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ESPECTACULOS / Brad Bird
viernes 8 junio, 2018

“Ahora hay mil películas como ‘Los increíbles’”

En diálogo exclusivo con PERFIL, el director de la clásica película de Pixar vuelve con su familia poderosa para mostrar cómo la animación puede ganarle a la política. Cree que Hollywood maltrata las buenas ideas.

Juan Manuel Domínguez

Equipo. En la nueva entrega de la saga, que se estrena el próximo jueves, el padre se queda en la casa cuidando a los hijos mientras su esposa sale a hacer Justicia superheroica en la ciudad. Foto: disney

No es más fácil hacer películas.” Dice Brad Bird, director que ha hecho films que son joya de la corona Pixar como Los increíbles (2004), Ratatouille (2007), clásicos invencibles (El gigante de hierro, 1999, o su paso por Los Simpsons a mediados de los 90) y films soñadores, alucinados, como Misión: Imposible – Protocolo Fantasma (2011) o Tomorrowland (2015). La frase es rara porque Bird vuelve con Pixar y con Los increíbles 2 el próximo jueves y se supone que un director así tiene la vida más fácil. Pero 14 años después de aquella primera película de superhéroes, ¿cómo se vuelve al género que hoy domina, casi con ánimo de T-Rex para con otros cines, la taquilla? Bird habla en exclusiva con PERFIL: “Me deprimí por un segundo cuando dije que sí y vi que había mil películas más ahora como Los increíbles. Pero me senté y pensé: Los increíbles es una película sobre la familia, y creo mucho en eso. Y ahí estaba mi nuevo acercamiento. Además, quería divertirme con los poderes y cómo se ven en la animación: son tan serios los poderes en el cine de superhéroes.”

—“Superman” acaba de cumplir ochenta años, “Avengers: Infinity War” es parte de un esquema de películas hasta el 2020, y “Los increíbles” son una gran parte de ese mito. ¿Qué crees que representan los superhéroes hoy como género?

—Cuando hicimos la primera película solo había dos franquicias de superhéroes. Batman estaba herido por sus pezones y Spider-Man dominaba el mercado. Ahora está saturado, no hay forma de no ver un superhéroe. Los poderes para mí son un comentario aquí de tu rol en la familia: en aquellas otras películas hay espectáculo, pero no hay familia. Hay canchereada, pero no hay una sensación de charla comunal, generacional, tiene más vos jugando con tus celebridades que una sensación de familia. Los superhéroes son un reflejo de determinadas dinámicas emocionales y cómo viven, sobreviven, en momentos de saturación los seres humanos. Y estos son momentos saturados. Claro que el fin del mundo es una hipérbole, pero ¿cuántas veces sentimos que el mundo se acaba incluso cuando sabemos que no es así?

—¿Qué necesita una historia de superhéroes para modificar el panorama actual de la política?

—Hollywood tiene una tendencia a golpear a las buenas ideas hasta que mueran. Eso puede pasar con los superhéroes. Pero nos hemos contado estas historias durante años, muchos, milenios. Necesitamos lidiar con los límites de nuestra alma, aunque seamos seres con poder. Esa es la idea. Hoy los podemos ver, literalmente, como nunca antes gracias a la animación. Respondemos a ellos, los súper, porque pueden generar cambio por ellos mismo, es una idea muy norteamericana, y global también. Pero lo es para bien o para mal. Esa es la clave.

—Elastigirl, la madre, ahora se ocupa de ser superhéroe y él, Mr. Increíble, se queda criando a los chicos. ¿Cómo se lee eso dentro de los movimientos sobre los derechos de las mujeres y su actualidad?

