ECONOMIA
DIARIO PERFIL

Es dueño de los kioscos de la calle Florida y abrirá uno en Time Square

Jorge "Puma" Damiani posee 118 locales propios y factura más de $ 210 millones. Su negocio en Nueva York.

El "Puma" Damiani dice que los precios cambian tan rápido que la gente no se da cuenta y sigue comprando.
| Cedoc

Con 118 kioscos propios y 53 franquiciados, los locales Open 25 están por todos lados, desde el micro y macrocentro porteño hasta Ezeiza o Aeroparque, pasando por terminales ferroviarias y shoppings.

“En el éxito de un kiosco hay dos conceptos fundamentales: el de dar un servicio y el de crear un vínculo con el cliente”, aseguró el zar de este imperio, Jorge “Puma” Damiani, durante una entrevista con PERFIL en la que aseguró que la estrategia de la cadena es hacer que la compra de golosinas sea más impulsiva, algo que atrae a los fabricantes. Ya cuenta con locales “temáticos”, que tienen como protagonistas a productos de una marca en particular y abrirá uno junto con Kraft Foods en el Times Square, en Nueva York, este año.

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—Al ser una cadena, ¿no se deshumaniza el vínculo tradicional del kiosquero con el cliente?
—El gran desafío es que cada punto de venta tenga al menos una persona que haga hincapié en la relación humana. Hoy tenemos mucha rotación de personal. El talón de Aquiles de las cadenas, no sólo de los kioscos, es el factor humano. Notamos falta de compromiso por parte del personal. Se perdió la cultura del esfuerzo.

—¿Cómo escalonan las subas de precios?
—En el “uno a uno”, cuando vos aumentabas cinco centavos, automáticamente la venta se retraía. Hoy es tal el cambio de precios que, prácticamente, el consumidor no se da cuenta de los cambios porque es tan común. Nuestra política es ir acompañando los precios de las empresas. En parte los trasladamos y en parte los absorbemos. Por supuesto que en ciertos productos no podemos trasladar todo el aumento que nos aplican porque, por ejemplo, el cambio es importante en un kiosco, entonces habría productos que quedarían con precios con decimales, entonces se hace un redondeo para abajo y en otros, para arriba, pero siempre se trata de buscar la facilidad del cambio para que el cliente no tenga que complicarse la vida ni con monedas ni con el vuelto.

—¿La falta de monedas sigue siendo un problema?
—Sí. Las tarjetas Sube y Monedero, con las cuales estamos asociados, son un rubro que está creciendo muy fuerte, pero con una rentabilidad muy pequeña. Cada transacción le deja al kiosco el 1%, con unos riesgos muy grandes por los continuos robos que hay a mano armada. Estamos planeando instalar centros de autogestión, es decir, cajeros automáticos donde el cliente por sí sólo hace la carga.

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