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ESPECTACULOS / Geraldine Chaplin
domingo 10 diciembre, 2017

“A mi papá le criticaba que era muy severo”

A los 73 años, llegó a la Argentina para filmar Camino sinuoso en Villa La Angostura, y por primera vez habla de las acusaciones que persiguieron a su padre, el gran Charles Chaplin. Se refiere al Museo familiar en Suiza y habla de los casos de abuso sexual de Kevin Spacey y Harvey Weinstein.

por Gustavo Mendez

SONRISA. Geraldine Chaplin tiene tres ciudadanías, pero dice que se siente latina. Foto: cuarterolo

Habla inglés, español, francés y un poco de alemán. Desde hace 38 años está en pareja con el chileno Patricio Castilla, con quien concibió a Oona Chaplin, de 31 años, que continúa con el legado familiar de las artes escénicas. Antes, tuvo un matrimonio con el director español Carlos Saura, relación que le dio la fluidez del español, también varias películas de su extensa carrera, y el primer hijo, Shane Saura, quien hoy es un reconocido psicoanalista de West Virgina, Estados Unidos, y la hizo abuela de dos pequeños. A los 73 años, Geraldine Chaplin goza de una energía única, eclipsa con su sonrisa y una mirada penetrante, es súper expresiva, tanto que es imposible no recordar los gestos y el arte de su padre, Sir Charles Chaplin. Su madre es Oona O’Neill, hija del legendario escritor  Eugene O’Neill, y de la que Geraldine recuerda una relación muy romántica entre ellas. La primera hija del matrimonio Chaplin-O’Neill tuvo vuelo propio en el séptimo arte, filmó 160 películas y la 161 es una cinta argentina, Camino sinuoso, ópera prima de Juan Pablo Kolodziej, que la trajo de regreso al país para filmar en Villa La Angostura.   

—En Suiza abrió el Museo de Charles Chaplin.

—Sí. Es impresionante. Pensé que nunca se iba a realizar porque demoraron diez años con el tema permisos, derechos.         —¿Debió firmar firmar papeles como heredera?

—No. Yo no, nada. Me salí del negocio familiar hace 15 años que eran las películas de papá... Eran todo peleas, somos ocho hermanos, imaginate.

—¿Se habla con todos sus hermanos?

—Sí, con alguno más que otros. Con la colombiana, Josefina, que está en Cartagena, y con todos mis sobrinos, y sobrinos nietos.

Vicky, una de sus hermanas, se radicó en París. Allí viven dos sobrinos de Geraldine, James y Aurelia Thierri, prestigiosos artistas circenses. “Ganaron todos los premios y el año que viene vendrán a la Argentina”, revela. “Más que seguir el legado de mi padre, ha sido el Circo Knie de Suiza que gira por todo el país que nos marcó de chicos y que recordamos que venía gente muy famosa a casa. El circo era la familia real, lo que más nos entusiasmaba”.

—¿Qué siente una mujer con tres ciudadanías?

—Oficialmente tengo una. Mi pasaporte es inglés aunque no me siento nada inglesa, me siento extranjera en Inglaterra. Detesto las banderas y las fronteras. Me siento latina.

—Hollywood está en la lupa por la cantidad de denuncias por abusos sexuales, ¿sufrió  situaciones de este estilo?

—Nunca me tocó con 73 años que tengo. Pero todo el mundo sabía lo de (Harvey) Weinstein, ¡por favor!, que había que pasar por el coach (sofá) para tener una posibilidad. Mi hija Oona estaba en Londres, en el teatro Old Vic, y me comentaba que Kevin Spacey (era el director) todo lo que era joven y masculino era atacado directamente por él. Todo el mundo sabe lo que está pasando. Está bien que se sepa.

—Oona es joven, tiene 31 años, y es muy bonita, ¿teme por ella?

—No. A Oona si alguien la toca le daría un puñetazo que lo enviaría al otro barrio. Es que es feroz, muy fuerte. Su padre dice que tiene la fortaleza de un tanque soviético, y ahora está haciendo Avatar, la 3, 4 y 5, y está más entrenada. Hace parkur, salta encima de edificios, kick boxing, y es una persona muy gentil y decente.

—¿Hablaron del tema?

