POLITICA

Ahora faltan diez semanas de alto suspenso

Por Manuel Mora y Araujo | Si bien el resultado de las PASO es bueno para el oficialismo, no logra ganar en primera vuelta. La carrera final no dará respiro.

La Justicia electoral pidió hoy a encuestadores que le informen sus mediciones.
| Dyn

En el lado “testeo” que se da a las PASO, y que los medios de prensa profusamente les adjudican, el Frente para la Victoria “ganó” ayer y pasó la prueba. Dentro de esa lógica el resultado es bueno para el oficialismo  pero no: con estos números no gana en primera vuelta pero está muy cerca. La carrera final no dará respiro.

En el lado de “internas abiertas”, que es el sentido real de las PASO, ayer hubo pocas sorpresas. Si se toman las encuestas como vara de las expectativas, los resultados poco esperados son menores. En la izquierda, el fracaso de Altamira deberá ser computado como una señal de lo que sucede en las entrañas de ese segmento pequeño pero persistente del electorado. En Cambiemos, Sanz supera a Carrió y reivindica -aunque modestamente- las expectativas del radicalismo.

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Todo esto sujeto todavía a ajustes, dada la lentitud del recuento de votos. Esta hay que atribuirla al procedimiento antediluviano con que se nos hace votar a los argentinos en las elecciones nacionales -que, además, se presta a la perfección para las manipulaciones de poca monta “a la criolla” que van graduando la entrega de información según los gustos de quien es el que recuenta-, y que, además, deja todavía misterios no dilucidados en algunas provincias. 

Perspectivas para la elección real del 25 de octubre: alta probabilidad de un triunfo de Daniel Scioli. Alta probabilidad, no certeza. Scioli queda muy cerca del umbral crítico del 40 por ciento, pero Macri dispone de una oportunidad evidente. Scioli necesita 2 puntos más de votos y necesita además 2 puntos más de diferencia con Macri. El paquete del 20 por ciento de votos de Massa/de la Sota se torna crítico para mantenerlo a Macri a menos de 10 punto de Scioli, sin lo cual quedaría derrotado en la primera vuelta. Scioli tiene condiciones para estirar su caudal electoral, pero algunos factores lo frenan. 

¿Qué puede hacer Macri para llevarse votos del paquete de Massa? Hay más opiniones que antes que la vía de la campaña capaz de modificar intenciones de votantes que le son remisos. De seguir esas opiniones el machismo estaría modificando la estrategia que siguió hasta aquí.

¿Qué puede hacer Scioli para sumar esos votos que todavía le faltan? El sciolismo es un cuerpo que ensambla dos términos, uno sciolista propiamente dicho, otro kirchnerista de línea dura. El kirchnerismo de línea dura es complicado: Cristina misma, la Cámpora, Zannini y el núcleo “nestorista” original, y los candidatos piantavotos en la provincia de Buenos Aires (esa provincia fue la frutilla casi surrealista de esta elección, un fresco satírico del lado desprolijo del kirchnerismo). A ese componente de la coalición oficialista lo caracteriza la militancia y la poca flexibilidad. El componente sciolista, por el contrario, es conciliador y flexible; su desafío ahora es consolidar la confianza que necesita transmitir para gobernar. Articulando esos dos términos, Scioli llegó hasta donde está, a metros de la línea del triunfo; pero no fue suficiente. Casi todo indica que el lado kirchnerista de ese conglomerado tira para abajo mientras el lado sciolista tira para arriba; pero, ¿lo ven así los actores involucrados? 

Lo sucedido en el PRO  hasta ahora fue muy parecido: una lógica pragmática sugería hace dos meses la necesidad de un acuerdo con el massismo (que ayer le hubiera dado la provincia de Buenos Aires y tal vez el primer lugar en las PASO), la lógica propia del macrismo eligió el no acuerdo. Y es así; esto es política, no una operación bursátil de inversores racionales; las decisiones no se toman sobre un tablero, se toman en medio del partido.

El sciolismo puro por un lado,  los sectores flexibles de Cambiemos y la UNA por el otro, tienen en sus manos las decisiones sobre los caminos que seguirán Scioli y Macri para dirimir la elección presidencial dentro de diez semanas. El primero necesita ganar ese día, el segundo necesita el alargue. No habrá respiro.