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ELOBSERVADOR / montoneros, del desconcierto a la fractura
viernes 13 abril, 2018

En su último abril, Perón avalaba el terror de derecha

El anciano mandatario permitió el avance de los sectores sindicales más duros y del lopezreguismo, apoyando el golpe contra Obregón Cano en Córdoba. Se multiplicarían secuestros, detenciones ilegales y torturas de militantes de la izquierda peronista.

Sergio Bufano

Perón. Antes de morir, dejó claramente expresado su mensaje: eligió a los sectores de la derecha y sindicales de su movimiento político. Todo en un contexto de divisiones. Foto: #joaquintemes

Las efemérides sirven para recordar episodios del pasado. El nacimiento de un prócer, o su muerte. La batalla ganada o la batalla perdida. No es solo un ejercicio de memoria, es el rescate de hechos que no debemos olvidar nunca. Es por eso que la consigna “Memoria, verdad y justicia” debe incluir toda nuestra historia, porque el conocimiento del pasado es clave para entender el presente. Veamos, entonces, los episodios ocurridos en el mes de abril de 1974. Hechos y decisiones que formaron parte de una tragedia que ha sido minimizada, ocultada bajo la alfombra.    

El 4 de abril de 1974 se convocó en la residencia presidencial de Olivos a los dirigentes sindicales que habían participado en el Congreso Normalizador de la CGT Regional Córdoba. El primer mandatario celebró así el golpe de Estado provincial que había desalojado del gobierno de esa provincia a Obregón Cano y Atilio López, elegidos democráticamente por el pueblo cordobés. Quienes llegaron a Olivos eran los responsables directos de un hecho que produjo muertos y heridos y que fue repudiado por todos los partidos políticos del país. El presidente Perón reivindicó el modelo sindical argentino, contraponiéndolo con la experiencia de otros países, donde coexisten tres o cuatro centrales sindicales. Afirmó que existían dos grandes peligros a los que había que suprimir “de cualquier manera”: las disensiones internas y, además, que “nadie de afuera meta la mano dentro de los sindicatos”. Se refería, naturalmente, a Agustín Tosco, un dirigente respetado por sus bases, y a Atilio López, que había sido elegido vicegobernador de la provincia junto con Obregón Cano nueve meses antes del golpe. Ambos habían sido elegidos por sus bases en asambleas legítimas realizadas en fábricas o en sindicatos.

En esa reunión Perón felicitó a los compañeros de la CGT y de las 62 Organizaciones, directos partícipes del atentado constitucional. “Córdoba ha resuelto el problema por su propia vía […] cuando ya no había gobierno, concretamos la intervención. […] Si lo hubiéramos hecho antes, hubiese sido un dictador”.

No pronunció ni una palabra sobre los grupos civiles armados que habían sido enviados desde Buenos Aires (léase Ministerio de Bienestar Social, a cargo de José López Rega) para tomar por asalto las calles cordobesas. Simultáneamente, se aprobó la Ley de Reforma que federalizaba el juzgamiento de delitos subversivos. Los partidos opositores denunciaron que esa ley “hacía trizas la Constitución y el federalismo para fundar un nuevo país unitario”. El gobierno defendió la medida afirmando que en 1973 se habían cometido más de 700 atentados terroristas y que era necesario ampliar la competencia de los juzgados federales.

En Montoneros, desorientados por las medidas tomadas por el presidente, comenzaron a producirse disidencias internas que pronosticaban fracturas. La política errática que intentaba congraciarse con Perón y a la vez atacar las acciones por él implementadas producían disputas y confusión entre sus militantes.

La agencia Télam, vocera del oficialismo, dio a conocer las distintas posturas sin citar el origen, pero con evidente buena fuente de información. Comunicaba que existía una lucha intestina entre organismos tales como Montoneros, JTP, JUP y unidades básicas. Anunciaba la renuncia de Jorge Obeid, máximo dirigente de la Regional II (Santa Fe y Entre Ríos); el secuestro por parte de Montoneros de Virginia Arario de Maratea, de la JP de La Matanza, quien “sería sometida a un juicio popular por su disensión”. Y, finalmente, las diferentes posturas ante el próximo acto en la Plaza de Mayo para celebrar el Día del Trabajador. Según Télam existían dos posturas; una sostenía que se debía concurrir masivamente con consignas unitarias para contribuir a que fuera una “auténtica fiesta peronista”. En cambio, la otra quería aprovechar la ocasión para formular críticas al gobierno “y provocar enfrentamientos con otros sectores del movimiento”.

