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POLITICA / Asamblea Legislativa
jueves 1 marzo, 2018

¿Abortó la confrontación?

Por Gabriel Ziblat | Macri llegó al Congreso con un discurso de amor y paz, diseñado en el marco de una nueva estrategia política. Pero dejó confrontación para muchos: a la Iglesia con el aborto, a los sindicalistas por “extorsivos” y a los jueces a quienes intentarán sacarles poder.

por Gabriel Ziblat

Hoy se dió cominezo al año legislativo con la presencia en el Honorable Congreso de la nación, del presidente Mauricio Macri. Foto: Pablo Cuarterolo

En las redes sociales hay una máxima: Los Simpsons ya anticiparon todo. Y el Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa recordó un capítulo en el que Montgomery Burns, el jefe de Homero, aparece en medio del bosque diciendo “les traigo paz, les traigo amor”. En la Casa Rosada ya anticipaban que se venía un mensaje conciliador, de búsqueda de consensos, de intentar retomar esa idea de “unir a los argentinos” que lejos estuvo de ver progresos en estos últimos dos años. ¿Pero fue un mensaje de paz?

Es cierto que en el ambiente reinó un clima distinto, de más respeto al visto en años anteriores. Pero la política es sinónimo de confrontación. Y más allá del tono del discurso, Macri armó una secuencia confrontativa.

El aborto es un ejemplo. Bienvenido el debate, pero todos saben que en un tema tan espinoso y con posturas tan antagónicas que es irreal imaginarse que las reuniones de comisión transcurrirán en un clima cordial donde todos se escuchen respetuosamente. Abrir la discusión por la legalización del aborto es una de las mejores decisiones que tomó Macri hasta ahora. Pero muchos sectores, sobre todo vinculados a la Iglesia, lo ven como una confrontación que lejos está de traer paz.

Los gremios que más se oponen al Gobierno también se llevaron un mensaje que poco tiene que ver con la paz. El Presidente habló de “sentarse a dialogar en una mesa, sin patoterismo ni extorsiones”. El mismo discurso que repite Cambiemos cada vez que se ve una protesta opositora, ya sea del sindicalismo, los movimientos sociales o el kirchnerismo. Moyano está haciendo lo mismo que hizo siempre (no importa si se interpreta que lo hace por intereses personales o sectoriales) y en el medio fue aliado del Gobierno. Si ahora es patotero, ¿antes qué era? Atentos los que hoy son sindicatos aliados, porque si se pelean y salen a la calle, pasarán rápidamente al bando de los patoteros y extorsivos.

Ni hablar de los gremios docentes. “No podemos hacer política con la educación de nuestros hijos. No podemos acordarnos de la educación sólo en el momento de las paritarias”, espetó, otra vez confrontando sin confrontar. Núcleos de poder a los que les cuesta encontrarle la vuelta a un Gobierno que vino a cambiarlos también a ellos.

Para los jueces también hubo confrontación. El cambio del Código Procesal Penal viene trabado hace tiempo y Macri volvió a refrotarlo. Tildó el modelo actual como uno “donde los jueces son los que investigan y deciden” y planteó cambiarlo a “uno más rápido y oral en el que los fiscales tengan más protagonismo”. Restarle poder a los jueces y compártirlo con los fiscales, sobre todo ahora que ya no está más quien fuera la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó.

Pero no sólo en Comodoro Py está pensando el Gobierno. Cuando habla de cambios judiciales también está pensando en la seguridad y la policía. Así como no lo nombró a Moyano, tampoco lo hizo con Chocobar, pero se refirió a su caso cuando habló de “pensar en los que nos cuidan”. Aclaró que no quiere caer en “la mano dura ni en el abolicionismo” para resolver la inseguridad, pero está claro también que la confrontación a la que apuestan en la Rosada es contra los jueces garantistas o abolicionistas.

¿Es negativa la confrontación? No siempre. Pero en el macrismo son expertos en la construcción de escenarios, en elegir los ejes discursivos con objetivos claros. Y esta vez, el llamado al diálogo, al consenso y a la paz parece ser parte de una nueva estrategia para avanzar en un ‘vamos por todo amoroso’, donde, siempre desde el discurso oficial, “no hay lugar para el pasado”. Un pasado con el que va a seguir confrontando, por lo menos hasta que los cimientos de los que habló Macri en su discurso se transformen en un edificio visible que le garantice continuidad a su proyecto. Eso es lo que más preocupa al Gobierno: que en 2018 se vean ya los primeros pisos.


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