DEPORTES
Se agita el fantasma

En un minuto, Independiente pasó de la victoria probable a la derrota

A un tiro de Caicedo en el palo le siguió el gol de Godoy Cruz, ahora puntero. El Rojo mereció mejor suerte pero volvió a zona de descenso.

El negro no puede. Caicedo, que fue la figura del Rojo, pegó dos tiros en los palos. Los hinchas de Independiente, igual, lo ovacionaron.
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Independiente no tiene paz. Venció al último campeón, Vélez, y a Racing en el clásico, pero ni así se pudo relajar. Menos que menos disfrutar. Anoche, perdió 1-0 de local con Godoy Cruz, por culpa de un gol de Nicolás Castro, y entró de nuevo en la zona de descenso. Encima, se va a enfrentar a Quilmes y a Boca en las fechas que vienen.

A Independiente, no es novedad, lo persigue el fantasma de la B. Y para sacárselo de encima, otra obviedad, debe ganar. En consecuencia, el equipo que dirige Américo Gallego salió anoche a eso ante Godoy Cruz. Pero no está donde está porque sí: es un equipo entusiasta, pero sin luces. Así y todo se las ingenió para complicarle la vida a Godoy Cruz. Ya a los dos minutos del primer tiempo, Julián Velázquez estrelló un cabezazo en el travesaño. Era un aviso. Después insistió e insistió. Lo escrito: es un equipo que ataca como puede, que va a la carga con la mochila del descenso a cuestas. 

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Intentó una y mil veces a través del colombiano Juan Caicedo, reemplazante del inefectivo Ernesto Farías. Pero el delantero, menos talentoso que entusiasta, no pudo. La mala suerte, por lo demás, también persigue a Independiente: a los 11 minutos del segundo tiempo, Caicedo quedó mano a mano con Nélson Ibáñez, definió por arriba y la pelota (¡otra vez!) pegó en el palo.

Y al minuto, cuando Gallego todavía se agarraba la cabeza, contrariado, Mauro Obolo, cual pivote, le bajó la pelota a Castro, que remató rasante y anotó el 1-0 para Godoy Cruz. Equipo, el que entrena Martín Palermo, que no se había replegado nunca, que ya había intercambiado golpes y que no había especulado con la desesperación de su adversario. No: le discutió la tenencia de la pelota y lo atacó. Y así quedó, por ahora, puntero.

Con el gol y la inminencia de otro naufragio (venía de caer 1-0 con Arsenal), Independiente se adelantó, volvió a la carga, y Caicedo remató otro (¡otro!) tiro en el travesaño.

Pero no había caso: si no era Ibáñez era la mala suerte. No era la noche para Independiente. Otra vez.