periférico de la Ciudad, Acapulco. Acompañando a las Hermanas de la Caridad, conversa con familiares y enfermos: "Es muy especial conocer a la gente. Hablar con ellos me permite encontrarme con sus culturas", explica.

Durante siglos su familia encabezó el Imperio austrohúngaro. Esta casa real de Europa fue abolida en 1919. En ese sentido, Paul no muestra en su relato ninguna vocación propia de su pertenencia de clase aunque sí profesa una elevada religiosidad: "No sé dónde Dios me está llevando pero sí me gustaría ayudar a la gente, amarla, dar lo que puedo, hacer lo que puedo hacer de cualquier manera, tal vez con los pobres que en Europa también hay. Sobre todo mucha pobreza de alma porque tienen riqueza pero no amor y felicidad en su corazón", describe y aclara que es profundamente católico. Sobre la posibilidad de ordenarse como sacerdote dice tener “la pregunta en su corazón" pero no está seguro. "Aun estoy buscando y un trabajo como éste me ayuda en la decisión, es una posibilidad".

"Mi familia es como cualquier otra, en mi ciudad soy un chico común, uno de muchos en mi universidad. Por ese lado no somos muy diferentes", cuenta Paul y agrega que a diferencia de otros descendientes de casas reales no tiene ninguna obligación con esa corona extinta: "Ahora no tenemos ningún deber real. Por la historia de mi familia nos ven diferentes, cuando vienen a mí no solo ven a Paul, también represento a los míos, a parte de mi historia".  

Paul tiene la nacionalidad alemana por su padre, por eso conservó los títulos, a diferencia de lo que pasó con los austríacos que debieron convertir esos signos de privilegios en apellidos: "Hay gente que ve mi nombre y mis títulos y es difícil para ellos ver quién soy", refiere en torno a las dificultades que puede traerle la pesada herencia familiar. 

Llegó a Argentina el 3 de agosto y se queda hasta el 31. Regresa a Viena a la casa familiar y luego al campus de la Universidad de Éxeter, al suroeste de Inglaterra.  Sobre la vida cotidiana en San Francisco dice haberse acostumbrado: "En Inglaterra hacen todo mucho más temprano, suelen cenar a las 5 de la tarde. No me parece bien que cenemos tan tarde acá, que hagamos una siesta. En verdad es muy distinto", concluye.