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ESPECTACULOS / Teatro
viernes 9 marzo, 2018

El ayer y el hoy

En el tema de la enseñanza teatral la primera pregunta que surge es qué diferencia existe entre las generaciones pasadas y las presentes.

Agustín Alezzo

Especialista. Alezzo alerta acerca de que los teatros profesionales por producción y convocatoria se han reducido a menos de dos decenas en Buenos Aires. Foto: cedoc

En el tema de la enseñanza teatral la primera pregunta que surge es qué diferencia existe entre las generaciones pasadas y las presentes. En primer lugar, creo que la respuesta debería contemplar cuánto se ha modificado el medio cultural en los últimos setenta años.

Aquel Buenos Aires con sus cincuenta teatros profesionales aportando estrenos tan significantes como La muerte de un viajante en el Teatro Nacional o Un tranvía llamado deseo en el Teatro Casino, por tomar dos ejemplos, trabajando de martes a domingos con dos funciones los sábados y dos los domingos, los treinta y tantos teatros con sus elencos estables, dirigidos por excelentes directores con funciones de jueves a domingo, con sus cines de la calle Lavalle que abarcaban (pegados unos a otros) varias calles, sin contar los de la calle Corrientes y los de cada barrio porteño, ofreciendo películas de todo el mundo: japonesas, rusas, polacas, checas, alemanas, suecas, españolas, italianas, norteamericanas, mexicanas, siendo sus actores y directores populares entre nosotros, el mundo editorial editado en nuestro país, nos ofrecía literatura de los más diversos lugares y las colecciones de obras teatrales eran moneda corriente, junto a revistas especializadas que analizaban todo el mundo cultural, la coexistencia de muchos cine club, cada uno con ciclos brillantes, ese Buenos Aires es el pasado, un mundo que ha quedado atrás. Los jóvenes nos nutríamos de ese cine, teatro y de la lectura como necesidad cotidiana.

Hoy los teatros profesionales se han reducido a menos de veinte, y demos gracias a los empresarios que mantienen sus salas, porque una ciudad como Buenos Aires no puede dejar de incluirlos. Hoy los teatros independientes se han convertido en salas que se abastecen con espectáculos que realizan cada uno una función semanal, mientras que los cine club se han reducido en número considerable, casi como su público se ha modificado pasando de jóvenes a personas de edad avanzada.

Los aspirantes a actriz o actor se acercan plenos de inquietudes con respecto al aprendizaje, demostrando en muchísimos casos tener condiciones apreciables a desarrollar, pero la lectura es algo que no está integrado a su quehacer de cada día, agravado por la dificultad que representa obtener el material teatral que se edita en cuotas insignificantes. Ir al cine a ver lo poco que llega de la producción universal quedó reducido a cuatro o cinco salas en todo Buenos Aires. Los cinematógrafos en general ofrecen las grandes producciones norteamericanas con agentes de la CIA que persiguen a otros agentes de la CIA entre grandes cantidades de pochoclo.

La tendencia que prevalece es un cine y un teatro ajeno a los grandes problemas del hombre y de las sociedades, y a la razón de sus existencias. Es un cine y un teatro en un 80% pasatista, que se detiene meramente en el primer escalón, el entretenimiento, sin inducirnos a una reflexión profunda sobre el mundo en el que vivimos. Por supuesto que hay excepciones, y en ese sentido Buenos Aires en su inmensidad guarda muchos resquicios culturales extraordinarios con creadores, pensadores, intelectuales y artistas de innegable relevancia que no siempre ocupan los espacios que les corresponderían en beneficio del mundo cultural.

Esos centros creativos con individuos tan sobresalientes resisten a través de su palabra y sus trabajos, iluminando nuestros espíritus y señalando el camino. Gracias a ellos subsiste la esperanza. Es por todo ello que creo que la formación de actores hoy debe continuar siendo estricta como lo fue en sus tiempos más brillantes, orientando a cada alumno a través de nuestro trabajo, que se caracteriza por ser enriquecedor, ahondar intensamente en la relación de cada uno consigo mismo, con los seres más cercanos que nos acompañan íntimamente en el curso de nuestra existencia, con la sociedad de la que formamos parte, con el mundo en el que vivimos y con Dios, sea como sea que lo concibamos o lo neguemos.

Si cumplimos en nuestro trabajo con estas premisas, estaremos desarrollando un mundo que no será el de antes, sino otro distinto y quizás mejor.

*Director y maestro.


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