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sábado 25 noviembre, 2017

Crece el temor a que Trump pueda apretar el ‘botón rojo’ y desatar una guerra nuclear

Legisladores de ambos partidos quieren revisar el procedimiento que permite al presidente utilizar el temible arsenal atómico con un “ataque preventivo” contra Corea del Norte. Dudas de los militares.

por Santiago Farrell

Protestas. Analistas advierten que para el mandatario sería muy difícil ordenar el lanzamiento de misiles sin un ataque previo de Pyongyang, y sin consultar a su equipo de seguridad. Foto: cedoc perfil
En cada actividad de un presidente norteamericano, un oficial de la fuerza aérea lo acompaña con un portafolio negro en el que porta los códigos del lanzamiento electrónico de las armas nucleares, el célebre “botón rojo”. Ahora, por primera vez en más de 40 años, el Congreso quiere revisar el procedimiento por el cual un solo hombre tiene la potestad de desatar una guerra que podría destruir el planeta. Las razones de esta decisión se resumen, naturalmente, en un solo nombre: Donald Trump.

Fueron las propias palabras del presidente amenazando con desatar “el fuego y la furia como el mundo nunca ha visto antes” sobre Corea del Norte –una evidente alusión al empleo de armas nucleares– las que convencieron a republicanos y demócratas sobre el peligro real de una guerra atómica. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que Trump convierte algo impensable en inevitable.

Temores. El temor a dejar en manos del magnate devenido político semejante posibilidad hermana a oficialistas y opositores, por diversas razones. Además de sus amenazas explícitas, Trump, como afirmó el senador republicano Bob Corker, carece de la “estabilidad” o de la “competencia” para ser presidente.

El consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, sostuvo días atrás que el presidente “no descarta una guerra preventiva” para detener el programa nuclear de Corea del Norte. Y cada vez más legisladores temen que Trump decida lanzar un ataque nuclear preventivo sobre Pyongyang.

Es que, como explicó el analista Fred Kaplan, “todo el mundo sabe que entre los poderes del presidente está la posibilidad de volar el mundo en pedazos, pero pocos han explorado hasta qué punto puede hacerlo por sí solo”.

“El presidente de Estados Unidos es tan inestable, tan volátil y tiene un proceso de toma de decisiones tan quijotesco  que podría ordenar un ataque nuclear completamente ajeno a nuestro interés de seguridad nacional”, dijo el senador demócrata Chris Murphy en una de las audiencias sobre el tema.

Irma Argüello, de la Fundación NPSGlobal, agrega a las características psicológicas de Trump como riesgo el hecho de que siempre ha tenido “la instancia final de todas las decisiones” como empresario.  
Sin embargo, explica el especialista argentino Joaquín Harguindey a PERFIL, estas audiencias no se traducirán en una modificación sustancial de las responsabilidades sobre el arsenal nuclear, por razones políticas. “El liderazgo republicano en el Congreso no tiene mucho interés en recuperar un poderío complicado y redistributivo de responsabilidades ante eventuales fracasos en materia internacional. Están mucho más satisfechos con dejar al presidente, para bien o para mal, con la responsabilidad de la ejecución de la política exterior del país ante posibles conflictos militares”.
Además, Trump interpretaría eso como un agravio “en un momento en que la relación entre el Congreso y la Casa Blanca precisa de armonía de cara tanto a una reforma fiscal como un posible shutdown gubernamental en menos de un mes”, agrega.

Para Harguindey, los republicanos confían en el “triunvirato de adultos” de la Casa Blanca –el consejero McMaster, el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, y el secretario de Defensa, James Mattis–, que ha sabido controlar los cambios en políticas por parte del gobierno, aunque no la retórica incendiaria de Trump, ésa que suele canalizar por Twitter.

Misiles y tuits. Si el presidente decidiera un ataque en respuesta a otro de un enemigo, no tendría problemas. Sin embargo, distinto sería si decidiera por su cuenta lanzar un ataque preventivo.
   Pero Argüello advierte que “hay una zona gris respecto de lo que sería inminente o no inminente como amenaza”, y justificaría un ataque preventivo.
“Hay quienes creen que el presidente podría disparar misiles y arrojar al país a una guerra nuclear con el mismo esfuerzo y descuido con el que dispara un tuit”, advierte el especialista Peter Feaver, de la Duke University, uno de los expertos que dio su testimonio ante los senadores.

Feaver advierte que en caso de una decisión inconsulta del presidente (algo que razonablemente puede ser atribuido a Trump) sería muy difícil que no hubiera alguien en la cadena de mando que va desde la orden presidencial hasta el lanzamiento de un misil que interpusiera su objeción.
“Los militares están entrenados para rechazar órdenes ilegales, y un presidente que ordenara romper un período de paz y entrar en una guerra nuclear sin consultar a sus asesores de seguridad nacional encendería las alarmas y el sistema de mando se preguntaría si esa orden es legal”, afirma Feaver.
Lo dejó bien  claro el responsable del Comando Estratégico, el general de la Fuerza Aérea John Hyten, preguntado sobre qué pasaría si Trump decidiera lanzar un ataque preventivo sin consultas previas.
“Jamás obedecería una orden ilegal, dijo Hyten. Uno puede ir a la cárcel por el resto de su vida”.

Cómo es el protocolo
Desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial, el temible arsenal nuclear norteamericano fue puesto en aquellos años por el Congreso bajo control civil, lejos de los belicosos generales. Pero hoy parece haber más sensatez y sentido común en el Pentágono que en la Casa Blanca. Todo el mundo sabe en Estados Unidos que el presidente tiene la potestad de utilizar las armas nucleares. Lo que nadie tiene muy claro es todo el proceso desde que se aprieta el “botón rojo” hasta que se inicia un ataque. El protocolo especifica que el secretario de Defensa y el consejero de Seguridad Nacional deberían, si el tiempo lo permite, mantener consultas para discutir el riesgo de una agresión enemiga antes de que se tome una decisión. Sin embargo, estas formalidades no están previstas si se trata de lanzar misiles nucleares como ataque preventivo o simplemente porque el presidente quiere hacerlo. Si el presidente quiere lanzar un ataque nuclear debe ingresar el código de lanzamiento en el mecanismo llamado “football”, que es portado por el oficial de la fuerza aérea que viaja con él a todas partes. El código es transmitido a los oficiales del Centro Nacional del Comando Militar, quienes, después de confirmar su autenticidad con el propio presidente, lo convierten en una orden de lanzamiento específica que es enviada a los centros de combate (los silos misilísticos, submarinos y bases de bombarderos) operados por el Comando Estratégico. Según Bruce Blair, un ex oficial de lanzamiento de la Fuerza Aérea que hoy es profesor en la Universidad de Princeton, un misil balístico intercontinental, o ICBM, sería lanzado un minuto después de que la orden fuera transmitida. Los misiles desde los submarinos necesitarían entre 30 y 60 minutos, por razones de seguridad.

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