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CULTURA / Maestra de la ciencia ficción
jueves 25 enero, 2018

Ursula K Le Guin, la hechicera

La fallecida escritora estadounidense veneró la obra de Jorge Luis Borges, Diana Bellesi y Angélica Gorodischer.

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Mariano Buscaglia


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La autora Ursula Le Guin aparece en una foto de 1972. Le Guin, galardonado escritor de ciencia ficción y fantasía que exploró temas feministas y fue mejor conocido por sus libros de Earthsea, falleció pacíficamente el lunes 22 de enero de 2018 en Portland, Oregón, según una breve declaración familiar publicada en su cuenta verificada deTwitter Foto: Agencia Ap

Ursula K Le Guin fue y será el gran puente de una literatura que no conoce géneros y que trasciende esas incompetencias, orgánicas evolutivas y sociales, con lo mejor que nos ha dado la vida: la inteligencia.

Leigh Brackett, C L. Moore y Andre Norton fueron algunas de las más renombradas damas en el campo de la fantasía y ciencia ficción estadounidense antes del advenimiento de Le Guin. Norton compartía con Le Guin esos mundos donde las minorías étnicas tenían un protagonismo preponderante, pero a diferencia de la autora de novelas como The sioux spaceman (1960) o The Beast Master (1959), Le Guin naturalizó lo que por aquellos años era considerado una transgresión política y social. El mestizaje y la unificación de géneros en la literatura de la autora de Portland son fenómenos que terminan por ser ordinarios, pero no por eso menos grandiosos y revolucionarios en su concepción. La semilla subversiva está ahí. No en vano las primeras ilustraciones que retrataban las portadas de la novela Un mago de Terramar (A Wizard of Earthsea, 1968) eludían el color oscuro del protagonista, el joven mago Gavilán. También lo hicieron las pésimas adaptaciones fílmicas que tuvo esta obra. La saga de Terramar forma parte de las mejores obras de fantasía jamás escritas. En ella Le Guin decidió romper con esa dinámica épica y grandilocuente de los discípulos de Tolkien y se decantó por una historia minimalista, donde la decadencia humana a veces es la mejor forma de alcanzar la trascendencia.

Le Guin fue hija del antropólogo Alfred Kroeber y de la escritora Theodora Kracaw Brown quienes tuvieron un fuerte vínculo con la tribu Ishis, considerada por muchos como la última tribu libre de Norteamérica. Este ambiente intelectual modeló, consciente o inconscientemente, muchos de los pilares conceptuales que luego conformarían la obra de Le Guin. Novelas y cuentos con fuerte contenido social, antropológico, político y filosófico.

La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, 1969), acreedora de los premios Nebula y Hugo, retrata un mundo poblado por hermafroditas cuyo sexo cambia con los ciclos lunares. En este planeta, la barrera entre los sexos deja de tener sentido y, a la vez, ese sentido se resignifica cuando el protagonista, humano y de género masculino, fracasa en su intento por describirle a esta especie la naturaleza inmanente de una mujer.

Durante su viaje a Francia en 1953, Ursula Kroeber conoció a su futuro marido Charles Le Guin, antropólogo, con el que tuvo tres hijos. Su viaje a Europa fue consecuencia del otorgamiento de una beca tras recibirse en la universidad de Columbia, especializándose en lenguas romances y literaturas renacentistas. Ya casada se mudaría con su esposo a Portland, Oregón, donde pasaría el resto de su vida.

La novela Los desposeídos: una utopía ambigua (The Dispossessed: an ambiguous utopia, 1974) ejerce una fuerte crítica al sistema capitalista, pero también es una especie de escenario experimental, donde uno percibe las falacias de dos sistemas opuestos. Un mundo regido por un sistema totalitarista y derrochador y otro utópico y centralizado que es explotado por el primero. En esta novela, como en muchos otros libros de Le Guin, las palabras y sus significados tienen una relevancia absoluta. Le Guin la definía como una utopía anarquista en la línea de la tradición anarquista y pacifista de Piotr Kropotkin. La saga de Terramar rescató de James G. Frazer el concepto mágico y poderoso de los nombres. La hechicería, en Terramar, depende del uso correcto de la semántica. Al recibir el National Book Awards, la escritora sostuvo que: “La resistencia y el cambio frecuentemente son un arte, y muy frecuente nuestro arte, el arte de las palabras”.

El nombre del mundo es bosque (The Word for World Is Forest, 1976) retrata la explotación indiscriminada del hombre hacia sus recursos y hacia sí mismo. La novela constituiría la base argumental de ese desequilibrio multicolor que fue la película Avatar del director James Cameron. Plagio del que Le Guin era consciente y que tildaba de mezquino. Mismo desprecio le inspiraba la saga de Harry Potter que consideraba vacía y libremente inspirada en su saga de Terramar.

Le Guin conoció y veneró la obra de muchos autores argentinos, entre ellos a Jorge Luis Borges. En 1970, cuando pocos críticos valoraban el corpus literario de un escritor californiano llamado Philip K. Dick, Le Guin sostuvo que las complejidades laberínticas de Dick tenían tanta relevancia como las de Borges. Este romance con las letras argentinas la llevó a conocer y a traducir a Angélica Gorodischer y su saga Kalpa Imperial y a la poeta santafesina Diana Bellesi.

Sus obras beben de la filosofía taoísta de la que era una profunda conocedora, al punto tal que realizó en 1997 una aclamada traducción del libro Tao Te Ching de Lao Tzu, de esta corriente de pensamiento lo que más le atraía era su naturaleza profundamente subversiva y permanentemente anti-establishment.

Ursula K. Le Guin sostenía que mucha gente al envejecer no se hace más sabia, simplemente se hacen más viejos. El 22 de enero del 2018 falleció en Oregón, EE.UU., la autora de algunos de los mejores libros de fantasía y ciencia ficción del siglo XX, multipremiada y aclamada por sus pares. Tenía 88 años y casi todos ellos estuvieron plagados de sabiduría.


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