ESPECTACULOS
Joaquin Furriel

“Ningún político nos puede hablar de la realidad”

Estrenó con éxito el film El hijo y Hamlet en el San Martín. A sus 44 años perfila convertirse en el actor más importante de su generación. Ejercita el pensamiento crítico cuando se trata de hablar del momento actual, y señala a la grieta como un Titanes en el ring del que hay que salir.

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Mirada. Joaquín Furriel se queja de la mediocridad de la grieta, de que no se convoquen a pensadores, filósofos y sociológos para hablar de la Argentina. | Pablo Cuarterolo

Sus trabajos nunca tienen nada de improvisación. Cada proyecto que encara Joaquín Furriel lo medita, casi lo acaricia hasta perfeccionarlo. Hace más de un año junto a Rubén Szuchmacher soñaron juntos hacer Hamlet de William Shakespeare. Ya lo estrenaron en la sala mayor, la Martín Coronado del teatro General San Martín, y hacen funciones de miércoles a domingos.

 “Desde Final de partida con Alcón (2013) –aclara Furriel– que no pisaba los escenarios. Es muy especial para mí este espectáculo, ya que desde que conocí a Alfredo (Alcón) cuando hicimos Rey Lear, él siempre me acompañó incluso como espectador, como cuando hice Lluvia constante. Nos íbamos a comer después de la función y hablábamos del trabajo. Hace pocos meses falleció Igón Lerchundi, quien junto a Roberto Escobar fueron mis maestros en el Conservatorio. Fui con ellos a festivales llevando Juan Moreira y una versión de Crimen y castigo. Y esta será la primera obra sin ellos. Tiene esta particularidad: no estarán los que fueron muy importantes para mí”.

—Cómo actor, ¿a qué riesgos te enfrenta “Hamlet”?

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—Creo que es la obra más difícil que me tocó hacer. Es el texto de teatro occidental más complejo, aún más que La vida es sueño. Calderón de la Barca escribió en verso y eso te sostenía, es una partitura, un artificio que ayudaba. Aquí la dificultad está en la prosa y a diferencia de Segismundo, que solo tenía dos monólogos, aquí tengo siete. Todos distintos, con pensamientos diferentes. Hamlet es un antihéroe, no está preparado para vengar a su padre y esta inacción es la que le dispara interrogantes existenciales, nihilistas, incluso tratados sobre el amor, el suicidio y las mujeres. Shakespeare pone al actor a dar una clase de actuación.

— ¿Cuál es la mirada del director (Rubén Szuchmacher) sobre este texto?

—Creo que lo primero que me dijo fue que había que hacer nuestro “Hamlet” poniéndole el cuerpo. Rubén tiene una estética y una ética: lo más importante es el texto. Por algo es el director que más Shakespeare ha dirigido. Creo que es su quinta puesta.

— ¿Sentís que sigue siendo actual?

—Me maravillan sus posibilidades, y lo más importante es todo lo que tiene que seguir diciendo en cada momento. Imagino cómo habrá resonado en tiempos de la dictadura, también hoy por la realidad que estamos viviendo en el país y en el mundo, en este 2019. Me parece que en este sentido es un personaje que se coloca en una zona de pensamiento y todavía sigue siendo muy contemporáneo. Y lo va a seguir siendo hasta que el Homo sapiens deje de estar peleando permanentemente. Uno ve los debates en televisión y solo hay gente discutiendo, no ves a nadie pensando. Si la Argentina está como está dudo de que ya sea el oficialismo, como la oposición, los que puedan dar una receta. Me sorprende que no haya filósofos, políticos o sociólogos participando en el pensamiento de qué país se quiere. Siempre son economistas, políticos de mediana importancia y los de gran impacto social que no tienen ninguna idea nueva para decir, desde hace años. Siguen ocupando espacios mediáticos, lo cual demuestra una gran mediocridad. Ninguno piensa en la Argentina, están todos en la “rosca” política.

—¿Falta pensamiento crítico?

