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CULTURA / MUESTRA
sábado 11 agosto, 2018

Entre la tradición y la disidencia

Trulalá es un dueto de colaboración artística compuesto por Claudia del Río y Carlos Herrera, que ha explorado diversas manufacturas, diseños y técnicas de producción tradicional argentina; en esta ocasión presentan alfarería de barro no industrial en la Galería Nora Fisch, bajo el título “El beso del barro”.

Laura Isola

Texturas. Vasijas, tejas musleras, diversas figuras en barro y piezas de bronce son los objetos que se exhiben en la galería. Foto: Nora Fisch

Si el bello encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas fue, para los surrealistas que supieron descubrirlo, el dictado de Lautréamont y la síntesis de la vanguardia, ¿cuál sería la imagen que condense cierto estado de incertidumbre entre lo tradicional y lo actual en el arte que se realiza en el presente, ese que entendemos al modo de “contemporáneo”?

Podríamos postular un nuevo y bello encuentro. Ahí vamos: sobre la mesa de un living, artesanías de pueblos originarios y un catálogo de arte digital. O lo que es mejor: en una galería de arte, vasijas y cuencos de barro, piezas de bronce, tejas artesanales.

El beso del barro, del dueto Trulalá, es proclive a estas consideraciones. Claudia del Río y Carlos Herrera lo forman desde 2006, al tiempo que mantienen sus carreras solistas. La amalgama en la producción es específica: “Es nuestro principal interés pensar este dúo en el encuentro, vínculo y creación en relación directa con industrias y pymes que producen una mano de obra artesanal e industrializada. Trabajamos desde la experiencia de los productos ya existentes en esas pymes o empresas, modificándolos, interviniéndolos o creando en algunos casos desde la materialidad pura”.

Por eso mismo, en este caso, como en anteriores había sido la cristalería San Carlos, investigaron la alfarería tradicional y la fundición en bronce. No solo interesa el resultado, mágico y contundente, de las piezas que realizaron, sino el despliegue de datos y referencias que sacuden y desparraman estos acercamientos.

Tejas musleras, vasijas, figuras en barro y piezas de bronce son los objetos que se dejan ver en la galería de Villa Crespo. Antes de todo esto está la intervención de los artistas en esos modos de producción. Las tejas hechas a la medida del ancho del muslo, el barro mezclado con bosta, los esclavos de piernas largas que las usaban para darles las medidas de las tejas de los techos de las casas de otros. Las marcas que quedaron como mensajes cifrados en esos moldes. El torno de un alfarero de Santa Fe que se prendió a fines del siglo XIX y, parecería, no se apagó nunca. Las manos que modelan y no pueden dejar de hacerlo. Poseídas por el barro, van solas. El bronce que convoca al fuego. Aprender a hacer la cama de arena para que descansen los nuevos vaciados. Esos que invocan a los que se hicieron como placas, ornamentos, decoración funeraria.

Recibir las enseñanzas de los artesanos y contar historias que se quedaron pegadas en los trabajos actuales. Las del taller de cerámica artesanal La Guardia, del taller de alfarería Winkler, de la fundición artística S.H. Imantados en la superficie del barro y del bronce, las capas de sentido son muchas. Las que llevan a preguntarse sobre todos los temas que configuran el arte: el nombre del artista, las tradiciones que se cruzan en el arte contemporáneo, el tiempo presente en la creación.

Estas figuras mentales, si bien no están tan logradas como la del conde uruguayo, al menos ponen en crisis, incluso llegarían a postular el fracaso, de las disciplinas puras. La historia del arte, la antropología y la literatura, por mencionar algunas, solas y por su cuenta, no alcanzan para abordar este grado de hibridación.

Ese que hace que no haya separación tan tajante entre lo culto, por un lado, y lo masivo y popular, por el otro. García Canclini, en Culturas híbridas, el libro que fue cuaderno de bitácora para entrar y salir de la modernidad, recomendaba “ciencias sociales nómades”, capaces de taladrar techos y pisos y vincular horizontalmente esos niveles, a primera vista separados.

En ese sentido, esos estudios transversales y anfibios son los que se necesitan para entender, por ejemplo, otras vinculaciones. Las que llevan a artistas contemporáneos a relacionarse creativamente con métodos artesanales que luego serán exhibidos en galerías de arte contemporáneo. La mesa (de disección), entonces, está servida.

 

El beso del barro

Trulalá Dueto (Claudia del Río y Carlos Herrera)

Galería Nora Fisch, Av. Córdoba 5222

Hasta el 17 de agosto


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