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De la cuestion mapuche al submarino San Juan

Grieta vigente: la ideología está en cada tema de discusión pública

Mario Riorda, especialista en comunicación política, analiza la coherencia de opiniones que puede observarse entre los votantes de Cambiemos o del kirchnerismo sobre temas de actualidad candente.

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San Juan. Una vez conocido el caso, pese a que no se expresó la oposición al respecto, existió en el conjunto de la sociedad la sensación de que había ocultamiento. | AFP
Hay otro costado posible –y, como se verá unas líneas más abajo, muy vigente– de interpretación sobre la grieta: las ideologías no han muerto. La sociedad, los individuos, más allá de círculos rojos, o simplemente del ideario rojo de la izquierda, expresan de una manera bastante homogénea opiniones ante los temas de la realidad.
Uno de los teóricos que continuamente marca este fenómeno es Mario Riorda, el ex decano la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, uno de los referentes de la comunicación política en el país.
Un fenómeno que lo comprueba puede notarse en las investigaciones de Sergio Doval (ver nota aparte), quien está midiendo “las bombas atómicas mediáticas”: allí se ve cómo los votantes de Cambiemos piensan homogéneamente sobre cuestiones como el caso Maldonado o el reciente hundimiento del ARA San Juan, y lo mismo sucede con los votos del kirchnerismo.
PERFIL conversó con ambos: ¿cuáles son los efectos de la grieta en la sociedad y si realmente es verdad aquella última afirmación de Mauricio Macri acerca de que la “raya cultural” está cambiando. Riorda afirma que “el comportamiento es matemático y dividido en dos. Como la manzana cortada al medio de modo exacto”.
 —¿Dónde se sitúa hoy esa raya cultural de la que habla el Presidente? ¿Las ideologías siguen vigentes?
—Desde todo punto de vista está presente. La ideología está presente en las decisiones y las convicciones de las personas. A veces se presentan del peor modo posible, que es a través de los prejuicios, especialmente en situaciones extremas. Hay momentos en que pareciera pasar desapercibida, cuando hay superposiciones sobre el mismo tema, acuerdos más o menos generalizados. Evidentemente la cuestión ideológica en la sociedad se hace explícita cuando alguno de los actores potencia ese debate y se producen picos de altísima intensidad, lo que se denomina escenarios de ideologización explícita. Siempre está presente la ideología, en la explicitación de valores, especialmente morales, predeterminando acciones.
—¿Cómo se manifiesta lo ideológico en el día a día?
—Algunos autores hablan de “sentimiento ideológico”. Algo que no es racional, sino que está sostenido en lo emotivo. Sartori, además, habló de la “imagen ideológica” para dar cuenta de ciertas cuestiones que pueden estar difusas y dispersas en la racionalidad, que aparecen motivando decisiones individuales o conductas sociales.
—Sin embargo, desde Cambiemos, desde el PRO, suelen decir “nosotros no somos la política”...
—No sé si hay una ideología PRO o Cambiemos. Pero me parece que la negación de la ideología es en sí misma una ideología, una postura ideológica. La negación ideológica es una manera de diferenciarse de un mojón para separarse del otro, para diferenciarse de otros. Y esto constituye un acto ideológico. Las posturas transideológicas o posideológicas son posiciones discursivas o poses retóricas que habrá que contraponer con las posiciones concretas y las políticas públicas que, evidentemente, marcan un sesgo ideológico.
—El suyo es un análisis, si se me permite el adjetivo, “clásico”. ¿Sucede igual en las sociedades de las redes?
—Replica de modo orgánico. La gente, independientemente de que entienda o no cuál es su postura, sí tiene posturas tomadas previamente. Y también se amplifica de una manera exponencial. Los propios actores tecnológicos que potencian el debate a través de la industria de trolls y bots toman posturas que se ven amplificadas. Muchas veces lo hacen desde posiciones absolutamente dogmáticas y muchas veces irracionales, motivando hacia los extremos el posicionamiento en temas específicos

