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sábado 21 abril, 2018

El secuestro de Florencia Macri: las incógnitas del caso que nunca se pudieron resolver

Ocurrió en 2003 y fue un tembladeral en la arena política. Hubo un sólo condenado y el dinero del pago jamás se encontró.

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por Ayelén Bonino


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La joven por aquellos años junto a su padre, Franco Macri. Foto: Cedoc Perfil

Cuando Florencia Macri salió de la Universidad del Cine en el barrio de San Telmo el 29 de abril de 2003, no sabía que esa tarde su vida iba a cambiar. Tenía 19 años cuando dos hombres la interceptaron y la subieron al asiento de atrás de su Peugeot 206. Pasó 5 días y 12 horas atada en una casa de la localidad de La Reja, cerca de Moreno.

El secuestro significó un verdadero tembladeral en la arena política. En aquel entonces, su hermano Mauricio, hoy presidente de la Nación, debió suspender las actividades en el marco de la campaña en la que se candidateaba como jefe de Gobierno. Casi sin intervención de la policía, su padre, Franco, en ese entonces presidente de Socma, y su otro hermano Gianfranco se encargaron de las negociaciones.

El hecho se resolvió de forma meteórica y terminó con un sólo hombre condenado: Martín Zidar, quien confesó que tuvo la idea de secuestrar a la joven mientras miraba una revista de farándula en sus días de prisión, donde cumplía condena por un robo y tenía salidas transitorias. Quince años después, el hecho todavía mantiene incógnitas que nunca se pudieron resolver.

 

 

El pago del rescate nunca se encontró. El 5 de mayo de 2003, Gianfranco siguió las instrucciones que los secuestradores le iban diciendo al celular. Las órdenes lo llevaron a un descampado al lado del Club Hípico de Hurlingham, donde tiró por la ventanilla de su auto una bolsa con 755.000 dólares. Durante el juicio, el comisario Juan Schettino, quien estaba a cargo de la investigación, testificó haber seguido de cerca la entrega de la plata, pero dijo que no pudo atrapar al “cobrador” por la oscuridad de la zona. Florencia fue liberada más tarde cerca de una remisería y Zidar fue capturado 10 días después.

En su confesión, Zidar dio a la Justicia la dirección de la casa de Moreno en la que dijo haber dejado, ocultos en un pozo, los dólares. Efectivos de Delitos Complejos realizaron decenas de allanamientos sin rastros del botín. Durante el juicio, los magistrados Carlos Currais, Carlos Acerbi y Enrique Alvarez Aldana ordenaron que la jueza Susana Castañera de Emiliozzi continúe investigando dónde estaba el dinero.

Según la periodista Clarisa Ercolano en su libro Escuchas Ilegales, fuentes allegadas al expediente desplegaban la hipótesis de un autosecuestro, en particular porque la familia Macri “tenía una póliza de seguro que contempla ese siniestro”. Por su cuenta, los abogados de Florencia apuntaban en ese entonces a que el pago habría sido robado en el momento en el que se allanó la casa. La suma jamás apareció.

 

 

El traslado invisible. Florencia fue raptada en la puerta de su facultad, ubicada en el pasaje Giufra 330, en pleno barrio de San Telmo. La joven, que por aquellos años disfrutaba de un perfil bajo y lejos de los mandatos familiares, prefería mostrarse sin custodia. La zona, además, era recorrida constantemente por efectivos policiales debido a la afluencia turística, según detallaban los medios de la época. “Es muy difícil un secuestro en Capital. Los controles tienen efecto. Salvo que se tenga apoyo de la policía”, señalaban por esos días expertos al diario Clarín.

“Es my difícil eludir los controles. Tenés que tener apoyo de las fuerzas de seguridad para ver cómo la llevas y cómo la tenés que ocultar. Hay cámaras que pueden seguir cuál fue el recorrido del vehículo y por dónde la sacás; si vas por la autopista o por la General Paz. Sobre todo a una persona que sale de la facultad”, explicó a Perfil una fuente con relación directa en la causa. El auto de la joven fue encontrado más tarde en Villa Tesei. Poco después se sabría que fue trasladada desde ese punto hasta La Reja en otro vehículo. Según pudo sabe Perfil, no existieron registros de cámaras del recorrido en ningún punto de la Ciudad.

Los cómplices que nunca aparecieron. Durante los primeros días del hecho, los investigadores y los medios manejaban las hipótesis de un posible autosecuestro, un rapto con fines desestabilizadores previos a las elecciones y hasta de un secuestro llevado adelante por quienes habían secuestrado a Mauricio Macri en 1991.

 

 

Se hablaba de una banda “grande, con infraestructura y logística”, debido a la forma de negociar. Tras el arresto de Zidar, los trascendidos de inteligencia apuntaban a llamadas de celulares de unos cinco o seis integrantes de la organización. Por aquellos días, además de Zidar, fue detenido un joven llamado Juan Pablo Butita, al que apodaban “El Colo", quien fue beneficiado al poco tiempo con la falta de mérito y recuperó su libertad.

Durante el juicio que se llevó a cabo en 2004 en el TOC 16, Zidar reveló que en una salida transitoria conoció a su  único cómplice “El Tero”, al que desligó del plan y dijo que sólo lo ayudó a “levantar” a la joven a la salida de la universidad. La colaboración de otras personas fue siempre un misterio. Ante los jueces, Florencia sólo pudo reconocer un pantalón de jogging y un par de zapatillas de quien la había mantenido cautiva.

"Me parece evidente que acá hubo un pacto mafioso de silencio. Es imposible creer que Zidar haya sido el ideólogo, el que secuestró a mi hermana, el que la cuidó y el que cobró el rescate", dijo Mauricio Macri a los medios tras la condena. Tiempo después, Florencia volvió a llamar la atención cuando se puso de novia con Nicolás Barlaro, un joven 11 años mayor y que estuvo 19 meses preso por el secuestro y la mutilación de Ariel Strajman. 

Martín Zidar fue condenado en 2004 a 11 años de prisión por el hecho. Según pudo saber Perfil, hoy se encuentra en libertad. Ni él ni sus abogados quisieron hacer declaraciones sobre el tema.


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