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CULTURA / La edicion en lengua española
sábado 30 junio, 2018

¿El último apaga la luz?

Una editora y dos editores –de España y Colombia– debaten acerca del estado actual de la industria editorial en lengua castellana. Los cambios de los hábitos de consumo del comprador de libros y el interés que tienen sus sellos por aumentar su presencia en Argentina.

Gonzalo Leon

La edición en lengua española. Foto: GET

Tal vez como nunca antes en la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires vinieron editores de sellos españoles o con una sucursal en España. Anagrama y su directora editorial Silvia Sesé visitó la Argentina para ver cómo “asentaba” su presencia, no solo aquí, sino en América Latina, y lo mismo hicieron algunos editores integrantes del Grupo Contexto: Enrique Redel (Impedimenta), Santiago Tobón (Sexto Piso) y Silvia Salgado (Nórdica).

La importancia de la visita de estos editores es que la industria editorial española ha sabido salir de una crisis que empezó en 2009, por esa razón observarla puede ser un espejo para la industria local, que se enfrenta quizás con un tercer año de caída en las ventas. Sin embargo, la recuperación no ha sido completa, porque entre otras cosas, los hábitos de consumo han cambiado y hay mercado que nunca se va a recuperar. Pese a ello las editoriales independientes se muestran menos afectadas por la crisis y la recuperación, en su caso, ha sido más rápida, traduciéndose incluso en crecimiento. Para intercambiar experiencias y conocer de cerca lo que sucede en una de las plazas más relevantes del mercado latinoamericano estuvieron Redel, Tobón y Salgado y charlaron con PERFIL de sus catálogos, de la crisis, del impacto que tienen en la industria editorial en Latinoamérica los vaivenes económicos y políticos que viven los distintos países y del interés que tienen por este mercado.  

El catálogo. ENRIQUE REDEL: Creo que todo plan de edición es un plan de recomendación y la recomendación tiene que pasar por el gusto de los editores, o sea no puedes recomendar algo en lo que no crees, entonces el propio catálogo de la editorial se ha ido surtiendo de los gustos de nosotros, los que dirigimos la editorial, y eso es un gusto que evoluciona, que se adecua, no solamente al mercado, porque no intentamos casar nuestros gustos con el mercado, pero las cosas que van apareciendo te van creando nuevas expectativas, nuevos gustos, y al final vas acompañando un poco el gusto del lector, con lo cual me he dado cuenta de que hemos ido evolucionando hacia la actualidad: empezamos con autores muy clásicos, con una idea mucho más restringida de la que tenemos ahora. Ahora en Impedimenta hay muchos más frentes abiertos, con lo cual la manera que tenemos de elegir los títulos para la editorial se basan en nuestro gusto personal.

SANTIAGO TOBON: La idea de Sexto Piso desde el comienzo fue crear un solo catálogo, pensando en títulos que incluso conscientemente se alejaran de lo coyuntural, y con esa perspectiva pensamos que podemos encontrar lectores en todo el ámbito de la lengua española. Esa es un poco la filosofía del inicio de la editorial, por eso el salto a España y la distribución en América Latina, pensando un poco en que íbamos a dar con títulos que creíamos iban a tener un interés general en el ámbito de la lengua. La diferenciación entre las casas de España y México se ha dado en la medida en que la editorial fue tomando cuerpo y formando un catálogo: se han desarrollado algunos proyectos locales, especialmente en México, y algunas cosas no hemos podido publicar en España por el tema de derechos, y ése es el tema por el que no tenemos libros para todo el español, pero la filosofía está en que sí queremos eso. Ahora lo que pasa es que cambian los gustos de los lectores en algunos países, y eso sí es un punto importante, porque por ejemplo en Argentina se lee mucho más ensayo que en España, o el ensayo en México también se vende más que en España, que depende mucho de la ficción, sobre todo. Ultimamente con el tema de la autoficción y algunas cosas de no ficción que han tenido como un auge quizás haya cambiado un poco. En cuanto al catálogo intentamos buscar libros más curiosos.

