ESPECTACULOS
Luis Piedrahita

Su único límite es el talento

Ilusionista, humorista y amante del cine, se presenta en el Liceo Comedy el próximo fin de semana con la idea de seducir al público porteño. Sostiene que su texto será el mismo que en España, sin chismes de toreros ni de políticos.

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Stand up. Luis Piedrahita es un cómico español que apela a la magia en su espectáculo que está de visita en el Liceo. | Diego Martínez

El artista español Luis Piedrahita solo hará tres funciones en Buenos Aires, que ya se iniciaron y que incluirán el viernes 6 y sábado 7 de julio. Se presenta con su unipersonal Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas, en el teatro Liceo Comedy.

—Te definís como humorista, ilusionista, escritor y director de cine. ¿Cuál de estas profesiones preferís?

—Gracias a Dios no tengo que elegir. La magia, el humor, el cine… siempre han sido mis pasiones. Me considero afortunado de poder dedicarme a cada una de ellas y creo que cada una enriquece a las demás. Intento que mi magia sea divertida e intento que mi humor sea lo más mágico posible. Pertenezco a ese afortunado grupo de personas que disfrutan haciendo lo que hacen.

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—Oriundo de La Coruña: ¿el humor gallego es diferente del catalán, el vasco y el madrileño? ¿Cómo caracterizarías a cada uno?

—Te refieres a regiones de España en las que se hablan idiomas distintos. El humor gallego es muy irónico, amargo e introvertido. Todo lo contrario que el andaluz, que es alegría, surrealismo y fiesta constante. El catalán es muy intelectual y muy infantil al mismo tiempo, a veces escatológico. Y el vasco es franco, honesto y campechano. En España no varío ni una coma en cada una de las regiones. Escapo del humor local y del momento. Me gustan los temas más perennes y universales.

—¿Hay algún tema con el que no harías humor?

—En España hay ahora un debate muy aburrido sobre cuáles han de ser los límites del humor. Se habla de la libertad de expresión, de la ofensa, del respeto... y todas esas ideas van pasando de boca en boca como un chicle al que ya no le queda sabor. En mi opinión, el único límite del humor ha de ser el talento del humorista. Un ejemplo. ¿Se puede hacer humor sobre el holocausto judío? Recuerdo el caso de Tonino Guerra –guionista italiano que escribió la película Amarcord, de Fellini, y Blow Up, de Antonioni–, que fue apresado por los alemanes y pasó dos años en un campo de concentración. Cuando lo liberaron escribió algo parecido a este chiste que ahora reproduzco de memoria: “He estado contento muchas veces. Pero la vez que más contento he estado fue cuando me liberaron, que vi una mariposa y la miré sin ganas de comérmela”. Explica con humor, poesía, amor y ternura una de las realidades más atroces por las que ha pasado la humanidad.

—¿Reemplazás alguna palabra para actuar en Argentina?

—Si no cambiara nada la gente lo entendería pero no reiría tanto. Mi humor no es local. Los temas que tocaré en Buenos Aires y los que hago en España son los mismos. Hay que cambiar alguna palabra, no más de veinte en un texto de 15 mil.

—¿Los cambios políticos que sufrió recientemente España modificaron tus presentaciones?

—No he cambiado ni una coma. Al no ser un humor ligado a la actualidad tampoco toco la política; no hay nada más local o perentorio. Ni hablo de toreros, modelos o chimentos del momento. No tengo nada contra ese humor. Es más, considero que es muy necesario. Simplemente no lo hago porque ya lo hace mucha gente.

—¿En qué te ayudó la magia sobre el escenario?

—Ambas actividades son complementarias. Disfruto mucho el momento de la creación: inventar los chistes, las magias, las metáforas visuales… me encanta. Todo cobra sentido cuando me subo a un escenario y puedo verlo funcionar delante del público. Mi pasión por la magia enriquece un poquito mi humor y mi pasión por el humor hace mi magia un poco más divertida. Me gusta que la magia sea divertida y que el humor sea mágico.

 

La amistad con Alejandro Dolina

Luis Piedrahita es un visitante frecuente en la Argentina, de la que conoce varias provincias y sorprende al relatar su admiración por Alejandro Dolina. “Nos conocimos allá por 2007, en Toledo –recuerda–. Yo era un fiel seguidor de su programa y me enteré de que Alejandro iba a hacer unas conferencias por España. No lo dudé. Asistí a todas las que pude y así nos conocimos. Desde entonces, todos los años, cuando el equipo de La venganza será terrible viaja a España, o cada vez que vengo a Buenos Aires, me reservo todo el tiempo que puedo para compartirlo con ellos. Esos ratitos con Alejandro Dolina, padre e hijo, con Martín, con Bartón y con todo el equipo del programa me hacen tremendamente feliz. La última vez fue hace apenas unos meses, en Mallorca. El programa de Alejandro viajó a España y consiguió abarrotar el descomunal Trui Teatre, uno de los teatros más grandes de Baleares. Fue un éxito arrollador. Artísticamente, muy emocionante. Fueron días maravillosos”.

“Sigo mucho la actualidad del país –reflexiona sobre Argentina–. Soy consciente de los cambios que ha habido. Incluso los que no hacemos humor político somos conscientes de esos cambios. Nada deseo más que que la sociedad argentina esté lo mejor posible cuanto antes. Hoy es importante que haya un espacio como el Liceo Comedy, un teatro en la ciudad que concentre a todos los comediantes del país y a los internacionales. Incluir a los nuevos, a los que surgen de las redes, hace que la nueva generación se acerque al teatro de nuevo”.