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POLICIA / a ocho años del caso
sábado 4 agosto, 2018

Habla la hija de Erica Soriano: “Por fin va a descansar en paz”

Florencia tenía 11 años cuando su mamá desapareció en Lanús. Horas antes del fallo que condenó a Daniel Lagostena tuvo a su primer hijo.

por Nadia Galán

Recuerdos. Con su mamá en una de sus últimas fotos, y después del fallo, con su esposo y su bebé. Foto: Cuarterolo

Daniel Lagostena escuchó la condena a 22 años de prisión por el crimen de su pareja Erica Soriano sentado en el banquillo de los acusados de los tribunales de Lomas de Zamora, y rodeado de agentes penitenciarios. En paralelo, en su casa de Villa Adelina, Florencia (19) se emocionaba al conocer que el asesino de su madre recibía una pena muy cercana a lo que la querella había pedido. Lo siguió por televisión junto a su familia. “Quería estar presente en cada detalle, y más en la sentencia. Pero se adelantó mi parto y no podía salir”, cuenta Florencia a PERFIL. “Igualmente estuve muy bien acompañada por mi otra familia, mi pareja y mi hijo, que estuvieron ahí para abrazarme”, agrega.

Por primera vez, Florencia relata lo que vivió estos últimos ocho años, desde que su mamá desapareció. El 21 de agosto de 2010 fue la última vez que se supo de Erica. La mujer de 30 años había salido desde Lanús rumbo a una clínica de Capital Federal. Tenía que hacerse un control ginecológico porque estaba embarazada de dos meses. En ese entonces, Florencia tenía 11 años y se había ido a vivir con su papá porque no se llevaba bien con el novio de su mamá. Erica desapareció misteriosamente. Se cree que su cuerpo fue incinerado en una casa crematoria de la familia de Lagostena.

Después de casi ocho años de lucha, Lagostena fue declarado culpable. El 11 de julio pasado el tribunal informaba el fallo condenatorio y anunciaba que tres días después iba a dar a conocer el monto de la pena. “Nunca –cuenta Florencia– quise hacerme falsas esperanzas, pero ya que lo hayan declarado culpable fue una buena noticia que me dejó tranquila”.

Florencia habla con la mirada atenta a su pequeño hijo Máximo León, de un poco más de veinte días de vida. El bebé nació el día anterior a conocerse la sentencia condenatoria contra Lagostena. Se adelantó 17 días. Los nervios y la ansiedad podrían haber contribuido para que llegara antes de la fecha estipulada de parto.

“Se ve que vino con buenas noticias, como dicen todos, con el pan abajo del brazo”, dice ella.

“Aunque para mí Lagostena siempre haya sido culpable, era difícil condenar a alguien por homicidio sin tener un cuerpo. Ahora hay un psicópata menos en la calle”, asegura Florencia. “Los 22 años que le dieron, eso sí que no me lo esperaba, ya que el límite era 25 años (lo que había pedido la fiscalía y la querella). La verdad que esos tres años no hizo la diferencia. Sentí que se hizo justicia por fin, y que ahora mi mamá va a poder descansar en paz. Y yo también”, expresa. “También me deja tranquila que no va a lastimar a ninguna persona más estando preso”.

Idas y vueltas. Lagostena está preso en la Unidad N° 40 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), en Lomas de Zamora, desde el 1° de mayo de 2016. Ese día fue la segunda vez que cayó en desgracia por este caso. Había estado en la cárcel desde mayo de 2012 hasta diciembre del mismo año, cuando lo dejaron libre por falta de pruebas.

Florencia no volvió a ver a Lagostena después de la desaparición de su mamá. “Nunca más tuve contacto con él, menos siendo chica. Pero en el tiempo que estuvo libre hubo muchas salidas con amigos que no pude realizar porque mi familia tenía miedo de que me pasara algo”, recuerda.

El 21 de agosto de 2010 fue la última vez que se supo de Erica. “Me acuerdo que ese día nos juntábamos todos a almorzar en lo de mi abuela. Yo estaba viviendo con mi papá ya que estaba medio peleada con mi mamá y tomé esa decisión. Me acuerdo que antes de que lleguen todos mi tía Gisela me dijo para charlar y nos fuimos a la terraza. Hablamos sobre lo que pasaba con Daniel, le confesé que no me gustaba, que tenía algo raro. Mi tía me dijo que no diga nada, pero que a ella le pasaba lo mismo. Después bajamos, ya estábamos todos y mamá no llegaba. Los veía a todos preocupados. Yo me fui a la puerta de casa, y me senté a esperarla, diciéndome a mí misma que no me tenía que preocupar y que ya iba a llegar, hasta que llegó la policía, ahí estallé en llanto. No me acuerdo cuándo supe que la había matado, fueron muchos años de esperarla y de tener aunque sea un poquito de esperanza de que volviera”.

 

“Sé que me va a hacer mal pero es importante saber bien lo que pasó”

Saber qué pasó con certezas con su mamá. Conocer dónde está su cuerpo o qué hizo con ella. Florencia quiere encontrarles respuestas a todas esas preguntas que llevan ocho años irresueltas. Pero quien puede responderlas jamás lo hizo. Durante todo el proceso, Daniel Lagostena se proclamó “inocente”. “Yo no la maté”, fueron sus últimas palabras antes de conocer la resolución del tribunal que lo encontró culpable del homicidio de Erica Soriano (30).

“Quiero decirles que espero justicia. Hace ocho años que solo digo la verdad. Yo no la maté, ella se fue”, fueron las palabras de Lagostena, el entonces novio de la joven antes de conocer su sentencia a 22 años de prisión.

Desde el inicio de la causa, la defensa pidió la absolución de Lagostena porque entendía que no había elementos para sostener que él la había matado. Mientras que para la fiscalía y la querella, estaba acreditado que el autor material del crimen y desaparición de Soriano fue él por lo que habían pedido 25 años por el delito de “homicidio simple en concurso ideal con aborto en contexto de violencia de género”, ya que Erica estaba embarazada. Aunque nunca quedó claro lo que pasó con su cuerpo y la principal hipótesis apunta a que la incineró en el crematorio de la familia de él.

—¿Cree que en algún momento Lagostena va a confesar lo que hizo con Erica?

—La verdad no sé, se puede esperar cualquier cosa. Aunque me tiro más para el lado de que no lo va a hacer.

—Sería importante saberlo o ya no lo espera, por esta improbabilidad de que confiese...

—Para mí es importante saberlo, me va a hacer mal seguramente, pero no me quedaría con una pregunta de tantos años sin responder.


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