ESPECTACULOS
FEMINISMO Y TABLAS

Diez actrices confrontan al teatro de revista

Exposición, representación y relatos en torno a la mujer están cambiando en los escenarios humorísticos de Buenos Aires, Mar del Plata y Carlos Paz. Reflexiones de Moria Casán, Fátima Florez, Ana Acosta, Lizy Tagliani, Laura Azcurra, Florencia Torrente, La Queen, Micaela Vázquez y Nerina Sist.

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PERFIL habló con diez actrices –con obras actualmente en cartel o cerca de estrenar– sobre el humor en las tablas en los tiempos de la reconfiguración del rol de la mujer. | cedoc

Aunque las estadísticas sobre violencia contra la mujer no bajan, los discursos en torno a los derechos de la mujer, a su concepción y a sus vínculos con personas de su mismo o distinto género se han modificado en los últimos años. El mundo está transformándose entonces. También el arte, en particular el teatro y, sobre todo, el teatro de humor, un ámbito que suele aumentar en la temporada estival y en el que la misoginia ha sido, desde tiempos inmemoriales, fuente de supuestas carcajadas. ¿Cómo reacciona ese preconcepto frente a la nueva realidad?

Transformaciones

auspiciosas. Tanto en la cartelera porteña como en la de Mar del Plata y Carlos Paz, varias de las actrices argentinas que convocan perciben una transformación en la representación de la mujer en los escenarios. Para Ana Acosta, hoy parte de El show de los cuernos: “La demanda del público ha evolucionado y considera que reírse de una mujer o utilizarla como objeto sexual no es gracioso ni artístico. El machismo ya no vende”.

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Fátima Florez, actual reina de la cartelera de Mar del Plata con Fátima es mágica, lo reafirma: “Si uno mira el humor de años atrás, hoy no entiende cómo naturalizábamos ciertas situaciones o chistes que parecían graciosos y eran patéticos”. La opinión de la cantante drag La Queen, hoy en Burlesque Baires Show, es: “Se sigue usando eso de discriminar o reírse de ‘el diferente’. Ya  no es divertido”.

Otras colegas son más optimistas. Para Florencia Torrente, haciendo temporada en Carlos Paz con Atrapados en el museo, “está buenísimo concientizar, poder hablar y que las cosas cambien. Estamos en un momento de mucha visibilidad de la mujer, de no permitir que pasen ciertas cosas”. En la misma línea habla la actriz de Mentiras inteligentes, Micaela Vázquez: “Hoy la mujer puede hablar y defenderse. Si es colocada en el lugar de objeto de deseo, el espectador, sea hombre o mujer, se incomoda. Lo machista es antiguo. El humor es más inteligente”.

El factor tiempo es crucial, tanto para delinear un antes y un después, como para mostrar un proceso que está lejos de concluir. La popular Lizy Tagliani, de Los Bonobos, reconoce que “hay un cambio en el humor y en la forma de trabajar”. Y agrega: “Todavía existen modismos antiguos; los cambios llevan tiempo. Hay que educar, tener paciencia y no señalar”. Laura Azcurra, parte de la nueva puesta de Hello Dolly! y del Colectivo de Actrices Argentinas, también tiene una mirada esperanzada: “Lentamente empieza a transformarse la mirada sobre la mujer cosificada. Pero el cambio de conciencia que tenemos que llevar adelante es personal. El arte refleja esto”.

Fiel a su estilo, Moria Casán, hoy en ensayos para estrenar junto a Nacha Guevara en las tablas, sostiene argumentos mayormente contrarios y polémicos: “Yo soy de otra época, en la que la mujer se cosificaba menos. Ahora veo que se cosifican más, se autocosifican y desde ahí se embanderan. La cosificación no se la impone el medio ni nadie, sino que se la pone la propia mujer. No hablo de feminismo. Tenemos que ser todos más honestos. Y los hombres, aunque les va a costar, modificar algunas actitudes, porque es un mundo machista. Ellos están aprendiendo, pero lamentablemente hay un femicidio por día”.

Me gusta ser mujer. En el teatro, como en tantos otros ámbitos profesionales, el género del intérprete condiciona el desarrollo laboral. Ana Acosta lo sabe: “Ser mujer en el mundo del teatro es maravilloso, pero dentro del humor es bastante más difícil, por la concepción según la cual el que hace reír es el hombre y la mujer es la que da el pie. Trabajé con grandes capocómicos y me negué a hacer algunas cosas”. Mica Vázquez tiene otra percepción generacional: “Yo me siento igual que Fede Bal y que Arnaldo André, compañeros de elenco. Puedo decir qué sí y qué no, y se me escucha y se me respeta. A mí no me tocó vivir situaciones desagradables o injustas, pero entiendo y escucho que hay a quienes sí, y me encanta que puedan hablar y que se pueda hacer justicia”.