SILVIA SALGADO: La literatura nórdica que publicamos nosotros se sale un poco de lo que uno entiende, esto es la novela negra; no tenemos nada de novela negra, y con el tiempo se ha ido asentando. En un principio era bastante complicado vender los nórdicos, ahora cada vez están más integrados y se venden mejor, y ha ayudado mucho en esto la novela negra, aunque en otro aspecto, a perder el miedo a esos nombres que son muy complicados. Y aunque al principio no teníamos competencia, hoy se están publicando cada vez más nórdicos: Sexto Piso publica bastantes autores, Siruela también, pero sí, tenemos más de cancha.

La crisis. E.R.: Hay dos fenómenos que se han dado desde mi punto de vista: primero ha habido una crisis global que ha afectado a la economía de consumo y a la vez ha habido un cambio en los hábitos de ese consumo, que tiene que ver con la revolución de la tecnología. Entonces qué ha ocurrido; que mucha gente que hasta ahora leía libros para entretenerse meramente decanta por otras opciones: series, Netflix, las redes sociales, la mensajería, los videojuegos. Eso ha hecho pensar, haciendo un análisis por encima, que la crisis económica ha afectado a la lectura, y también el consumo en los restaurantes, al turismo, a la industria de la ropa, pero en concreto, la revolución o el cambio de paradigma que ha ocurrido en el libro tiene que ver más bien con ese cambio de los hábitos de consumo. Ese lector se fue a otras áreas del entretenimiento, pero no ocurrió lo mismo con el lector militante, que sigue siéndolo, hasta tal punto que el cambio de escenario que se ha producido en los últimos quince años en la lectura de la literatura en español, en ambos lados del Atlántico, ha hecho posible la eclosión de editoriales independientes no solo en España, sino también en toda América Latina. Nosotros apelamos al lector literario, que yo llamo militante y que al fin y al cabo es el lector real. Desde mi punto de vista se edita mejor de lo que se editaba hace veinticinco años. Los grandes grupos editoriales se han dedicado a adecuarse a este lector militante que hace que tú vendas libros y han desinflado de cierto modo sus divisiones de libros de gran consumo, con lo cual ahora ya no vas a leer un libro una tarde de sábado. Antes los best-sellers vendían un millón de ejemplares y ahora venden ciento cincuenta mil.

S.T.: Yo no tengo un diagnóstico tan claro del asunto, pero veo también dos cosas: por un lado el fenómeno que comentaba Enrique y es el que hablan todos los editores de vieja guardia, “antes tirábamos quinientos mil ejemplares”. En México, en Argentina, en Colombia, cuando un libro funcionaba, incluso ensayos académicos, vendían enormes cantidades, bueno, eso ya no existe. La contracara de eso es que la atomización que hay es justamente lo que ha permitido el auge de nuevas editoriales, como las nuestras, que no necesitan veinte o treinta mil lectores; tenemos algunos títulos que han llegado a eso, pero hay una serie de minorías atomizadas que es lo que permiten la subsistencia de las editoriales independientes y de muchos proyectos que son muy valiosos. En ese sentido, y puede sonar contradictorio, hay más lectores ahora, pero lo que pasa es que todo está más atomizado, los gustos están más especializados y las editoriales también, y para mí eso es bueno, porque si no lo pienso así, no existiría Sexto Piso. Ahora cuando nos encontramos con un superventas, claro que ése es el tipo de problemas que nos gustaría tener, ojalá tuviéramos más situaciones de ésas. Lo que sí hablamos internamente es que lo que no puede pasar es que nos acostumbremos a eso, quiero decir que alguna vez hemos pasado por ese problema y, cuando tienes un  libro que vende mucho, quieres contratar otro de ésos, otro que me funcione igual, y creo que eso es un error, porque es muy difícil que eso pase, lo que me hace pensar en la lógica de las grandes editoriales de encontrar la misma novela de dragones que venda lo mismo que la anterior, de ahí que se equivoquen mucho, y eso se ve en que efectivamente tienen títulos que venden mucho, pero también tienen muchos títulos que venden igual o menos que los nuestros. Entonces hay que cuidarse de esa lógica y hay que seguir con el espíritu de siempre.

