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POLITICA / Toma de escuelas
lunes 25 septiembre, 2017

Funcionarios que no explican; líderes estudiantiles que no son solidarios

Nadie parece tener muy en cuenta a los beneficiarios de las pasantías: los alumnos de menores recursos.

por Ceferino Reato

Ya son 28 las escuelas tomadas contra la reforma educativa. Foto: Juan Obregón

Displicentes, insensibles, como si todavía no entendieran que la función pública exige una disposición permanente a conversar con los vecinos, los funcionarios del gobierno porteño siguen sin explicar bien en qué consistirán las “prácticas educativas” que realizarán los alumnos del quinto año de las escuelas públicas.

La reforma tiene un nombre pomposo: “Secundario del Futuro”, pero, ante el vacío informativo del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, ha sido resignificada por los estudiantes que lideran las tomas de colegios como un instrumento de las elites para proveer de mano de obra gratuita a las empresas privadas.

El resultado es que la atención de los medios y de la opinión pública no está puesta en la reforma —el secundario es el eslabón más débil del sistema educativo y debe ser modificado— sino en las tomas de colegios y en las consignas de los “chicos” que las protagonizan y de los padres que los respaldan.

No hacen ningún esfuerzo por ocultarlo: los “chicos” y sus padres militan en el antimacrismo; tanto que identifican al presidente Mauricio Macri con la última dictadura y a la reforma con otra maniobras de las elites (la “oligarquía”, los “ricos”, los “poderosos”) para explotar al pueblo, en este caso adolescente. De paso, piden por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

En este sentido, las tomas son una ficha antimacrista en el tablero electoral (el Caso Maldonado es otra de esa fichas; por el contrario, el Caso Nisman es una ficha antiK).

Aunque se sabe poco de la reforma del Secundario, está claro que no afectará al Colegio Nacional ni al Carlos Pellegrini, que dependen de la Universidad de Buenos Aires. Casi todos los alumnos de esos dos colegios continuarán directamente sus estudios en la UBA.

La reforma no les pasa ni cerca pero son los dirigentes estudiantiles de esos dos establecimientos los que lideran las tomas y las marchas.
¿Por qué lo hacen? Por solidaridad, dicen. ¿Será tan así?

Veamos. La reforma está pensada para favorecer la inserción de quienes quieran o necesitan trabajar al finalizar el Secundario. Como bien recordó la especialista Guillermina Tiramonti en el programa “A fuego lento” (Canal 26) el jueves pasado, el primer empleo se logra, generalmente, por contactos personales; los “chicos” no tienen experiencia —no pueden tenerla— y logran un trabajo gracias a una recomendación.

Pero, esos contactos no están repartidos en forma igual entre los distintos estratos sociales; son más frecuentes en los estratos medios y medios altos.

Por eso, a simple vista, las prácticas o pasantías laborales favorecen más a los hijos de las familias donde no conocen a dueños o gerentes de fábricas, talleres, comercios u organismos no gubernamentales que les pueden abrir las puertas a un primer empleo.

En conclusión, los “chicos” del Colegio Nacional y del Pellegrini no están favoreciendo a quienes tienen todo para ganar con la reforma educativa. No hay solidaridad en ellos o, en el mejor, de los casos, es una solidaridad equivocada. En el peor de los casos, están privilegiando la militancia partidaria.

* Su último libro es “Salvo que me muera antes”. El día que murió Kirchner, la noche que nació el cristinismo.


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