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domingo 5 enero, 2014

“No hay distinciones políticas: son todos inútiles”

En Mar del Plata con Vale todo, reconoce que la temporada arrancó mal de taquilla y critica a todo el espectro ideológico, desde Cristina Kirchner hasta Mauricio Macri, pasando por Massa y Lousteau.

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por Gisela Nicosia


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Foto: Enrique M. Abbate

Con el cansancio del estreno y de los incontables ensayos, confiesa que siempre tiene nervios en las primeras funciones. En esta oportunidad, el motivo es presentar en Mar del Plata la comedia musical Vale todo, con música de Cole Porter, que protagoniza con Florencia Peña y Diego Ramos.
“No tengo grandes expectativas en esta temporada, sólo espero que salgamos empatados porque la temporada arrancó muy floja”, dispara mientras le sirven el desayuno en el hotel cinco estrellas donde siempre se hospeda cuando viaja a La Feliz.
—Como dice, la taquilla viene mal. ¿Cuál es su sensación para este verano?
—Empezó muy floja: como el año pasado, pero peor. El año pasado no había gente y este año hay turistas, pero son los que se escaparon de Buenos Aires por el corte de luz, la ola de calor, los cortes de las calles. No vienen con ánimo de ir a ver teatro. Es un empujón de gente harta de todo, porque los que tienen luz también escapan porque están cansados de escuchar el reclamo del que no tiene.
—¿Cómo analiza la situación de déficit energético?
—Si bien no lo sufrí, mis familiares y muchos amigos sí. Creo que es terrible, es una cosa que nos pinta mucho de cuerpo entero a los argentinos. No se puede ser tan ineficiente, es la cultura de “lo atamos con alambre”. Son todos inútiles, acá no hay distinciones políticas: son los de derecha, de izquierda, los privatistas, los estatistas, los del Gobierno de la Ciudad y los de la Nación. Están como los chacareros viendo si llueve, y capaz que zafan. Eso empaña cualquier logro de cualquier gobierno.
—Hablando de logros del gobierno, ¿qué opina sobre el nacional?
—Hay logros, como la recuperación de la fragata Libertad o la aprobación de la ley del matrimonio igualitario, o la lucha por los derechos humanos, que son hitos épicos, históricos, pero si vos le cagás el día a día a la gente, es terrible. Como sucede con los trenes y los accidentes, los piquetes, los cortes de luz, agua, gas: todo eso empaña los logros de un gobierno, y no sólo lo digo a nivel nacional.
—¿Cómo evalúa la actitud de Mauricio Macri y su equipo ante el reclamo de los porteños?
—Lo de Macri es patético. Tanto su presencia como el episodio del fotógrafo, es un trucho. Es ridículo, grotesco. Ahora asume la responsabilidad más que nada porque Cristina no está, pero es un hombre que se la pasó de vacaciones para copiar el Metrobus. Nadie tiene la suficiente integridad, como la Carrió o Pino, que denuncian pero hay que ver qué pueden hacer a nivel ejecutivo. El tablero político es rarísimo.
—En muchos reportajes se reconoce como un admirador de la inteligencia de la presidenta Cristina Kirchner, ¿qué opina sobre su ausencia ante esta problemática social?
—Creo que es una mujer inteligente, pero su ausencia debe ser por su salud. El poder, evidentemente, desgasta. Todos los que suben de una manera terminan de otra. Como Alfonsín, que pasó seis años y parecía que habían pasado veinte, debe ser muy asfixiante. El problema de salud, más la acumulación de años en el poder, terminan por desgastar la fuerza, y este repliegue es por una cuestión de hartazgo y cansancio. Clarín dice que quiere la reelección, pero si hay algo que esta mujer no quiere, es la reelección, porque debe tener los ovarios por el piso. También hay una cuestión de encontrarse solo, de que “ya está, ya hice todo, que vengan otros para seguir”.
—¿Los líderes se agotan?
—El problema es que la política es muy personalista, sobre todo en Argentina. Cuando el líder se debilita, se cansa o se muere, se terminó el proyecto. Es como una tragedia de Shakespeare: todos los demás se pelean por lo que queda de poder y eso hace que el país vaya y vuelva.
—Define el tablero político como raro. Ante eso, ¿cómo observa a Sergio Massa?
—Hace ruidito que Massa era jefe de Gabinete y ahora está en su partido. No era un simpatizante más, estaba defendiendo a capa y espada las políticas del kirchnerismo. El dice que toma lo bueno, y entiendo que todos podemos cambiar, pero hay un poco de ruido, porque no es el primer caso. También esta Martín Lousteau, que fue el que puso en marcha las retenciones pero ahora está en la vereda de enfrente. El ciudadano común puede saltar de vereda, pero el político me hace ruido. Al aceptar un cargo tan importante, como es un ministerio o la Jefatura de Gabinete, debe mantener una línea ideológica.
—Yéndonos sólo un poco de lo político... Ultimamente sigue la línea de Broadway, pero al mismo tiempo promete dar un giro el año próximo. ¿Quiere volver a sus monólogos políticos?
—Si hiciera monólogos políticos, convocaría mucho público, pero elijo hacer obras que me diviertan más. Aprovechar la posibilidad de ser parte de un grupo de trabajo donde comparto escenario con grandes talentosos como Flor Peña o Diego Ramos. Estoy feliz por eso, pero el año próximo cambio.
—¿Se viene la vuelta de “Salsa criolla”?
—Es mi idea. Volver a presentarlo en 2015 porque se cumplen los treinta años del estreno. Haré lo mismo, desde el descubrimiento de América, de Argentina, la Revolución de Mayo, Rosas, y el ciudadano típico que cambia. Luego lo que es Alfonsín, Menem y el kirchnerismo lo contaré con monólogos. No tengo definido aún qué diré.
—El año pasado se le generó una polémica por un comentario sobre la Presidenta, en el que quedó que se refirió a ella como “loca”. ¿Ahora cuida más lo que dice para evitar malos entendidos?
—No me censuro, sólo pido a los medios que se midan en los títulos. Todo fue porque hablé de la pesificación. Sigo estando de acuerdo con la medida, porque un país sin moneda no existe. Pero ahora pienso en la plata por primera vez en mi vida porque noto que no me rinde el dinero. Noto la diferencia de lo que se puede hacer con un billete de cien pesos y lo que ya no se puede hacer. Si no me rinde a mí, que no tengo problemas económicos, el trabajador la pasa mal. No es que vivo mal, pero la plata no te permite capitalizarte. Igual, se puede criticar todo del Gobierno pero hay libertad de expresión. Pese a que se nota la brecha, digo lo que pienso en los medios; por ejemplo, cuando digo que estoy a favor del matrimonio igualitario me repreguntan cuánto me pagó Cristina para decirlo, y no es así.
—¿No le gustaría ser asesor de algún político?
—No, porque como asesor sólo daría ideas y luego los políticos harían lo que quisieran, y no quiero que luego me digan nada. Dejo esas cosas a los que saben. Yo sólo hago análisis, pero no es para mí la política.

*Desde Mar del Plata.


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