CULTURA
Sergio bizzio x 3

Tirando del hilito de la frase

Un escritor argentino no incluido en la dudosa lista de “autores prolíficos” acaba de publicar tres libros en tres sellos distintos. Al mismo tiempo. Sergio Bizzio explica en esta entrevista que el dato curioso se debe menos a un cuidadoso programa que a una casualidad –no menos cuidadosa–.

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Sergio Bizzio. Nacido en Ramallo el 3 de diciembre de 1956, su primer libro, Gran salón con piano (poesía), data de 1982. | cedoc

De pronto, el escritor, guionista y cineasta Sergio Bizzio multiplicó su presencia en la mesa de novedades con tres libros de cuentos: La escultura (Iván Rosado), La conquista, Iris y Construcción (Random House) y La pirámide (Blatt y Ríos). La noticia no es tanto la cantidad (porque lo prolífico no explica, en esencia, nada de ningún artista), sino que todavía pueda mantener un determinado nivel de calidad literaria en sus cuentos luego de tener tantos años de escritura encima y en su pasado. ¿De qué hablamos cuando hablamos de calidad literaria en referencia a Bizzio? En principio, se trata de visualizar un recorrido donde hay obras notables como Rabia, En esa época y Era el cielo, entre otras, y ver de qué forma este autor fue construyendo un corpus literario que se sostiene por un uso extraordinario y productivo de la libertad creativa y una especial atención al armado de las frases. Uno lee a Bizzio por el uso específico y personal que hace del lenguaje. Es decir: Bizzio tiene un estilo y una musiquita que, en importancia, destierran el valor de la trama o el argumento que sí son importantes en otros autores o autoras. Su ingeniería es de orden léxica y sintáctica, pero llevada a su propio territorio. De ahí la belleza de lo que escribe. Y ese es un parámetro de calidad imbatible del que hablamos.

Por ejemplo, vayamos a la primera oración de La conquista: “Cuando yo era un niño mi abuelo invadió China”. Otro ejemplo en el comienzo de La pirámide: “La pirámide en la que acabo de despertar es una tumba maciza de doscientos metros de lado por ciento cincuenta metros de alto”. Un último ejemplo de Construcción: “Sánchez había comprado una casita solitaria, de cincuenta metros cuadrados; lo único que tenía era un baño y una hornalla”. Con pocos materiales Bizzio hace mucho. Lo que podríamos relacionar con un trabajo de naturaleza poética en estos cuentos. ¿Qué piensa él de todo esto? Vale la pena escucharlo.  

—Venís con un ritmo de publicación muy intenso en este último tiempo. ¿A qué responde?

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—A que iba escribiendo y entregando. Escribí La escultura y se los di a Ana Wandzik y Maxi Masuelli, que son los editores de Iván Rosado. Fue la publicación más rápida de mi vida. Se los di un lunes y al lunes siguiente ya estaba impreso, con esa tapa preciosa. Después escribí La conquista, Iris y Construcción y se lo di a Literatura Random House. Me pareció bien que los cuentos fueran tres, los tres se complementan, los tres hablan del tiempo, y el libro empieza en el pasado. Con los cuentos de La pirámide pasa lo mismo, solamente que ahora el pasado está al final. Terminé este último y se los di a los editores de Blatt & Ríos.

—¿De qué manera diferenciás el cuento de la novela en el proceso de escritura?

—¿Cómo sé cuándo va a ser un cuento y cuándo una novela? No, eso sí que no lo sé. No me siento a escribir un cuento o una novela, por lo menos no al principio. Un cuento o una novela es lo que resulta del proceso. Algunos ya lo saben con la primera línea e incluso antes de escribir una sola palabra.

—¿Cómo se complementan o se tensionan los tres libros para vos? Porque siento que hay similitudes pero también diferencias entre ellos.

—Es una pregunta difícil, más que nada porque no tiene sentido. Supongo que las similitudes tienen que ver con el estilo, y las diferencias, con las temáticas.

—Los tres libros muestran una prosa muy personal. A pesar de esto, ¿considerás que tu obra dialoga con algún autor contemporáneo o clásico?

—A mí me parece que un diálogo entre libros es algo que solamente escucha la crítica especializada, o dedicada a eso, y está bien. Pero yo soy completamente sordo a esa clase de cuestiones.  

—En estos momentos de tu vida, ¿de dónde vienen las ideas para tus textos?

—Ah, si lo supiera estaría siempre ahí. Lo que puedo decir es que La conquista se me ocurrió leyendo un libro sobre el arte en China, y La pirámide a partir de algo que leí en internet sobre la tumba de un faraón. Pero la verdad es que en esos dos cuentos, tanto como en los demás, la respuesta exacta sería: tirando del hilito de una primera frase.

—Uno lee estos cuentos y siente que son atemporales, como si pudiesen haber sido escritos en cualquier momento histórico. ¿Te interesa lo atemporal, desprenderte de cualquier tipo de coyuntura al escribir?

—Desprenderme… Sí, puede ser, suena a estar agarrados... Podría salir volando como un globo. Pero la gracia está en ir de lo conocido a lo desconocido y volver. Esa vuelta puede ser tan interesante como la ida.

—¿Cómo sería eso?

—En La conquista, el personaje principal va del presente al futuro pasando a través de un dibujo hiperrealista en una tela. Es como una máquina del tiempo, pero que sirve nada más que para un solo viaje, el viaje de ida. Lo que me gusta de la idea es que cuando quiere volver tiene que hacerlo caminando. Y lo hace, vuelve a pie. En La pirámide un faraón resucita, listo para un viaje al más allá, y descubre que no hay modo de abandonar la tumba. Eso es mucho más interesante que la muerte.

—Cambiando de tema, ¿cómo te afecta a vos la crisis de la industria editorial?

—Igual que a todos. Yo compro cada vez menos, ellos venden cada vez menos. Lo tremendo de la crisis es que está completa, está generalizada. La dificultad para comprar un libro es un chiste al lado de la necesidad de comprar un medicamento o comida. Y eso nada más que para subsistir. Ni hablar de vivir bien. Estamos gobernados por gente que nos odia.