CULTURA
Panorama de la joven literatura cubana

Renovacion cubana

Célebre por contar con una de las tradiciones más potentes de la lengua, la literatura cubana contemporánea –esa gran desconocida– vive un fulgor puertas adentro. En PERFIL, un vistazo a las entrañas de la isla.

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E n los últimos años se ha usado el término Generación Cero a la hora de hablar de la narrativa cubana más reciente, en particular la que se escribe dentro de la isla. Dicho rótulo, creado por el escritor, bloguero, fotógrafo y agitador cultural Orlando Luis Pardo, no apunta a las afinidades literarias dentro de un grupo de autores más o menos jóvenes, sino a una fecha concreta: el año 2000. Y es que, aunque la mayoría de los aludidos (incluyendo los imparciales autores de este artículo: menos jueces que parte) rechazamos el supuesto vínculo generacional en temas de escritura, una cosa es cierta: todos empezamos a publicar y a incidir en la escena literaria local a partir del cambio de siglo, en la primera década del XXI.
¿Y qué se empieza a publicar? A grandes rasgos, podríamos decir que historias donde el realismo ya no tiene el mismo peso ni el mismo valor de uso que en años anteriores. En los 90, sobre todo durante la gran crisis económica (e ideológica) que asoló el país, escribir ficción era un poco como narrar desde los recovecos de una realidad ignorada por la prensa, hurgar bajo los pedazos de una utopía social que se caía a pedazos. Lejos ya de esa urgencia testimonial, la llamada Generación Cero (crecida entre esos destrozos) frecuenta un realismo menos militante, a menudo cortado con elementos surrealistas, del absurdo y de la ciencia-ficción; un realismo, también, mucho más íntimo, más (des)localizado en el Yo, donde los personajes no necesariamente pretenden encarnar dramas y desvelos colectivos.
Los autores que conforman este mapa ya se han hecho con los premios literarios más importantes de Cuba y tiene varios libros publicados, pero en buena medida son prácticamente desconocidos en el ámbito internacional. Pocos de ellos han logrado acceder a otras editoriales que no sean las cubanas; casi todos viven dentro de la isla y padecen la desconexión y la precariedad que esto supone. Sin embargo no se han cruzado de brazos: ha sido la primera generación literaria cubana que ha hecho uso del espacio virtual no sólo como plataforma de autopromoción hacia dentro o hacia afuera de las fronteras nacionales, sino también como suerte de guerrilla política-literaria pensada para insertarse en un contexto adverso, lo mismo con sus ficciones que con sus textos de opinión.
Generación dispersa, sin proclamas ni proyectos colectivos, su principal punto de encuentro son las páginas de la revista La noria, dirigida desde el oriente del país por los poetas y editores Oscar Cruz (Santiago de Cuba, 1979) y José Ramón Sánchez (Guantánamo, 1972). Suelen reunirlos también diversos coloquios dedicados a la literatura joven, así como presentaciones de libros y tertulias, eventos siempre amparados por asociaciones e instituciones culturales del Estado. Sin embargo, la Cuba en la que viven está cambiando rápidamente y, a diferencia de generaciones o grupos anteriores, cuyas experiencias fueron marcadas por el exilio y la censura, más temprano o más tarde estos escritores podrán fundar sus propios espacios literarios, sus librerías y editoriales independientes, sus columnas en la prensa.
Repasemos algunos nombres. Como decimos a veces: no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

1- Orlando Luis Pardo
(La Habana, 1971)

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El hombre que vivía en la casa del hastío. Uno de los escritores cubanos que en estos momentos habitan más el entorno digital que el papel es precisamente el creador de la etiqueta generacional, Orlando Luis Pardo (La Habana, 1971), quien postea sus personalísimas crónicas en el blog Lunes de Post-Revolución. Junto a los autores de este artículo, concibió y puso a circular la revista electrónica The revolution evening post, catalogada por sus fundadores como “e-zine de escritura irregular”. Entre sus libros sobresalen Collage Karaoke (Letras Cubanas, 2001), Mi nombre es William Saroyan (Abril, 2006) y Boring Home (Garamond, República Checa, 2009).
Sus relatos se distinguen por el paroxismo de la escritura, el sonido y el juego de la palabra, el deleite a la hora de pensar esa reacción en cadena que es el texto literario. En ellos Orlando Luis Pardo disecciona sus obsesiones con Cuba: el ser nacional atrapado entre la tristeza, la soledad, la enfermedad, la locura; de la emigración al exilio interior a la muerte; jóvenes que creen que La Habana, la ciudad que habitan, le hace honor a la primera letra de su nombre, la hache: letra muda, una ausencia, un silencio, una constante carencia, la imposibilidad incluso de nombrar al amor... Subversión en todos los sentidos, la irradiación de la lengua viperina de Guillermo Cabrera Infante y los latidos vitales de Reinaldo Arenas.

