POLITICA

Abrasha Rotenberg, Timerman y Papaleo

Un libro de Abrasha Rotenberg, el socio y amigo del periodista en La Opinión, revela discusiones por las acciones de Gravier en ese diario. Los diálogos.

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Abrasha Rotenberg, el socio y amigo de Jacobo Timerman en La Opinión y otros proyectos, fue un testigo privilegiado de la relación económica que el editor tuvo con David Graiver. Su libro "Historia confidencial" es una lectura reveladora de ese vínculo. El primer fragmento es una discusión entre el autor y Timerman por las acciones de Graiver en La Opinión, tal como lo revela la última edición de la Revista Noticias.

"–¿Cuál es tu propuesta?
–Enseguida te la explico –dice Timerman–. Los Graiver están pasando un momento difícil. Han vuelto a Buenos Aires porque aquí son propietarios de muchas empresas.
–Eso no nos atañe.
–Te pido que me dejes terminar. Disponen de un gran patrimonio, pero también muchísimos acreedores. Deben dinero a medio mundo. Y allí está el peligro. ¿Qué vamos a hacer si algún acreedor los embarga y se queda con las acciones o si las entregan para cancelar deudas? Al día siguiente tendremos aquí a un socio desconocido, con el cuarenta por ciento de participación y con derecho a intervenir.
–¿Qué proponés?
–Algo muy sencillo: redistribuir las acciones dejando a los Graiver en ínfima minoría: un dos o un tres por ciento... Si alguien los embarga no tendrá ningún poder en el diario.
–Yo tengo un veinte por ciento y me basta: no necesito más.
–Estás cometiendo un error. Te pido que reflexiones. Debemos defendernos anticipadamente y no cuando ya sea inútil. Siempre me repetiste que la Biblia obliga a defender ante todo la vida y si hay que cometer una transgresión para salvar a alguien, la transgresión no es punible".

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El segundo fragmento es un diálogo entre Rotenberg y la viuda de Graiver, Lidia Papaleo.

"Lidia dudó un instante y luego decidió contarme brevemente de qué se trataba:
–David llevaba los asuntos de una manera muy personal –explicó–. Dividía las responsabilidades entre mucha gente y él era el único que abarcaba el conjunto. Algunos temas no los delegaba y allí están las dificultades. Todos los días aparecen nuevos acreedores o gente con demandas.
–¿Qué exigen?
–Dinero: dicen que entregaron dinero a Dudi.
–¿Tienen alguna constancia?
–Nada. Todo se basa en la palabra.
–¿Qué pueden hacer ustedes?
–Escucharlos. Luego tratamos de verificar por diversos conductos si la historia es verdadera. A veces logramos confirmarla.
–Supongo que esto requiere mucho tiempo y mucho esfuerzo.
–No es fácil. En general se trata de gente honesta que confió en Dudi. Entienden nuestra buena voluntad. Con ellos podemos conversar y llegar a arreglos teniendo en cuenta nuestras limitaciones financieras. Pero de pronto aparecen algunos energúmenos.
–¿Qué hacen?
–Amenazan. O exigen sumas que nos parecen falsas.
–¿Ustedes no sabían que la situación era tan comprometida?
–No.
–¿Dudi no les hizo ningún comentario?
–Isidoro se había desvinculado de los negocios de Dudi en Nueva York. A mí no me comentaba esos detalles.
–¿Detalles?
–Quiero decir que nunca estuve enterada, sino a grandes rasgos, de los negocios de Dudi. De las deudas oficiales poco sabía y de los préstamos de palabra, menos."