Cielo cubierto
Temperatura:
9¬ļ
Ciudad:
Buenos Aires
viernes 20 de julio de 2018 | Suscribite
ESPECTACULOS / cine
s√°bado 9 septiembre, 2017

La llama que llama

El a√Īo pasado, en la obra Sangre, sudor y siliconas, una de las tantas maravillas teatrales de Gonzalo Demar√≠a (amigo y coautor, con quien escribimos Amar despu√©s de amar para Telefe), aparec√≠a una llama en escena.

Erika Halvorsen

Trayectoria. Luego de haber escrito la novela El hilo rojo, fue adaptada al cine con la China Su√°rez y Benjam√≠n Vicu√Īa. Le pidieron otra historia con inter√©s femenino, y surgi√≥ Desear√°s, que llega al cine protagonizada por Pampita. Foto: cedoc

El a√Īo pasado, en la obra Sangre, sudor y siliconas, una de las tantas maravillas teatrales de Gonzalo Demar√≠a (amigo y coautor, con quien escribimos Amar despu√©s de amar para Telefe), aparec√≠a una llama en escena. Cuando digo ‚Äúllama‚ÄĚ no hablo de prender una hornalla. Hablo del mam√≠fero t√≠pico del altiplano. Claro que Gonzalo no domestic√≥ un cam√©lido tra√≠do de la Puna, la llama estaba excelentemente resuelta por su equipo de arte.

Al salir del teatro le dije que envidiaba su libertad. Yo no me hubiese atrevido a escribir semejante aparición. O, mejor dicho, no me hubiese animado a imaginarla.

El personaje de la llama acababa de interpelarme. Pens√© en lo peligrosa que puede ser la falta de libertad. ¬ŅPuede haber algo m√°s libre que la imaginaci√≥n? El animal de peluche se convirti√≥ en mi verdugo y encendi√≥ una alarma.

La escritura siempre fue para mí un ejercicio constante de libertad, aunque nuestro oficio pide adaptarse a ciertos límites. En televisión existen normas, costumbres, horarios. Pero también existen esos censores internos que nos prohíben imaginar escenas aun antes de escribirlas.

ADDA fue una gran oportunidad para ejercitar la zona de riesgo en peque√Īos gestos, detalles. Por ejemplo, un primer contacto entre los amantes que no fuera un beso. Los autores sabemos que uno de los cap√≠tulos m√°s importantes en una telenovela es el primer beso entre los protagonistas. En ADDA peleamos para que el primer contacto fuera una mano. La mano de un hombre entrando en la pelvis de una mujer. Sin palabras tiernas. El gal√°n masturbando a la hero√≠na, y su esposa, dormida en el mism√≠simo sof√°. La escena fue cuestionada y discutida antes de su realizaci√≥n. El temor era lastimar el sentimiento amoroso. Como si un beso y un ‚Äúte amo‚ÄĚ habilitaran todo lo que pueda venir despu√©s.

Por suerte, y gracias a los enormes actores que tuvimos, la escena entre Carolina Fazio y Damián Kaplan fue recibida con pasión y nadie dudó que una enorme historia de amor acababa de nacer.

Luego de escribir ADDA, y casi como un chiste del destino, otro Kaplan, pero no de ficción, apareció en mi vida: Diego Kaplan. Director de cine a quien admiro desde su irreverente programa de TV Son o se hacen.

El y Alex Kahanoff se sentaron frente a mí en un bar y fueron aun más amenazantes que aquel animal de utilería: me propusieron hacer una película que indagara el deseo femenino. Kaplan no quería anécdotas, quería sumergirse en el hipotálamo de las mujeres, así lo dijo.

Por otro lado, luego de haber tenido muy buena recepción con mi primer libro, El hilo rojo, la editorial esperaba una propuesta mía para una segunda historia. Así fue que, sin excusas ni limitaciones, me enfrenté a mi kryptonita: la libertad.

Concentrada en el proceso creativo, descubr√≠ que la inspiraci√≥n es una suerte de epilepsia, casi igual a un orgasmo. Y ah√≠ se me uni√≥ todo. El deseo, la creaci√≥n, la electricidad. Pens√© en la historia de las mujeres mutiladas. Pens√© en aquellas mujeres deseantes tildadas de ninf√≥manas y sometidas a tratamientos tortuosos (sanguijuelas en el √ļtero, quemaduras). Me transport√© a la √©poca de nuestras madres, nuestras abuelas. La invenci√≥n de la p√≠ldora anticonceptiva. Nos pens√© a todas intentando ser due√Īas de nuestros propios cuerpos. Tener la libertad de imaginarnos madres o neg√°ndonos a ello. Pens√© en ese momento inici√°tico que se produce cuando nos animamos a tocarnos el cl√≠toris. Ese descubrimiento √≠ntimo, explosivo y culposo. ¬ŅDe d√≥nde viene el miedo a nuestro propio cuerpo? Existen mujeres adultas que jam√°s se masturbaron. Que se reprimen. Tenemos cuerpos dise√Īados para autocomplacernos. La masturbaci√≥n tambi√©n es un hermoso gesto de libertad. Una ni√Īa que descubre el placer frot√°ndose contra un almohad√≥n es la muestra pura de ello. Lo infinito del cuerpo y la imaginaci√≥n, y luego los l√≠mites que heredamos. La mutilaci√≥n mental, encorsetar sue√Īos, fantas√≠as, deber√≠a ser pecado mortal.

Describir en detalle un primer espasmo org√°smico, una primera excitaci√≥n, ponerles nombre a las cosas, a las partes del cuerpo, fue mi peque√Īo gesto de libertad. Escribir ‚Äďy antes imaginar‚Äď Desear√°s me enfrent√≥ a mi propia pacater√≠a, pero decid√≠ rebelarme. Podr√≠a no haberlo hecho nunca.

El arte me ense√Ī√≥ que todos tenemos una llama entre bambalinas esperando entrar en escena en plena obra de teatro. La libertad est√° adentro, aunque decidir sea inc√≥modo. El riesgo es abrirle el corral y hacerla pasar o dejarla ah√≠, a oscuras, escondida, para siempre.


*Dramaturga, guionista y directora de teatro. Autora de El hilo rojo y Desear√°s.


Temas

Comentarios

Lo m√°s visto

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 |¬†Edici√≥n N¬ļ 4331

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 5985-4606 | (5411) 5985-4603 | Editor responsable: Ursula Ures | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Diario Perfil S.A.