2- Osdany Morales
(Mayabeque, 1981)

La minuciosidad de la escritura. Tiene una maestría en Escritura Creativa por la New York University y actualmente vive entre La Habana y Brooklyn. En un artículo publicado en 2011 por la revista española Quimera, expresó que los miembros de la llamada Generación Cero “… son reclusos que han logrado cavar túneles, a su manera, con lo que poco a poco han podido sustraer, pero que al escapar de sus obsesiones han asomado la cabeza en una zona donde se ensayan gases tóxicos, y sus cuerpos acaban tumbados en un paisaje que lo mismo recuerda al mito del jardín de los dormidos que a un campo de batalla”.
Luego de su debut con el volumen de relatos Minuciosas puertas estrechas (Unión, 2007), Osdany Morales entró a la escena literaria cubana por la puerta grande con Papyrus (Letras Cubanas, 2012; y Sudaquia, Estados Unidos, 2012): una ambiciosa cuentinovela en la que trabaja simultáneamente con varias capas de la ficción. Crónica de viajes, cuaderno de apuntes, diario, experimentación, un lúcido relato sobre la lectura como nomadismo y búsqueda constante, Papyrus es sin duda uno de los mejores libros publicados en Cuba en los últimos años.

3- Dazra Novak
(La Habana, 1978)

Entre lo reservado y lo público. La bibliografía no es exacta con el lugar de nacimiento de Novak. En algunos libros la sitúan en Cuba, otros en la ex República Democrática Alemana, incluso en su primer libro es llamada de dos maneras, con este seudónimo y con su nombre real, que luego la autora eligió borrar del resto de sus títulos. Pensemos entonces en un gesto de fuga, descolocación, camuflaje, casi un nombre de guerra más que de pluma para una mujer cuya política en la escritura es la política del cuerpo. En sus libros el cuerpo no sólo es visto desde el Eros, sino en las combinaciones cuerpo-parque temático, cuerpo-isla, cuerpo-campo de exterminio, el cuerpo devenido también tribuna y cementerio.
Ha publicado los libros de cuentos Cuerpo reservado (Unión, 2007) y Cuerpo público (Letras Cubanas, 2007) y la novela Making of (Unión, 2012). Es la autora del blog Habana por dentro, bitácora de sus viajes dentro de los límites de La Habana; Dazra busca no sólo revelar las interioridades de los espacios públicos, sino también los personajes que lo habitan; con fotos realizadas por ella misma completa ese gesto de observación, análisis y escritura.

4- Raúl Flores
(La Habana, 1977)

El lector que vendió el mundo. Acaso el más desenfadado de los integrantes de esta generación, Flores ha dicho que arma sus libros como si fuera un DJ, oficio que de hecho desempeñó en un club habanero. Lector melómano, apasionado de la ciencia-ficción y el terror tanto como de las bandas de rock de los 60 y 70, Flores suele dotar sus historias de levedad, colorido y mucho brillo pop. Por momentos su escritura puede parecer una juguetona traducción del inglés.
Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos El lado oscuro de la luna (Extramuros, 2000), El hombre que vendió el mundo (Letras Cubanas, 2001), Días de lluvia (Unicornio, 2004), La carne luminosa de los gigantes (Abril, 2008) y las novelas Balada de Jeannette (Loynaz, 2007) y Paperback writer (Matanzas, 2010). Fue el coordinador de la revista digital 33 y 1/3, cuyo propósito era divulgar la obra de autores contemporáneos desconocidos en Cuba, como David Foster Wallace, Rodrigo Fresán, Roberto Bolaño, Haruki Murakami y un largo etc.

5- Legna Rodríguez
(Camagüey, 1984)

El parque de diversiones. Legna Rodríguez es poeta y narradora, además de autora de literatura infantil. Es precisamente la tensión nunca resuelta entre poesía y narrativa lo que aporta a sus textos un estado de ligereza o levedad, que puede asociarse incluso a cierta idea de “mala escritura” o de escritura performática. Narra no la vida cotidiana, sino un magma vital en formación que promete no llegar a ningún lado. Sin embargo, en ella el delirio y la despreocupación del divertimento conectan de una manera muy personal con el contexto social e incluso político.
Entre otros, ha publicado los libros de cuentos Ne me quitte pas (Abril, 2011), ¿Qué te sucede, belleza? (Sed de Belleza, 2012), los poemarios Tregua fecunda (Unión, 2011) y Chupar la piedra (Abril, 2012), y la novela Mayonesa bien brillante (Matanzas, 2012).

6- Agnieska Hernández (Pinar del Río, 1977)

Voces desde la prisión. El nombre de Agnieska Hernández (Pinar del Río, 1977) es bien conocido en el ámbito del teatro cubano contemporáneo, en particular el realizado por jóvenes. Pero en paralelo a su labor como dramaturga y crítica teatral, Agnieska ha venido desarrollando una sólida carrera como escritora de ficción, destacándose como una de las voces femeninas más interesantes dentro del actual panorama narrativo de la isla.
Sus dos últimos títulos, la novela San Lunes. Panóptico en dos estaciones (Cajachina, 2009) y el volumen de relatos Sol negro (Unión, 2011), abordaron un tema que era totalmente inédito en nuestra literatura: el universo carcelario de la mujer, el mundo de las prisiones cubanas para mujeres. Historias entretejidas a partir del cuerpo, los deseos, las palabras de un grupo de presas, que terminan siendo descarnadas reflexiones sobre el machismo, el poder, el control, la vigilancia y la violencia estatal.