S.S.: Yo creo que las pequeñas y medianas editoriales editamos mejor que las grandes y además en nuestro caso y en el de Impedimenta y Sexto Piso, no solo pensamos en el texto, sino en el libro como objeto: el papel, la maquetación, la encuadernación, que sea un placer tenerlo en la mano, pasar las páginas, ver las ilustraciones en el caso de los libros ilustrados. Yo creo que el ser un sello pequeño te permite mantener ese cuidado en cada libro, lo cuidamos casi como un hijo y nunca lo dejamos morir; siempre estamos buscando formas de que siga activo, que si lo editamos hace un tiempo en tapa dura, volverlo a imprimir en otro tipo de formato, con otra tapa. Y eso en las grandes editoriales no lo pueden hacer, por el volumen que tienen evidentemente no es posible. Ahora la vida del libro por lo general es corta, pero a nosotros nos permite poder cuidarlo, precisamente porque el número de títulos que publicamos no es alto comparado con esas editoriales.

El mercado argentino. E.R.: No había venido nunca a Argentina para conocer in situ cuál es la riqueza del ecosistema editorial, y Argentina es la otra gran industria editorial iberoamericana; es donde existe una mayor efervescencia de creación de nuevos sellos y donde existe menos dependencia de las novedades de las editoriales españolas, con lo cual, yo no conozco bien las cifras reales del mercado, me da la sensación de que es algo más coyuntural que cultural, o sea que esto se recuperará, que es una cuestión que tiene que ver con la inflación, que sí me he estado informando, porque es una inflación galopante y los salarios no están al nivel del encarecimiento de la vida. Yo le he venido diciendo a editores argentinos con los que me he reunido, que están a un altísimo nivel en cuanto a producción, en cuanto a catálogo, en cuanto a imagen, y que serían perfectamente jugadores a un altísimo nivel del ámbito español, y que les animo a que se vengan; porque bajo nuestra experiencia, el hecho de que exista esta brillantez de parte de los competidores redunda en el beneficio del mercado en general, es decir nosotros en el propio Grupo Contexto y viendo también otras editoriales de nuestro entorno, no es que compitamos, sino viendo el nivel alto que hay tenemos que estar siempre a esa altura, y eso redunda en el beneficio del propio sector, con lo cual nuestro interés aquí en Argentina más que ampliar nuestra cuota de mercado, que siempre es bueno, es extender y mantener un diálogo con las editoriales de acá. Además es un mercado al que yo respeto enormemente: he crecido leyendo a Losada, por ejemplo.

S.T.: Sobre todo en Latinoamérica, la industria editorial no es ajena al fenómeno socioeconómico y político por los que pasan los países, así que hay momentos muy buenos y momentos más complicados. En el caso nuestro todos los años vamos teniendo un crecimiento sostenido, quizá porque tampoco tenemos veinte o treinta años en el mercado, así que todavía es posible crecer, ir ganando espacio. Pero nuestra realidad es que las ventas en Argentina subieron el año pasado en relación al anterior, eso supongo que no quiere decir, por lo que dice la gente aquí, que el mercado esté creciendo. Lo que hay que intentar es ver cómo con mucha creatividad pasamos este mal momento hasta que se estabilice todo. En cualquier caso veo a las editoriales argentinas intentando internacionalizarse, llegar a España. Pienso en Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo, Godot, que han montado un sistema de distribución en España, que supongo que en momentos en que el mercado local se retrae es otra manera de sostener las ventas.

S.S.: Yo en la editorial me encargo de las ventas de Latinoamérica y quería conocer cómo funcionaba de cerca el mercado, conocer además a la gente con la que hablo, que es por mail básicamente, y tener un contacto más directo. Todos los países en Latinoamérica son importantes, pero Argentina es un mercado más relevante en la edición, y en nuestro caso también vamos ascendiendo en nuestra participación en el mercado; nos gustaría que fuera un poco más rápido, pero cuando estás aquí te das cuenta de cómo es la situación. No solo queremos aumentar las ventas en Argentina, queremos que cada vez haya más títulos que se conozcan. Una de las cosas que nos hemos dado cuenta en el ecosistema que estamos formando es que hay muchas editoriales de aquí que quieren llegar a España y conseguir otros ingresos.