Tuiterismo miltante. Uno tendería a pensar que el voto kirchnerista tendría esta impronta ideológica más marcada. Sin embargo, para Mario Riorda “no es más orgánico que el 20% del voto ubicable claramente en la derecha. La polaridad es muy marcada en la sociedad argentina. Y se expresó en el ballottage, por primera vez. La sociedad sigue replicando conductas históricas de bipartidismo o de bimovimientismo. Antes de la salida del kirchnerismo, vos le preguntabas a la gente si se consideraba continuista o cambista, y prácticamente los resultados eran 50 y 50. Lo mismo con temas como Scioli o Macri o redistribución de ingresos o libertad económica. Lo mismo sucede ahora con temas como Santiago Maldonado o la muerte de Rafael Nahuel. Comprender esto es más importante que hablar de Cambiemos o anti Cambiemos o de kirchnerismo o antikirchnerismo.
—Este corte debe empobrecer las discusiones sociales, ¿es así?
—Es lo que llamamos en la comunicación política un “conflicto controlado”, deliverado, que parte aguas para mantener un statu quo. Cuando la división se sostiene en el tiempo, claramente se produce un statu quo. En momentos así, y ante la perspectiva de una transformación real de la sociedad, el contexto se vuelve mucho más conservador que propenso al cambio.
—Si es así, estaríamos complicados.
—Es así. Las salidas a estos contextos tan polarizadores se da cuando uno de los extremos fracasa fuertemente. Entonces, circunstancialmente, el otro sector adquiere una preponderancia pública o cierta hegemonía circunstancial. Una forma de hegemonía de la que hablé en una nota que publiqué en PERFIL: entendida de acuerdo con un pensamiento histórico europeo que la determinaba como cierto direccionamiento intelectual o cierta supremacía moral. Puede ser circunstancial, pero hay veces que se da. Y uno ve cómo se avanza hoy, más allá de la matemática legislativa. Allí uno puede encontrar algo parecido a esta situación. Sobre todo porque al sector anterior se lo ha visto como una opción que más fracasó que triunfó.
—¿Es tan fuerte el poder de los trolls y bots?
—Dos datos internacionales sirven para entender de qué se trata. Un estudio determina que el 64% de los norteamericanos se vieron confundidos por algún tipo de información en la última campaña electoral. Y es interesante, porque vieron los mensajes en Facebook unos 127 millones de personas. Pero no sólo es deformación de informaciones: también es cambiar el encuadre de las tendencias. El rango de acción (un tuiteo, un me gusta) de una persona va de 40 a 120 acciones por hora. En cambio, un bot puede hacer de 380 a 640 acciones por hora. Eso es un poder tremendo.

Sergio Doval
“Argentina es un país de bombas atómicas mediáticas”
Sergio Doval es uno de los directores de Taquion Research y director de Opinión Pública de la Universidad Abierta Interamericana. Es quien viene midiendo cómo reacciona la sociedad ante casos como el de Santiago Maldonado o el ARA San Juan. En diálogo con PERFIL brindó su propia perspectiva de cómo actúa la grieta: “Entendemos la investigación desde una universidad como la construcción de sentido. Tenemos que aportar al entendimiento de los ciclos sociales. Es parte esencial de nuestro rol. El programa de Opinión Pública de UAI hace trabajos colaborativos con otras consultoras, para aportar distintas miradas. Intentamos explicar lo que sucede. Sabemos que es una explicación perenne y cada vez es más corto el tiempo en el que duran algunos análisis. Y esto se debe a que la Argentina nos propone “bombas atómicas mediáticas” sin demasiada estabilidad. A eso se suma un consumo de información exacerbado por la sociedad que decide qué le interesa y qué no. Algo que también cambia el sentido del trabajo de los medios: cambia lo que los consumidores y la sociedad toman como importante.
—¿Es cierto que el tema del submarino San Juan no le importó demasiado a la sociedad en un principio?
—Hay dos temas que están asociados. No es que no interesó, sino que no se politizó. La diferencia entre el caso del submarino y el de Santiago Maldonado es que la oposición no tomó partido y no hubo desde allí una construcción del pensamiento. Entonces no se manifestó la grieta en ese caso.
—¿Hay algún tema de debate en el que estemos todos los argentinos de acuerdo, en el que no se vea la grieta?
—Sí. Nosotros lo estudiamos. Hay temas en los que estamos de acuerdo. Pero hace poco apareció alguno nuevo, y fue respecto a Maldonado; le preguntamos a la gente si los políticos querían que se resolviera el caso o si les interesaba en realidad  sacar rédito político del asunto. Ahí, un 82%, más allá de lo que votaron, nos dijo que sí.
—Hay una desconfianza hacia los políticos que recorta transversalmente...
—Algo que pasa en las bases. Y es algo que demuestra que la construcción de sentido en la sociedad está rota. Sabemos hoy que tenemos tanta información contrafáctica con lo que nos dijeron, que no terminamos de creer del todo el discurso que nos bajan. La sociedad lo primero que hace es desconfiar.
En sistemas en los que las instituciones funcionan un poco mejor, como Estados Unidos, es muy probable que la reacción de la sociedad hubiera sido rezar para que aparecieran. Aquí, lo que les surgió a todos es pensar que en realidad nos estaban mintiendo.
Lo mismo pasó con Maldonado. Con la reciente publicación de las conclusiones, le preguntamos a la gente qué creía que había pasado antes y después del peritaje. Lo sorprendente es que pocos cambiaron de opinión en un caso y otro.