7- Abel Fernández-Larrea (La Habana, 1978)

El realismo irradiado. Abel Fernández-Larrea (La Habana, 1978) no es exactamente un narrador realista; tampoco Cuba es el contexto de sus ficciones. Aunque sus personajes sean niños, adolescentes y adultos que bien podrías encontrar en un barrio o ciudad cualquiera, aunque se interese por modelar la vida de personas enfrascadas en concretar un sueño o la franca derrota, Lo real en sus textos sufre una suerte de irradiación.
Es el autor de los libros Absolut Rötgen (Cajachina, 2009) y Héroes de la clase obrera (Unión, 2013). Ya sea el desastre nuclear de Chernobyl y su efecto en la vida de los trabajadores de la Central, en el primer título, o el retablo de perdedores que no se reconocen como tales y que son los “héroes” de su segundo libro, cuyo escenario es una ciudad norteamericana, el absurdo, la hilaridad, incluso aquello que bien podríamos catalogar como fantástico contaminan sus piezas narrativas.

8- Anisley Negrín
(Santa Clara, 1981)

De ángeles y demonios. Leer a esta narradora y poeta es acercarse al estado casi puro de los elementos. Anisley Negrín ha ido horadando en la piel de sus personajes para llegar a su centro. Aunque el espacio social y político incida en el devenir de los personajes de sus textos, su espacio de acción en tanto escritora es el individuo. Niños, jóvenes y adultos son diseccionados para acceder al ser todavía intocado, transformado; el amor, la candidez, la violencia en su estado larval en caso de que esa condición primigenia sea posible sin la acción de agentes externos. ¿Angeles o demonios?, en esa lección de anatomía se descubren las máscaras y corazas o las maneras en que sus personajes camuflan sentimientos y estados de ánimo.
Entre otros, ha publicado los libros de cuentos Sueños morados / sueños rojos (Sed de Belleza, 2008), Temporada de patos (Cauce, 2008), Diez cajas de fósforos (Unión, 2009) y Todos vamos a ser canonizados (Sed de belleza, 2012).

9- Yunier Riquenes
(Granma, 1982)

De la provincia al ciberespacio. La temática rural, la vida en el campo cubano, la aridez de los pequeños pueblos y los conflictos, las miserias y las frustraciones de sus habitantes, en particular las mujeres, los niños y los jóvenes, son la materia prima con que Yunier Riquenes escribe sus historias. En ellas mantiene con vida la problemática herencia de Guillermo Vidal (Las Tunas, 1952-2004), un autor “de provincias” prácticamente desconocido fuera de la isla que murió con cierto estatus de culto para muchos escritores jóvenes.
La llama en la boca (Bayamo, 2004), Los cuernos de la luna (Bayamo, 2006), Lo que me ha dado la noche (Oriente, 2007) y No apto para mayores (Caserón, 2012) son algunos de los títulos publicados por Riquenes, quien además es un excelente poeta y periodista cultural. Su sitio web Claustrofobias está dedicado a promover lo mejor de la literatura cubana más reciente, un proyecto que ha desbordado la plataforma virtual para insertarse en la radio, la televisión y la producción de CDs de poesía.

10- Michel Encinosa
(La Habana, 1974)

Sexo, espadas y drogas de diseño. La obra del prolífico Michel Encinosa (La Habana, 1974) puede dividirse en tres zonas bien definidas: sus historias de guerreros, magos y reinos antiguos pertenecen al género de la fantasía heroica; sus relatos ambientados en una megaurbe del futuro llamada Ofidia son ciencia ficción de clásico corte ciberpunk, y sus cuentos sobre cierta fauna habanera, rockeros, escritores, noctámbulos, muchachas soñadoras y perdidas podrían calificarse como realismo con altas dosis de erotismo, perversión y violencia.
Libros como Niños de neón (Letras Cubanas, 2001), Veredas (Extramuros, 2005), Dioses de neón (Letras Cubanas, 2007), El Cadillac rojo y la gran mentira (Loynaz, 2008), Vivir y morir sin ángeles (Unión, 2008), Casi la verdad (Matanzas, 2009) y El crimen de San Jorge (Capiro, 2011), entre otros títulos, dan fe de la poderosa imaginación de Encinosa y de su capacidad para desarrollar distintos registros narrativos con agudeza y eficacia. No sólo es una de las firmas ineludibles dentro del fandom cubano de la fantasía y la ciencia ficción, sino también uno de los narradores mejor dotados de todos los que viven actualmente en la isla