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ESPECTACULOS / Bobby Flores
sábado 9 diciembre, 2017

La austeridad para tener conciencia tranquila

El director de Nacional Rock asegura que se negó a trabajar para Cristóbal López, porque era evidente que nadie podía tener cinco radios mantenidas con pauta oficial.

Alfredo Mera

Estrategia. Armó shows con los que pudo recaudar dinero para el Hospital de Niños. Buscó, hasta ahora, darle identidad a la Nacional Rock. Foto: grassi

Casi dos de los cuarenta  años de carrera que lleva Bobby Flores –una maratón radial, habiéndose dado lujos como trabajar con Lalo Mir o participar junto a Mario Pergolini y la “Negra” Vernaci de la identidad única que tuvo la Rock & Pop–, se los dedicó a Nacional Rock y en ese trabajo de refundación encuentra como logro principal que “la radio ha tomado una identidad artística y que se la reconozca entre el montón de radios, eso es lo que más me interesaba”. El equipo que formó, sumado al disco y los shows que sirvieron para juntar cuatro millones de pesos para el Hospital de Niños, es lo primero que se le viene en mente a la hora de destacar en lo que lleva al frente de la emisora pública.

—¿Cuánto cuesta dar identidad?

—Hoy es más complicado, quizás por el estado de la radiofonía en sí. Lo que está pasando atenta contra cualquier proyecto que tengas. No en ésta especialmente, que es una radio pública, pero en las que dependés de la publicidad y de los hechos artísticos, no tenés tiempo para desarrollarlos. No existen los tiempos que hacían grande a una radio, porque había prueba y error. Desde Mitre de los 70, El Mundo con Larrea, Carrizo y Fontana o Rock and Pop, que durante dos años pasó música hasta que empezó con los programas. Hoy es impensado. Hoy tenés una bala, no un cargador.

—¿Quién acortó los tiempos?

—Ante todo, creo que el achicamiento del mercado. Sabemos lo que pasó con las pautas que sostenían radios. Después, apuntar para abajo con el público. Tal vez sea mejor para tu radio, pero sabemos adónde va a parar. En vez de esforzarnos en entender un concepto nuevo, te dan los que ya tenés y te dan la misma puta vuelta todo el día. Sin desmerecer a nadie, hay radios que son espantosas.

—¿Cómo vivís este momento de la radio?

—Ni bien me nombran director de esta radio, en la primera nota que me hacen me dicen que cómo iba a resignar plata por este proyecto y mi respuesta fue: “Antes que trabajar para Cristóbal López prefiero hacer esto”. No por una cuestión moral o de honestidad brutal, sino por una cuestión práctica. Ese tipo iba a chocar, nadie puede tener cinco radios. Me han llamado para hacer radio, me decían de ponerla al aire y yo les contestaba que no tenían nada y ellos replicaban: “No importa, hay que meter esta guita que tenemos de pauta, después vemos qué sale al aire”. Era una locura lo que estaba pasando, si no lo podías ver era porque no querías. Obviamente, hay gente que no puede elegir. Hablo del que pone la caripela.

—¿Cómo te tocan los despidos que habrá en la administración pública?

—Hasta ahora no me dijeron nada. No sé si nos toca, hasta donde sé, hay otros lugares donde hay algunas noticias al respecto. Es más, estamos arreglando los contratos para el año que viene y los cambios que hay son artísticos.

—¿Te parás a ver cómo se gestionan otras radios, aunque sean privadas?

—Acá dependés del presupuesto. Tengo amigos que gestionan radios con un presupuesto diez veces mayor. Dependés mucho de qué disponés.

—¿Termina siendo una tranquilidad no tener “la bolsa llena”?

—Y, sí… A los primeros que llamé para venir a esta radio fueron amigos que sabía que, ante todo, no necesitaban esta guita. Tipos con otras carreras. Yo mismo, que trabajo en otras radios. Nadie vive de lo que gana en Nacional. Estoy pagando sueldos que te sirven para la prepaga o la cuota del colegio de los pibes. Acá vamos al proyecto, a hacer una radio de rock argentino.

—¿Te ves cerrando un ciclo en un par de años?

—No me quiero perpetuar acá. Estoy en un momento de mi vida en la que hago cosas sólo para que el día de mañana mi hijo esté contento, para que un día pase por la puerta y diga: “A esta radio la hizo mi viejo”.

—¿Sentís que había que hacerla de nuevo?

—Sin desmerecer a las gestiones anteriores, cuando llegué acá estaba vacía. Tenía locutores y operadores como para tener una radio al aire, pero artísticamente no había nada. Lo cual me pareció fantástico. Siempre prefiero empezar algo que continuar algo. Es una cuestión casi espiritual.

—¿Cómo viste las sociedades que formó Mario Pergolini con Indalo y Szpolski?

—No sé cuáles fueron los términos. Lo conozco a Mario y sé que es un tipo

bastante honesto. Quiero decir, no se metió en ninguna banda. También hubo un momento donde tenías que caer con esa gente porque no había otros. Tenías a La 100 con su gueto y después era todo de ellos.

—Pero vos elegiste…

—Bueno, yo sí, pero yo todavía no terminé mi casa, tengo un auto de 150 mil pesos y debo plata hasta en la prepaga que voy tapando mes a mes. Yo elegí eso, no me quejo. Vivo así, duermo tranquilo y nadie me puede decir nada.


Recuerdos de la Negra

—¿La Negra suele bromear sobre vos. ¿Cómo quedó la cosa entre ustedes?

—La Negra es inimputable. Hasta mi mujer la quiere. Crecimos juntos, más allá de ser o no ser novios. Eramos un grupo de gente muy pendeja que estábamos en la radio y que nos cuidábamos mucho porque sabíamos que mañana podíamos trabajar juntos.

—Si jode, te lo tomás a la joda.

—Sí. La Negra cuenta cosas que es probable que hayan sucedido, pero yo no recuerdo o las recuerdo diferente. Eran los 80, veníamos de una época oscura y con veintipico de años nos tocó abrir esas puertas.

—¿Podrías ser su director o el de Lalo?

—Yo no doy órdenes. Detesto hacerlo. Hay una sola clase de persona que detesto por naturaleza. Las que dejan de dar consejos para dar órdenes. Un samurai decía que el buen príncipe no es aquel al que le obedecen órdenes, sino al que le cumplen los deseos. Expresar un deseo es una forma de dar órdenes, así que podría ser director de ellos, porque tenemos los mismos deseos.

—¿Te veías venir lo que pasó con Cordera o Pertusi?

—Obvio. Iba a haber un boludo que iba a decir “a las minas hay que violarlas”. El rock se acercó a la bailanta y fue terrible... Eso tiene que ver con la pauperización del pensamiento y con desprecio por el intelectual.


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