El 18 de abril, Perón inauguró en el Teatro General San Martín los Cursos de Doctrina Justicialista, donde afirmó que las bases doctrinarias de su movimiento nada tenían que ver con el socialismo. En su discurso rescató el concepto de “comunidad organizada” lanzado en 1944, porque “allí fijamos una nueva ideología, tan distante de uno como de otro de los extremos”.

Pero mientras el presidente reafirmaba la doctrina justicialista, el 21 de abril el diputado de la JP Leonardo Bettanin informó que los militantes Eusebio del Jesús Maestre y Luisa Galli habían sido secuestrados y estaban detenidos y torturados en el Departamento de Policía. La Policía Federal, que los mantenía ilegalmente en su poder, se vio obligada a admitir su detención. Bettanin incluyó además a otros detenidos: Rafael Ronaldo Becerra, Carlos Enrique Arias e Inés Josefina Iglesias, detenidos en Villa de Mayo.

Consciente de que la actuación de grupos parapoliciales alentados por el gobierno era incontenible, el jefe de la Policía Federal, general Miguel Angel Iñíguez, renunció pretextando “razones de salud”

Aparentemente, Iñíguez había intentado detener al superintendente de Seguridad Federal, Luis Margaride, acusándolo de indisciplinas; pero el presidente de la Nación respaldó al policía y obligó al viejo peronista a renunciar a su puesto. “No es con represión violenta como se recuperará el perdido principio de autoridad”, afirmó el renunciante. Agregó, además, que desde el gobierno se le brindaban ingredientes a la subversión debido a la “incapacidad de ministros y funcionarios”, en obvia referencia a López Rega.

También en abril, Juan Carlos Añón, dirigente de la Regional I de la JP, afirmó: “Nosotros creíamos que la violencia se terminaba el 25 de mayo (de 1973), y eso lamentablemente no fue cierto. Juventud Peronista tuvo más muertos del 25 de mayo hasta hoy que en los últimos ocho años de la dictadura militar”. En abril los ataques continuaron casi diariamente.

El 8, el Poder Ejecutivo clausuró la revista El Descamisado, identificada claramente con Montoneros. Más allá de considerarla subversiva, el decreto cuestionaba el nombre de la publicación porque ese término identificaba al “prototipo del trabajador argentino que fue protagonista de la histórica gesta del 17 de octubre”. También fue clausurada y secuestrada la revista Militancia. En Córdoba detuvieron al defensor de presos políticos y director de la revista Nuevo Hombre Rodolfo Mattarollo, y en el Barrio Alberdi estalló una bomba en el domicilio de María Bonetto, diputada nacional del Frejuli.    

El entonces diputado nacional por el radicalismo Osvaldo Alvarez Guerrero denunció que, en los primeros días de abril, efectivos parapoliciales vinculados a la Jefatura de Policía de Río Negro habían realizado un operativo en una guardería de la ciudad de Bariloche. Aclaró que toda la represión estaba a cargo del comandante de Gendarmería Benigno Ardanaz y un grupo de hombres que actuaba sin credenciales ni uniformes y pertrechado con armas largas.

¿Quién era Benigno Ardanaz? Un hombre que meses más tarde, el 8 de noviembre de 1974, en Río Negro, bajo la administración justicialista de Mario Franco, fue designado jefe de la policía provincial. Confeso admirador del orden hitleriano, dictó una circular que llevaba el título “Suplemento de la orden del día 5.134, art. 6, hágase saber: a partir de hoy comenzamos todos juntos la guerra contra los judíos, masones y comunistas desvirtuando sus diabólicos planes”.

 En la segunda semana de abril, un grupo armado secuestró a dos jóvenes en Corrientes y Medrano, en Capital Federal, y los introdujo en autos Ford Falcon cuyas chapas eran C133782 y C085532. Ambos eran estudiantes de la UTN. Uno de los secuestrados fue identificado como Ricardo José González.

Dirigentes de Vanguardia Comunista de Buenos Aires denunciaron el secuestro y tortura del militante barrial de Quilmes Antonio Iglesias, quien fue llevado al Parque Pereyra Iraola, donde fue torturado incluso con un simulacro de fusilamiento. Cinco días después fue incendiada la Unidad Básica Eva Perón de Villa Luján en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, donde funcionaba la Junta Vecinal.