—Tuve esa idea, de Elastigirl trabajando y Mr. Increíble en casa, cuando estaba haciendo la primera película. Ese fue el núcleo de esta secuela, y ella siempre había sido un personaje fuerte. No es que necesitaba demostrarlo. No es que alteramos su personaje para aprovechar un espíritu de época. La gente quiere ver una gran impresión sobre este momento, y lo cierto es que la idea de base era “Esto le va a molestar a Bob, el Mr. Increíble”. Pero al mismo tiempo, Helen, este personaje entiende que no quiere conformarse incluso siendo una mamá espectacular. Me interesa de todos los personajes cómo están equivocados sobre aquello que quieren. Ella vuelve a la acción, no quiere al comienzo, y de repente se siente electrizada por eso. Se trata más de mantener a los personajes alterados, pero no era el objetivo esa agenda de género aunque se agradece que el mundo tengo ahora un poco más de ese sentido común. Pero yo creo que siempre lo tuve en mis películas.

—En un mundo de redes sociales, de agresión nimia permanente, ¿cómo se mantiene ese sentido de la maravilla, de la sorpresa, vivo que se ve en tus películas en Pixar?

—Creo de forma activa que hay que protegerlo. Hace diez años hubiera dado una respuesta romántica. Hoy te doy una más desesperada. Más pragmatica. Las redes sociales pueden absorberte. La negatividad crece como hierba mala, lo positivo pierde valor: si te perdés en esos agujeros, es difícil salir de ellos. Y el mundo tiende a que caigas en eso, sobre todo si no podés protegerte. Steve Jobs cuando nos mudamos a Pixar diseñó la planta, dónde iba cada cosa, y nos dejaba que nuestra área fuera un desorden. Ese estado de vida jugando es importante y las redes sociales desactivan eso.

—Con todas las franquicias, incluso ésta siendo una secuela, con “Star Wars” y anuncios de películas súper hasta el 2020, ¿creés que hay un lado oscuro al pop moderno y sus franquicias?

—Seguro. Hollywood no es famoso por su coraje. Estamos en un momento donde el negocio siente que posee una fórmula que anula el riesgo y por supuesto que es una ilusión. Adoro muchas franquicias, pero empezaron como algo original. Necesitamos novedad.

 

La vida animada

—Puede que el espíritu de época se filtre en el film, seguro, pero... ¿creés que la animación está apuntando a esa diversidad y a esas historias distintas que todavía se debe?

—No se lo debe en mi cine. No sé. Todos los que hacen una película, desde la directora al espectador, viven en el planeta: se despiertan, comen, les rompen el corazón, tienen amigos, se ríen, les vuelven a romper el corazón. En ese sentido, siempre hay historias. Pero los tiempos de la animación son muy lentos para intentar capturar el espíritu de época, y no se los puede anticipar. Steve Jobs quería cosas que fueran relevantes dentro de cien años, y yo uso esa definición como brújula. La única forma de lograr eso es contar cosas que sean clásicas y eternas, y esperar que iluminen los problemas del presente. A mí como artista, si me dicen que tengo hacer tal o cual película, se me aparece la rebeldía. Creo mucho en los relatos y su inteligencia. Sé que la industria no lo ha hecho así siempre, pero como yo sí, y siempre lo hice, es imposible relacionarse con eso.

—¿Cómo mantener vivo el sentido de maravilla en un mundo donde parece que todo está visto?

—Una de las razones por nuestra fascinación con la infancia es que todo es nuevo para nosotros. Hay algo de eso, de esa cualidad de ver cosas como nuevas, que es iluminadora, y es donde intentamos volver toda la vida. Los artistas saben hacer eso más que otras personas. Es algo que ahora no existe tanto en el cine y que hacía con creces.

—En la película se juega mucho con los superhéroes y la animación: ¿cómo lograron eso?

—Animar es volver a un estado infantil de la mente. La animación tiene una cualidad rara: los animadores viven generalmente mucho. Parte de la razón, su trabajo, su día a día, es volver activamente a una forma infantil de capturar la esencia del mundo. Eso te da más vida. El sentido maravillado es algo que le falta al mundo.


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