¿Independientes? S.S.: El Ecosistema Iberoamericano del Libro Independiente surgió en 2016 cuando Madrid es la invitada a la feria del Zócalo en México, allí acuden varios editores de Madrid y hay contacto con editores mexicanos, y entonces empiezan a ver que tienen prácticamente el mismo problema a la hora de llegar a un nuevo país, pero que la solución es muy diferente en función del país, del gobierno que haya en ese país, bueno, eso quedó un poco en el aire. El año pasado Madrid volvió a acudir con menos editoriales, en este caso nos quedamos cinco sellos y de lo que se trata es que estén integrados la mayoría de los países. Nosotros somos solo los impulsores y es lo que estamos trabajando aquí, en Argentina; nos estamos reuniendo con editores de Chile, de Colombia, de Uruguay, de Argentina, para concretar un poco cómo nos integramos todos y cómo seguir. Ahora mismo es un intercambio de opiniones entre editores de muchos países, pero la idea es que sea una plataforma con entidad jurídica, que vaya adelante, que consigamos financiación, porque creemos que ir a las ferias es una buena manera de tomar contacto con impresores, libreros, distribuidores, para ver cómo funciona el mercado ahí.

E.R.: En nuestro caso somos editoriales con crecimiento de hace años, y nosotros somos un rara avis. Si tú preguntas en tu entorno y a la gente le va razonablemente bien, y yo hablo con las editoriales independientes argentinas y me dicen que no va mal, al contrario, “vamos creciendo”. El negocio del libro está en eterna crisis siempre y la muerte del libro está presente desde que se lo inventó, y aun así seguimos sobreviviendo: en España somos la primera industria cultural, más que el cine, más que la música, más que los videojuegos. De todos modos se está dando una paradoja extrañísima y es que en España las cifras siempre son lamentables, y son lamentables en el sentido de que son lamentos, pero luego eso tú lo constatas con los libreros y te dicen que no está siendo un mal año, “he tenido una buena Navidad”. Es verdad que están cerrando librerías, pero también se están abriendo otras tremendamente interesantes, y el mercado se está sosteniendo y va creciendo últimamente, por lo que yo esas cifras que hablan de descenso del índice de lectura no sé directamente de dónde lo sacan.n

 

“Al sector editorial no le gustan los cambios”

Antonio Martín es fundador de Cálamo & Cran, un instituto que se dedica a formar profesionales en el mundo de la edición desde 1997. Este año será el primer invitado de la Escuela de Editores, recientemente creada por la editora Trini Vergara.

—¿Cómo evalúa el mundo de la edición?

—La tarea de corre-cción y edición está bastante tecnificada, es muy valorada, pero aún se puede ver la mala calidad de algunas publicaciones. Sin embargo, hay muchas pequeñas editoriales que están teniendo cuidado en la edición.

—¿Hay editores como Jorge Herralde, fundador de Anagrama, en la edición de hoy?

—Siguen existiendo los grandes editores: Jorge Herralde es un ejemplo. Los grandes editores son los que traen las grandes ideas y el conocimiento, pero luego están los editores que saben llevar una editorial, que la hacen rentable. Hoy no se puede pensar como hace veinte años, hay otros factores. En literatura solemos atendernos en lo bueno y lo malo, y nos desatendemos de los procesos y de la rentabilidad.

—¿Es cierto que hay un cambio de paradigma en los hábitos de consumo?

—Hay un cambio de paradigma, se quiera o no: el libro de papel impreso no va a desaparecer, pero eso no quiere decir que va a dar una batalla contra el libro digital. La edición líquida es un concepto que hay que manejar: un editor tiene que ser consciente de que se puede vender en papel, pero también se puede vender como audiolibros, como contenidos. En los 70 se dijo de Herralde que iba a ser capaz de vender lo que no existe, y creo que estamos cerca de eso. Adaptarnos a los distintos formatos, y no solo el editor, sino todos los profesionales de la cadena del libro tienen que estar capacitados para esa adaptación. Es una reconversión y hace falta una preparación especial. Las grandes editoriales llevan años adaptándose, pero al sector en general no le gustan nada los cambios, se resiste. Hace falta un programa de gestión de contenidos que pueden ser realmente costosos, pero a la larga se va a ahorrar dinero y tiempo.

—¿En qué consiste su escuela?

—Compartimos una idea: la edición la tienen que enseñar los editores, e intentamos que los profesionales que asisten a nuestros cursos practiquen, porque es la única manera de aprender. Por eso nuestro modelo de enseñanza no es tradicional, lo que estamos tratando de hacer es adaptarnos a las técnicas de trabajo nuevas que vienen a reemplazar los procesos tradicionales.


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