POLITICA

Korach

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Buena parte de la desinformación oficial durante el último tramo de los ajetreados ’90 se produjo en la esquina de Sinclair y Libertador, en el barrio de Palermo. Allí, en plena vereda, el entonces ministro del Interior, Carlos Vladimiro Corach, había establecido una especie de centro de prensa, desde donde, todas las mañanas casi sin excepción, y aunque lloviera, solía enfrentar un enjambre de movileros para salir al cruce de los inquietantes datos y versiones judiciales que empezaban a limar la credibilidad de su jefe máximo, Carlos Saúl Menem.
Corach, astuto y temible operador político, patentó en aquellos días y en ese sitio una de sus muletillas destinadas a hacer historia: “Todo está en manos de la Justicia”, solía repetir, ante una y otra pregunta sobre una u otra denuncia de corrupción. Domingo Felipe Cavallo ya había popularizado aquello de “los jueces de la servilleta de Corach”, por lo cual, cuando hablaba Corach, todo el mundo terminaba entendiendo que aquel “todo”, en realidad, estaba en sus propias manos.
Pero las cosas han cambiado... un poquito. Ahora el ministro del Interior extraoficialmente designado vocero mediático de la Casa Rosada se llama Aníbal Fernández, que es más robusto y tiene más pelo y grandes bigotes, y acaso menos mañas. O talento, podría decirse, a la luz de sus habituales expresiones rústicas y/o grotescas. Aníbal F no atiende en la puerta de su casa: hizo circular durante meses que llega a su despacho a eso de las 7 o 7.30, y con eso bastó para que quedara claro que está a tiro de teléfono desde muy temprano, ideal para los programas matutinos de las radios.
Esta semana, en ese espacio creado por él mismo en el éter, el ministro salió a decir dos cosas cuanto menos muy polémicas a raíz del Caso Gerez, que ya incomoda hasta a la exasperación al mismísimo presidente Néstor Carlos Kirchner:
1) Que los fiscales del caso no deben hablar con la prensa, porque eso suele complicar “investigaciones tan sensibles” como la del secuestro del albañil ultrakirchnerista.
2) Que PERFIL había “inducido” al hijo de Gerez, José Luis, para que dijera la frase que fue título principal de la edición de la semana pasada: “A mi papá lo secuestraron para beneficiar a Kirchner”. Aclaró, de todos modos, que ni había leído la nota.
Por esto último, el segundo punto no merece consideración alguna. Sirve sólo para archivar esas apreciaciones en el estante de las frecuentes chicanas del funcionario.
Sí resulta gravísimo el punto 1. Sobre todo viniendo de un alto exponente de una gestión que ha hecho de las evasivas ante la prensa (es decir, ante la opinión pública) todo un estilo, que se complementa con el deseo de contar con un periodismo domesticado a fuerza de avisos oficiales y otras formas de presión. Fue inoportuno Fernández, además. Llamó al silencio judicial, justo cuando dos periodistas del diario madrileño El Mundo habían resultado fundamentales para la detención del ex Triple A Rodolfo Almirón; y justo cuando dos periodistas y un fotógrafo de PERFIL acababan de descubrir a Juan Ramón Morales, ex jefe y ex suegro de Almirón, tomando fresco en su departamento porteño de Carranza 2336. Ambos están detenidos, uno en España y otro en su casa, porque tiene 88 años. El periodismo llegó primero que la Justicia y que la Policía, situación que debería ser más alarmante que tranquilizadora. Para más datos: el 75% de las causas por casos de corrupción abiertas durante la década pasada fueron consecuencia de investigaciones periodísticas. Ahí están María Julia o Alderete o los sobornos en Senado (confesión de Mario Pontaquarto incluida), como simples muestras de que si el periodismo les hiciera caso a los que opinan como Aníbal Fernández, tal vez (y sólo tal vez) nada de aquello se hubiera sabido.
Más llamativo resulta el hecho de que, en efecto, se haya dejado de hablar del Caso Gerez. Ahora, el tema preferido en Balcarce 50 es la durante décadas congelada causa de la Triple A. ¿Queda alguien que todavía crea en las coincidencias?
Las razones del silencio promovido por Aníbal Fernández (el Corach K, o Korach) parecen sencillas de entender. Se las reveló a este diario el jueves pasado otro alto funcionario del Gobierno que se ve bastante seguido con el Presidente y sus ministros clave, y tiene mucho que ver con la campaña electoral ya en marcha: “Kirchner está loco con lo de Gerez. Está cada vez más convencido de que se comió un garrón por las internas de Escobar”.
Hay una situación más delicada aún, sin embargo, en torno al Caso Gerez. Uno de los cuatro fiscales a cargo de la investigación, Facundo Flores, adelantó esta semana sus vacaciones. Nada sonaría raro si sólo pensáramos en que estamos en pleno enero y en que todo el mundo tiene derecho a un descansito reparador. Pero todo se presenta más turbio cuando se atiende al énfasis que se puso desde un principio en la cantidad de fiscales invertidos en la causa. Y mucho más aún cuando se recuerda que fue el propio Flores quien, horas antes de las sugerencias públicas de nuestro nuevo Korach, había dicho: “Gerez sabe más de lo que cuenta”. De nada parecieran haber servido las explicaciones del fiscal vacacionado, en cuanto a que, en realidad, se había referido a que Gerez estaba todavía en estado de shock y por eso le podría estar fallando un poco la memoria.
Lo que no cuenta Fernández es que ciertas informaciones del caso (como la declaración completa de Luis Gerez ante los fiscales, para su publicación en otro diario) no habían sido habilitadas al periodismo por la Fiscalía. El piquetero Emilio Pérsico (vicejefe de gabinete de Felipe Solá y jefe político del albañil) le confirmó a PERFIL que la información fue filtrada ex profeso desde la Gobernación. Por esas horas, la versión oficial del secuestro de Gerez empezaba a perder credibilidad.