POLITICA LA NUEVA RELACIóN CON EL PAPA Y LA IGLESIA

Cristina Kirchner analiza regresar al Tedeum de la Catedral porteña

Desde 2006, y a raíz de las críticas de Bergoglio, habían traslado las ceremonias al interior del país.

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Después de varios años Incluso, ordenó acallar a los sectores kirchneristas que ligaban al arzobispo con la última dictadura. Fue la primera mandataria en ser recibida por el Sumo Pontífice, con quien almorzó durante dos horas y media en el Vaticano. Y lo saludó, al día siguiente, en la misa en la que fue entronizado.

Todo el Gobierno se encolumnó después de acuerdo a los gestos de Cristina Fernández. Incluso, quienes habían criticado el nombramiento de Bergoglio dieron una vuelta en el aire y suavizaron sus palabras. 

Mayo demostrará hasta dónde cambió la relación.

Si no desea contrariar la tradición eclesiástica, la Presidenta debería volver a participar de la misa que todos los 25 de Mayo el cardenal de Buenos Aires brinda en la Catedral para recordar la Revolución de Mayo.

En ese lugar está ahora Mario Poli, un cura de bajo perfil (era obispo auxiliar de Bergoglio), que ya anticipó que no hace política como su predecesor, aunque tuvo una participación activa en Santa Rosa, La Pampa, que desmiente su supuesta neutralidad (ver página 4).

Poli, en una de sus primeras declaraciones, advirtió que mantendrá con el Gobierno nacional la “debida distancia”.

Así como generó debate interno en el kirchnerismo la relación con Bergoglio, sin dudas, el regreso a la Catedral metropolitana también promete repercusiones.

Un funcionario del gabinete le dijo a PERFIL que Cristina Fernández, si bien ya comenzó a aceptar la idea del regreso, terminará de definir su postura a mediados de abril.

La inclinación por participar del Tedeum responde esencialmente a la relevancia mundial que alcanzó Bergoglio. Pero su consagración como Sumo Pontífice generó, además, un entusiasmo inédito en la opinión pública argentina que ninguna fuerza política quiere tener en la vereda de enfrente. Oponerse es un riesgo. No hacerlo, también: la jefa de Estado quedaría expuesta a una posible crítica justo en un año electoral, en el que las palabras y los gestos pueden modificar cualquier escenario.

A lo largo de las idas y vueltas que tuvo la relación en la última década, en 2005 hubo un pico de máxima tensión entre la Iglesia de Bergoglio y el kirchnerismo. El Gobierno pidió desplazar de su cargo al obispo castrense, Antonio Baseotto, por haber utilizado un polémico pasaje bíblico para condenar una postura a favor de la despenalización del aborto, expresada por el entonces ministro de Salud, Ginés González García. Dijo Baseotto ese año: “Que se cuelgue una piedra al cuello y se arroje al mar, quien escandalice a los pequeños”.

El Vaticano ratificó al sacerdote en su puesto, pero la relación no se recompuso nunca. Lo único que alivia a la Iglesia Católica es la postura antiabortista de Cristina Kirchner. Sin embargo, la aprobación del protocolo para los abortos no punibles en el Congreso causó malestar en el Episcopado.

Otro punto de discordia fue la sanción de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en julio de 2010. Esa fue la única vez que Néstor Kirchner, entonces diputado nacional, se sentó en su banca para aprobar su proyecto.

Hay otro debate en el oficialismo que genera discordia con la Iglesia, y que tiene que ver con los subsidios que reciben del Estado los colegios católicos. El ala dura del Gobierno sostiene que hay que quitárselos, y depositarlos en las escuelas públicas, cuya precariedad hace que la educación estatal sea peor que la privada. Sin embargo, este es un país donde predomina la religión católica y es difícil quebrar esa posición. La posible quita de los subsidios nunca llegó a discutirse en serio ni en el gabinete ni en el Congreso.

El intenso vínculo de Bergoglio con algunos de los principales referentes de la oposición también fue un aspecto molesto para la mirada kirchnerista.

Todo ello, de todas formas, fue previo a la entronización de Bergoglio como Papa. Desde entonces comenzó una nueva etapa.

En la Casa Rosada esperan que

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Mariano Confalonieri