—Supuestamente Hamlet estudió en Wittenberg –donde Lutero escribió la Reforma–,vuelve a este reino establecido y en vez de meterse en este mundo se pone a un costado y piensa. Eso es lo que deseo que pase en nuestro país: nuevas generaciones, un hombre o una mujer que se atreva a pensar la Argentina de una manera más amplia. No quedarse con la grieta, esa estupidez y subestimación. Veo gente que se pelea y cree que es inteligente. Criticar a este gobierno o al anterior empieza a ser demodé. Hay que discutir qué Argentina queremos, más allá de este Titanes en el ring en el que nos han metido. No me interesa. Me gusta ver en la televisión a gente de verdad, las otras presentan realidades inventadas. Ningún político nos puede hablar de la realidad, ellos tienen una mirada especulativa. Leo todos los diarios para ver cómo cada uno me quiere manipular, aunque la única realidad es la de mi entorno, la de mi familia o mis amigos, los que no llegan a fin de mes. Quiero tener muchas opiniones para no quedarme atrincherado en la mediocridad en la que estamos. En este sentido me parece que Hamlet es una propuesta atractiva, en cuanto al ejercicio del pensamiento. La obra divierte, entretiene, tiene acciones y venganzas que el público va a poder seguir. Y textos que nos hacen reflexionar y pensar.

—¿Te asusta estar tanto tiempo –tres horas– sobre el escenario?

—No estamos acostumbrados, pero me vengo entrenando hace mucho en este tipo de espectáculo. Hace diez años hice La vida es sueño sin intervalo y eran dos horas veinte. Claro que tengo más años… Walter Santa Ana me dijo que para hacer este teatro hay que dedicarle la vida. Fuera de Hamlet está solo mi hija. Necesito dormir ocho horas por mi voz y luego trabajar los textos para encontrar todas las sutilezas, si yo la entiendo se lo podré transmitir al público. Tengo como diez libros de apoyatura, además de las cinco versiones con sus respectivos prólogos.  La versión que hicieron –Szuchmacher y Vilo– es la mejor por lejos, no tiene nada que confunda.

— ¿Y si la gente se va en alguno de los dos entreactos?

—Así como hay un Microteatro, este es un macroteatro. El que viene a ver Hamlet sabe lo que dura. Si hiciéramos la totalidad serían cinco horas. Los intervalos son los mínimos descansos para entender la información y permitir la comprensión, son unidades. Serán solo diez minutos para ir al baño o mandar algún WhatsApp. Prefiero que se vayan antes a que estén inquietos. Es un gesto democrático. Tendremos el público que nos merecemos.

“MI padre es artista plástico”

Muy pocos son los intérpretes que ante un nuevo papel suman cambios en su rutina diaria. Por eso sorprende cuando Joaquín Furriel, antes de ser Hamlet dejó el gimnasio por la natación, incorporó horas de yoga y volvió a convocar a la profesora de vocal, Liliana Flores, para que lo supervisara en su decir. “Quiero tener bien los resonadores del personaje para que estén donde deben estar. Me corté el pelo, para algunos parezco Kafka y para otros un personaje de Peaky Blinders. En principio haremos tres meses de temporada, pero no tengo certezas. Me gustaría mucho llevarlo a Madrid. Hubo un proyecto de hacer La vida en sueño en España, pero no se concretó, tal vez con Hamlet pueda”.

Joaquín Furriel estrenó la película El hijo, y va funcionando bien en la taquilla. Es del mismo director de El patrón, radiografía de un crimen: Sebastián Schindel. En el elenco que él encabeza están Martina Gusmán, Luciano Cáceres, Heidi Toini y Regina Lamm. Allí encarna a un artista plástico. “La idea de caracterizarme siempre viene de parte de Sebastián (Schindel) –confirma–. El trabajo que hicimos en El patrón fue de menos a más. Con este nuevo personaje –Lorenzo– buscamos algo del orden de lo desprolijo, desde una panza hasta la barba y los bigotes, sin olvidar los anteojos. Juntos fuimos armándolo. Ya tenemos con el director una manera de trabajar juntos. Los cuadros que se ven en la película son de Andy Rivas, quien está acostumbrado al cine, tiene vínculos con la familia Puenzo. También trabajé con Andrés Waissman, soy muy fanático de una serie que tiene, que se llama Multitudes. Con su mujer, Gachi Prieto, son dueños de una galería importante y están muy involucrados con el arte visual. Mi padre es artista plástico, pinta desde los 30 años. Viví cuatro años con mi madrina, que en los 80 se dedicó a lo abstracto, incluso expuso en Bruselas. Mi etapa de estudiante en el Conservatorio la viví en su atelier y miraba cómo trabajaba. Mi tía también pinta. Es un mundo para mí cercano”.