    

Revista sí, revista no. El género de la revista ha sido señalado como un ámbito en el que la mujer aparece con poca ropa y en actitudes que suponen ser erotizantes para la mirada masculina heterosexual. Sin embargo, son muchas las actrices que, histórica y/o actualmente, protagonizan el género y lo defienden. Moria Casán opina: “No hay que ningunear el teatro de revista, de donde salieron nuestras grandes figuras como la Merello, Olinda Bozán y hombres muy importantes… El teatro de revista, que es muy difícil de hacer, es ninguneado a veces por las mismas personas que lo hacen. En las grandes revistas, no siempre la mujer era objeto de cosificación. Yo no lo permitía. Susana [Giménez], con el Gordo [Porcel], tampoco. Algunos chistecitos sobre nosotras, OK, pero eran naïf, absolutamente agradables. Ni Barbieri ni Marrone te cosificaban”. Casán completa su defensa del género: “Además, la revista no es el único género que exhibe a la mujer como objeto. En el mundo, la belleza siempre va a vender. Nunca me basé en mi cuerpo; siempre vas a tener un plus de haber sido un símbolo sexual, pero eso no tiene que modificar ni tu vida ni tus principios ni tu cuerpo”.

Quien precisamente da cuenta de estos cambios concretos en el género es la vedette Nerina Sist, de Dinamita Show: “Ha cambiado tanto, que el conchero –hoy “tapa sexo”– se dejó de usar. En el escenario, sí, quizás, salgo en bikini dos segundos, porque hago un espectáculo para toda la familia”. Sist completa su reflexión, pensando no solo en su caso personal sino también en otras figuras: “Ya no existen las revistas de antes, en las que había veinte chicas mostrando la cola y las lolas. Ahora es más liviano, hay más comedias. Las chicas más famosas como Julieta Prandi o Mica Viciconte van más por el lado de la comedia; Sol Pérez, que es el ícono de la que muestra la cola, está cambiando el perfil y haciendo más comedia liviana”.

Ana Acosta advierte cambios, pero reconoce reglas del género: “Tienen esa estructura y no van a cambiar. Al género de la revista no se le puede quitar la vedette. No sería revista. Lo que sí cambia es que scketches viejos fueron modificados porque eran subidos de tono y se reían de la mujer y no con ella”.

Cuánto y cómo mostrar. Una parte de las transformaciones de la imagen de la mujer en los escenarios parece tener que ver con, no tanto la desnudez, sino con el uso, sentido, estrategias en torno a esa desnudez. Moria lanza la primera piedra: “Está la que permitió que su culo se usara para que el cómico hablara media hora… Yo jugué mucho con mis tetas, sí, pero me ponía a los tipos en mis tetas. Depende de cómo se coloquen las mujeres. Yo siempre me empoderé e hice cosas muy lanzadas y jugadas. Me venían a ver del Instituto Di Tella y los intelectuales”.

Soledad García, la comediante de Entre ella y yo, recauda su experiencia tanto en escenarios como en la pantalla, y advierte sobre el peligro de hacerse trampa: “Como actriz, y en su momento como productora de “Préstico” –videos de humor que se emitían por Duro de domar–, creo haber intentado hacer entender que no hace falta que una mujer esté en culo para que ese sketch funcione. Lo bueno es que mi compañero, Seba Presta, siempre me escuchó y tratábamos de modificarlo. Lo malo es que era abismal la cantidad de visualizaciones que tenía un video con mujeres semidesnudas, frente al video que no. En mi caso, como artista, me sigo ocupando de no alimentar lo que ya entendimos como cosificación y/o autocosificación, que podría ser posar semidesnuda para tener más seguidorxs. Trato de negarme a hacer publicidades en que la mujer es feliz limpiando o se vuelve loca porque tiene canas... Ante todo, me ocupo de no caer, de no hacerme trampa, de seguir repensando mis contradicciones y de fortalecer lo que soy: mujer, a favor de nuestros reclamos, y actriz”.

Nerina Sist reconoce las leyes del mercado: “Ser vedette es muy fuerte y es de mucha exposición. Es simple: mucho más hoy, con las redes sociales. Tengo un 90% de seguidores hombres y el 10% de mujeres. Siempre dan ‘me gusta’ al desnudo. En bikini, 5 mil ‘me gusta’; y tapada, doscientos. Eso pasa más allá del empoderamiento de la mujer. El machismo sigue estando y esa es una de las formas de verlo. La sociedad no cambió mucho por más que exista el colectivo de la mujer. Siempre te juzgan más por lo que ven. Te ponen una etiqueta y eso, al menos yo, lo sufro mucho. Si subís una foto en bikini en redes, sos un gato, sos una trola. Pero todo lo que hago es un personaje arriba del escenario; yo no ando mostrando las 24 horas”.