También en abril fueron detenidos en Buenos Aires por la Policía Federal los refugiados bolivianos Eduardo Troncoso, Walter Mantano, José Sanginés, la chilena Silvia Torres y el periodista uruguayo Carlos Eduardo Gómez.

El 14 fueron secuestrados el delegado de los ayudantes de choferes de Pepsi Cola, Oscar Manilamadjian, y Carlos Terraza, delegado de Talleres Gráficos Anthony Blank.

Entre el 17 y el 18, en Chaco, la policía local, con apoyo de grupos paraestatales, reprimió y detuvo a alrededor de setenta personas que participaban en actividades en una colonia aborigen. Entre los detenidos estaban Carlos Kunkel, los sacerdotes Joaquín Núñez y Gianfranco Testa, de las localidades de Machagai y Quitilipi, y María Figueredo, de la Agrupación Evita.

El 18, en Rivadavia y La Rioja, en Capital Federal, fue secuestrado e introducido en un Fiat 128 patente C515919, un hombre que alcanzó a gritar “soy montonero”. Como en otros casos, los diarios no volvieron a mencionar el episodio, de modo que se ignora su destino.

Como confirmación de que los sindicatos no eran ajenos a la represión, se publicaron solicitadas en los diarios con títulos sugestivos: “No pasarán, viril respuesta portuaria a las pretensiones marxistas”. Abundaban expresiones como “infamia”, “idiotas útiles narcotizados por el opio de esas doctrinas que nacen en la IV Internacional”, “sirvientes de la sinarquía”, “los echaremos a patadas”, “los gremios portuarios son gremios de machos”, “la respuesta que les daremos será a sangre y fuego”.

Mientras, desde Paraguay, y no solo desde allí, seguían entrando armas; el diario La Nación denunció que el 19 de abril fueron descargados varios cajones que contenían armas modernas y municiones que pasaron sin control de la Aduana. Habían llegado en el buque inglés Endurance, y fueron llevadas en un automóvil conducido por Rodolfo Oscar Patiño, chofer y custodio de Micke John Bishop, asistente del agregado naval británico. La embajada inglesa admitió el episodio y adujo que esas armas eran para la custodia de su sede. Pero hay que recordar que el embajador argentino en Londres era Manuel de Anchorena, un hombre de la extrema derecha peronista que en 1973 había sido propuesto por Rucci para ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.

El 25 Perón y el coronel Vicente Damasco, secretario general de Gobierno, recibieron en Olivos a 81 representantes de la juventud. Participaron 59 organizaciones cercanas al Consejo Superior Justicialista y otras identificadas como “independientes” y 22 grupos vinculados a la Juventud Peronista. El presidente temía que el acto que se estaba organizando para el 1º de Mayo pudiera desembocar en un nuevo enfrentamiento y decidió convocar a todos los sectores, incluyendo a miembros de la Tendencia y de Montoneros. Advirtió entonces que el acto estaba organizado por el aparato sindical porque “era estrictamente de los trabajadores y por lo tanto no era un acto político”. Para despejar toda duda señaló que era “para proclamar a la reina del Trabajo y dar un espectáculo a los trabajadores”.

El dirigente de la JP Alberto Molinas tomó la palabra para denunciar a Villar y a Margaride por haber participado del secuestro y torturas a Eusebio del Jesús Maestre, Alberto Miguel Camps, Luisa Galli y María Rosa Parga de Camps. Los mismos policías habían torturado y violado a la mujer de Maestre en su presencia mientras lo incitaban a reaccionar amenazándolo con que iba a ser ejecutado.

Perón respondió que “Villar y Margaride no son más que policías que cumplen con esa función, por lo tanto todo aquel que ande armado que se cuide. Mientras los demás no cambien de actitud, la policía no va a cambiar la suya”.

Mientras se realizaba esa reunión, en Monte Grande era secuestrada, violada y asesinada la joven militante peronista Liliana Ivanoff, quien se encontraba junto con sus compañeros pintando leyendas en una pared. Desde un automóvil bajaron cuatro sujetos armados que la obligaron a golpes a introducirse en el vehículo para darse a la fuga. Horas más tarde su cadáver fue hallado en un descampado cercano a Claypole. Presentaba dos balazos en la nuca. Ivanoff tenía 20 años y militaba en la Agrupación Evita.

La sangre del mes de abril presagiaba un futuro todavía más trágico.

*Periodista, escritor, autor, junto con Lucrecia Teixidó, de Perón y la Triple A, las 20 advertencias a Montoneros, Editorial Sudamericana.


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