—No. Ella lucha por los derechos de la mujer. Ha rechazado muchos papeles importantes de películas por el rol de la mujer. La mujer como objeto. Quiero decir que también sucede en la política, ahí está Trump y se ve que los abusos sexuales no interesan tanto en ese mundo. Ha sido acusado por unas cuantas mujeres, además de Bill Clinton y Kennedy.

—A su padre le dieron un Oscar honorífico al final de su vida. ¿Lo acompañó a recibirlo?

—No. Yo no tenía ganas de que fuera, le decía: “Para qué quieres ir con esta gente que te ha tratado tan mal”. Con mi hermana Josefina intentamos todo para que no fuera. El respondía que iba a ir por los chicos, se refería a los que habían comprado los derechos de sus películas. Luego no tenía razón porque le dio una razón de vida y se conmovió mucho.

—¿Cómo le afectaba las acusaciones que se decían de él?

—Yo no lo sabía, era muy chica. Nosotros nos fuimos de vacaciones a Europa para el estreno de Candilejas y en el barco le dicen a mi padre que no podíamos volver a Estados Unidos. Después a los 15 años en el colegio alguien me dijo: “A tu padre lo echaron por comunista” y eso me hizo ser una marxista ferviente, lo celebraba.

—¿Qué le valora y qué le critica a su padre?

—Cuando era niña le criticaba que era muy severo, algo que pensamos todos cuando somos pequeños. Le critico que el hijo de puta se murió dejando a mi madre con 52 años sola, el viejo tenía 88. No se tendría que haber muerto, debería haber vivido cien años más. Y le valoro, aparte de su obra magistral, que nunca ha predicado nada. Nunca nos ha dado lecciones, de hacer tal o cual cosa, todo lo que aprendí y valoro ha sido de su ejemplo. El, aunque no tenía razón, tal vez, era fiel a sus principios. Era un enorme humanista. Nunca ha sido de ningún partido. Recuerdo cuando vino el FBI a casa porque también lo acusaron de inmoral, porque le gustaban mucho las chicas jóvenes...

—De abuso sexual.

—No, de abuso no, porque se casaban jóvenes en esa época. Lo querían echar, entonces el oficial del FBI le dice: “Usted en el último discurso dijo la palabra camaradas”. Mi padre sacó un diccionario y buscaron qué significaba camarada, y lo mismo hizo cuando lo acusó de adúltero. Leyó la definición y respondió: “Que yo sepa, no lo soy”.


“Mi pelicula preferida es ‘El Pibe’”

—¿Sos creyente?

—No, no creo en nada. Me gustaría. Oona se ha buscado una especie de religión que está muy metida en los espíritus, en la cultura mapuche. Oona vivó meses con los mapuches en Chile y habla la lengua mapudungun. Tiene una especie de altar en su casa, y está metida en las ceremonias de los aborígenes.

—¿Qué es lo que más te gusta de nuestro país?

—La gente. El sentido del humor que tienen, el humor argentino es divino, son malos de manera graciosa. Me contaba un amigo que estuvo un tiempo desaparecido que cuando se llevaban a alguien a torturar volvían y todos los presos le decían: “Che, ¿qué te hicieron en las uñas? parece que tenés que maquillarte un poco”. Era chileno, pero era un pacto que tenía Pinochet con los militares de Argentina y lo mandaron seis meses para acá. Hoy es un amigo, se llama Manuel Valenzuela, es un gran abogado de Chile, y siempre recuerda cómo el argentino, en los peores momentos que un ser humano puede tener, no perdía el sentido del humor. Además, Argentina es un país que creó el tango, y ahí hay algo que los define.

—¿Bailás tango?

—No. Me gusta verlo. ¡Mi padre! El tango era su baile favorito. El bailaba muy bien el tango.

—¿Ves las películas de tu padre?

—Mucho. Por lo menos las he visto unas cien veces. Soy pura espectadora. Charles es mi héroe.

—¿Cuál tu película preferida?

—El pibe, no sé por qué, pero es la última que he visto.

—¿Tenés amigos artistas en Argentina?

—Sí. Acabo de hablar con Nacha Guevara. Nacha es una hermana. Susana Giménez... ¡Mi amor! (imita el tono de “Su”), Teté Coustarot, Lucía Galán, Darío Grandinetti y Leo Sbaraglia que nos vimos mucho en España.

—¿Y Con Ricardo Darín  en España?

—Nunca trabajé con él, lo he visto un par de veces en el restaurante argentino De María en Madrid, adonde él va seguido.


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