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ELOBSERVADOR / opinion
domingo 29 octubre, 2017

Una mirada psicológica sobre la grieta

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Santiago Bonomi*

El caso Maldonado, entre otros hechos, deja al desnudo que vivimos fuertemente divididos. La sociedad está separada, y esto parece estar promovido y fomentado por distintos actores sociales. La verdad y la realidad no importan, los acontecimientos son interpretados según las propias convicciones. Para que este fenómeno sea posible, entran en juego también mecanismos psicológicos que subyacen a la conciencia.
Todo está teñido por ideología, pero lamentablemente el fanatismo guía de manera desmedida las creencias y acomoda la realidad en función de nuestras ideas. Esta distorsión de la verdad en el discurso de una gran mayoría de personas es llamativa. Los periodistas deberían atenerse a los hechos reales y, antes de informar, verificar fuentes para acercarse lo más posible a los hechos. Sin embargo, no todos lo hacen; algunos deforman la información en función de dónde están parados y de sus propias creencias. Ciertos políticos, con su acostumbrada demagogia, adaptan el discurso para comunicar lo que más les conviene, y se aprovechan de la división de la sociedad para llevar agua para su molino, sin medir las consecuencias.
Me pregunto cómo es posible que tanta gente esté ciega a los hechos objetivos de la realidad y acuchille sistemáticamente la verdad, justificando cualquier disparate con tal de que se ajuste a su propio fanatismo ideológico. En este sentido, es interesante ver las ideas de Leon Festinger, que hace referencia al autoengaño desde la perspectiva psicológica. En su Teoría de la Disonancia Cognitiva, el psicólogo norteamericano se refiere a la tensión o incomodidad que percibimos en nosotros cuando mantenemos dos ideas incompatibles entre sí. Su propuesta sostiene que las personas no podemos mantener simultáneamente dos pensamientos o ideas contradictorios, por lo que justificamos esta contradicción con cualquier argumento, por más absurdo que sea.
Para ponerlo en términos sencillos, voy a dar un ejemplo: hoy en día, todos sabemos que fumar es perjudicial para la salud, aumenta dramáticamente la posibilidad de contraer cáncer y está asociado a muchas otras dolencias. Pero muchos fumadores suelen responder para justificarse: “Yo conozco a una persona que fuma y ya tiene más de 90 años”. El autoengaño es parte del ser humano y más frecuente de lo que creemos.
Tal vez esta teoría pueda iluminarnos, aunque sea un poco, para entender por qué muchas veces la verdad es destruida sistemáticamente. Parece que podemos sostener determinados hechos como ciertos, sin tener fundamentos suficientemente válidos, y aunque se alejen de la realidad objetiva, con tal de que sean congruentes con nuestras propias creencias y pensamientos. Es verdad que con mucha frecuencia las personas mentimos a los demás con objetivos espurios y con conciencia de nuestro accionar, pero otras veces nos engañamos a nosotros mismos y ni siquiera lo notamos.

*Psicólogo.

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