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Mientras el campo ensaya un nuevo grito de Alcorta, Argentina busca cerrar la historia con el Club de París

Lousteau cumplió las instrucciones sobre retenciones al campo y empastó uno de los más espectaculares operativos para darle lustre a la gestión de Cristina: pagarle al Club de París.

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| Tlam

Como elefante dentro de un bazar, Martín Lousteau cumplió las instrucciones del poder político sobre retenciones al campo y empastó uno de los más espectaculares operativos que el Gobierno había imaginado para darle lustre a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, algo alicaída en materia de imagen: pagarle la deuda al Club de París.

Así estaba planeado en teoría y tenía que ser de una sola vez para evitar que el odiado FMI volviera a meter las narices, pero justo cuando el Gobierno parecía decidido a colocar en su lugar esa ficha del puzzle, ficha necesaria porque podría ayudarlo a conseguir inversiones, con el codo de su largo brazo desarmó una buena parte del lateral productivo.

La pueblada agrícola de reacción hacia la suba de retenciones, que el mismo Lousteau pergeñó como móviles y que, a entender de los chacareros son "confiscatorias", dirigió las urgencias hacia otro lado. Todo indica que desde la concepción de que los recursos son del país y que es el Estado quien digita cuánto debe ganar cada uno y a quién se debe premiar o castigar, se le pidió a Lousteau una solución técnica y éste parece haber sobreactuado y llevado las cosas a un punto de difícil retorno.

El ministro de Economía aparece encorsetado y lidiando con un plan lleno de inconsistencias estructurales e instrumentales y también de prejuicios ideológicos, mientras que, además, tiene por encima la sombra de Néstor Kirchner, economista por vocación. Entre sus motivos más loables está obviamente la necesidad fiscal a futuro, bastante comprometida por la maraña de subsidios que se planean para compensar subas de precios o para estimular a la producción, a la que, por otro lado, se la desestimula con este tipo de medidas, ya que se supone que nadie -ni el agro ni los rubros industriales- quedaría exento hacia el futuro, si el suyo se convierte en un producto o en un sector rentable.

Por otra parte, el nuevo esquema de impuestos al comercio exterior parece desalentar, por incertidumbre, las futuras ventas agrícolas (que a la larga bajarán la mordida del Fisco) y, sobre todo, reduce seriamente las apetencias de los ruralistas por la inversión. Voces interesadas han hecho saber que esta semana se han dado de baja buena parte de las compras de maquinarias encargadas en Expoagro.

Obviamente, no ha sido este ministro quien comenzó con el juego de las retenciones, una versión remozada del IAPI (ente estatal de Comercio Exterior del primer peronismo) para nacionalizar, sin coparticipar un centavo a las provincias, la renta agrícola, ya que Felisa Miceli le enmendó la plana a Roberto Lavagna y las llevó de 20 a 27% promedio; luego, Miguel Peirano las elevó a 35, pero ahora fue Lousteau quien puso la gota exponencial al recurso, gota que sirvió para rebalsar el vaso y para unificar al sector rural.

Desde allí, comenzó una escalada que aún persiste y que se agrava día a día, ya que hay pocas alternativas de solución, tras la radicalización de las posiciones. La primera reacción fue de unidad de las cuatro entidades de productores y la necesidad de codearse unos con otros pudo más que el "espanto", al decir de uno de los popes de la Federación Agraria. A esos primeros comunicados de protesta pidiendo la quita lisa y llana de las retenciones y a la postura inflexible de Lousteau de no retroceder con el fondo de sus medidas, le siguieron tímidos canales informales de diálogo que comenzaron a abrirse a nivel de la Jefatura de Gabinete, que no prosperaron debido a la puesta en marcha de la segunda fase de la protesta: los chacareros ganaron las rutas. El ilegal recurso de atentar contra el derecho a la circulación les sirvió a las entidades para dos cosas: para hacerse ver y para poner sobre el tapete un elemento de protesta que las autoridades han prohijado o al menos tolerado pacientemente en otros casos (piqueteros y asambleístas de Gualeguaychú). Así, creyeron asegurarse la tolerancia gubernamental.

Sin embargo, los dirigentes del campo no contaban con dos elementos que dispararon una nueva escalada de declaraciones y de tomas de posición, que ahora parecen alejar aún más cualquier posibilidad de diálogo y que tensan peligrosamente la cuerda:

a) la paranoia de quienes, en el Gobierno, comenzaron a imaginar sombras golpistas prohijadas por "la derecha reaccionaria y el neoliberalismo" y a exigir mano dura con el campo, aún con aquellos pequeños y medianos productores que se supone son fervientes adherentes al modelo. En este plano, la posibilidad de desabastecimiento asusta y la gran campaña mediática para mostrar los faltantes, torciendo la realidad que responsabiliza a los precios máximos y emparentando las góndolas vacías con la protesta de los ruralistas, le ha puesto gran dramatismo a la situación. Por lo bajo, se amenaza con mandar a la Gendarmería a buscar las vacas a los campos si fuese necesario o con las refriegas que podrían producir las fuerzas de choque del moyanismo camionero, quienes dicen que cruzarán los piquetes a la fuerza, mientras olvidan que le hicieron un corte salvaje de rutas a Fernando de la Rúa, en octubre de 2000.

b) la desautorización de las bases ruralistas a la propia dirigencia y a su Comunicado conjunto de parar los cortes durante la Semana Santa, para no caldear más los ánimos. Los testimonios de los productores que están en sus campos o a la vera de las rutas son contundentes en cuanto a la duración de las medidas, mientras las entidades se dicen desbordadas y sus dirigentes aseguran que no saben cómo hacer para pararlos.

