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POLICIA / custodia reforzada por la ola de ataques
viernes 17 agosto, 2018

Los Monos: cámaras y marca personal para controlar a los líderes

Siete guardias armados acompañan a uno de los jefes cuando sale de su celda a estudiar en la escuela del penal. Están aislados del resto de la población.

por Cecilia Di Lodovico

Siete guardias armados acompañan a uno de los jefes cuando sale de su celda a estudiar en la escuela del penal. Están aislados del resto de la población. Foto: diario la capital

Ramón “Monchi” Machuca se queja. “Si vos llegás a ver el circo que arman para llevarme a la escuela... es ridículo. Yo los cargo a los del Servicio. Estamos a treinta metros de distancia y me traen un camioncito para trasladarme, me dejan en la puerta de la escuela... ¡Si podemos ir caminando!”, exclama con una risa molesta.

El jefe de Los Monos –la ya célebre organización narco rosarina– padece los ajustes en las condiciones de detención que el Servicio Penitenciario de Santa Fe implementó tras el primer ataque a tiros a domicilios vinculados a los jueces que condenaron a los líderes de la banda y a sus principales laderos. La medida también alcanzó a su “padre de crianza”, Ariel “Viejo” Máximo Cantero; a su mano derecha, Mariano “Gordo” Salomón, y a Andrés “Gitano” Fernández, otro miembro de la banda, que recibió una de las penas más elevadas.

Los cuatro fueron trasladados del Pabellón 7 del penal de Piñero, donde se sentían más a gusto, a un sector reducido con celdas de aislamiento. “Estamos en un pabellón de castigo hace más de un mes”, reclama Monchi en una entrevista telefónica con PERFIL. Al parecer, unas de las circunstancias que más incomodan a los integrantes del grupo narco es que “la ropa no se seca”. El tamaño de las celdas y el patio también son un problema.

“La celda es más chiquita; el patio tiene 3,80 metros de ancho, por seis metros de largo. Lo sé porque lo medí. No nos entra una gota de luz. Recién salió el sol, la tengo siempre adentro porque no le da la luz, pero ahora la saqué para ver si le da un poco de viento y se puede secar”.

Monchi asiste a la escuela del penal custodiado “por seis o siete de seguridad con escopetas”. “No sé qué se piensan que voy a hacer. Me trae problemas con los otros internos, porque ahora los requisan a todos para ir a la escuela, no pueden llevar ni un cigarrillo para fumar en el baño, en la hora del recreo. Y donde esté yo, hay inhibidores de celulares y cortan los teléfonos. Acá, por ejemplo, los cortaron por veinte días. Imáginate, los pibes veinte días no se pudieron comunicar con sus familiares. ¿Y contra quién van a reaccionar? Contra mí”, se lamenta. Los cuatro son monitoreados por cámaras de seguridad.

“Creo que fue el juez (Ismael) Manfrín el que me autorizó a ir a la escuela”. El magistrado fue el primer blanco de los atentados. A excepción de ese beneficio, ninguno de los cuatro reclusos (Fernández está internado por una grave infección) realiza actividades. “Estamos acá todo el día. Pedí oficios, pero todavía no me los autorizaron. No me dieron cabida”, dice sin expectativas. “También presenté un proyecto para hacer cortinas, sábanas, toallas para la unidad. Pedí un espacio de cinco por tres, necesitaba tres máquinas que conseguía yo, me iba a ayudar un muchacho que es sastre y tiene una. Lo quieren dormir”, insiste Monchi que aún se alimenta con la comida que le lleva su familia y cocina él mismo. “Solo tomo agua mineral”, dice. Teme que lo envenenen.

Los abogados de Monchi, Carlos Edwards y Fausto Yrure, solicitaron mediante un hábeas corpus que regrese al pabellón común, tal como lo había determinado un juez en 2016, pero aún no fue resuelto por la Justicia.

El otro líder. En tanto se desarrollan en Rosario las audiencias de apelación de condenas, los narcos siguen el debate por videoconferencia. Entre ellos, Ariel “Guille” Cantero, el jefe de la organización que fue señalado por el atentado a Manfrín. El hermano de Claudio “Pájaro” Cantero sigue el debate desde la Prisión Regional Norte, ubicada en Resistencia, Chaco. A ese lugar, un edificio antiguo y caluroso, llegó por orden del juez federal Carlos Vera Barros, a cargo de la causa conocida como “Los patrones”, otro juicio que deberán enfrentar varios integrantes de Los Monos por narcotráfico.

Considerado un interno de riesgo por el Servicio Penitenciario Federal (SPF), el hermano señalado como el más sanguinario de los tres habita un pabellón común con custodia alerta a sus movimientos. Su familia lo visitó en una sola oportunidad.


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