El 25 de junio de 1912, en una rebelión agraria que se gestó en la Sociedad Italiana del pueblo de Alcorta, al sur de Santa Fe, de la que participaron unos 300 agricultores, entre manifestaciones combativas de los trabajadores de la tierra contra los dueños de los campos, se declaró una huelga por tiempo indeterminado para pedir una rebaja en los arrendamientos y contratos mínimos de 4 años. El movimiento -de raíz anarquista y socialista, que se inició con el llamado "Grito de Alcorta" y que fue el germen de la Federación Agraria- de a poco fue sumando apoyos en toda la Pampa Húmeda, hasta que la represión terminó con la vida de algunos de sus impulsores, mientras la venganza se cobró otras del lado de los terratenientes.

Las circunstancias actuales no son hasta ahora, ni por asomo, similares, pero en materia de escaladas nunca se sabe. El gran patrón hoy es el Estado y contra él y contra el modo de conducirlo se han alzado las broncas de todo el campo, las que nuclean además a los productores ganaderos, quienes están mandando cada vez más hembras al matadero en una fuga irracional de la actividad, a los de trigo, que tienen cerrada la venta del cereal al exterior y también a los lecheros, heridos hace poco por Guillermo Moreno, justo en momentos en que el precio de la soja acaba de caer más de 20 por ciento en el mes.

Mientras tanto, desde el lado del Gobierno no se ha escuchado ni una sola autocrítica que ayude a distender algo la situación, empeñado como ha estado durante la semana en atender a la interna entre la AFIP y la Aduana, pelea que terminó con la cabeza de los dos jefes rodando por el suelo, y también la cuestión de los fondos de la provincia de Santa Cruz, monto sobre el cual su propio gobernador no tiene referencias ciertas, cifra que tampoco le interesa determinar a la justicia provincial, ya que un juez mandó al cesto de papeles un dictamen del fiscal. En este caso, el pedido al Credit Suisse de un simple extracto de los movimientos de la cuenta zanjaría todas las sospechas.

Más allá de que la movida podría significar un cierto desvío de la atención pública y una equiparación de logros con su antecesor, por parte de la Presidenta, ¿por qué terminar ahora con la historia del Club de París con 5.500 millones de dólares al contado, si el propio Lousteau ha dicho que no era prioritario? La falta de inversiones genuinas (buena parte de las conseguidas el último año han sido reinversiones de utilidades) y el importante nivel de reservas conseguido ha permitido otro enfoque, acicalado por la constatación matemática del ministro que sabe que si no hay cambios en materia antiinflacionaria y si se continúa con la política de los precios planchados, el costo fiscal de más y más subsidios podría descascararle aún más la caja.

Ya se ha comentado, que este Club de 19 países de buen pasar económico no tiene estatutos y apenas unos pocos principios escritos, cinco a lo sumo, que imponen el consenso como regla y la imposibilidad de que los países negocien con unos sí y con otros no. También se sabe que la condicionalidad exigida para encarar una renegociación pasa "por la existencia de un programa apropiado sostenido por el FMI", algo imposible de digerir políticamente en la Argentina.

El camino del pago completo comenzó a tomar cuerpo sobre todo después de un crudo informe del área de Finanzas, sobre la imposibilidad de abrir brechas entre los miembros de la institución, para que se permita una refinanciación sin el monitoreo del Fondo Monetario, algo que le corroboró al ministro, hace unos días, el embajador de los Estados Unidos, Earl Anthony Wayne.l Pagar implica que esos países dejarán que sus empresas le fíen de ahora en más a la Argentina, sobre todo para encarar obras de infraestructura, como es el caso de la francesa Alstom, vendedora del proyecto y la operación del llamado tren-bala a Rosario y Córdoba. El miércoles próximo, como límite, Lousteau deberá autorizar la entrega de bonos argentinos como garantía de la financiación que dará un consorcio de bancos franceses, que ahora lidera el Natixis, por U$S 4 mil millones a 30 años. El lunes 7 de abril, la Presidenta almorzará en el Elíseo con Nicolás Sarkozy y quiere tener qué mostrar.

Esa operación fue el detonante para que Miguel Peirano diera un paso al costado del ministerio de Economía, ya que el gran temor de los funcionarios es que si por cuestiones macroeconómicas o políticas el tren nunca se construye, el juicio que recibirá la Argentina los arrastraría. La decisión de pagarle al Club de París podría aligerar las condiciones y por eso se ha barajado de modo cierto la posibilidad. DyN chequeó la información con dos fuentes diferentes y pudo constatar que hasta la mesa de operaciones del Banco Central ya tiene en curso una rutina para hacer la transferencia de fondos, apenas se reciba la orden desde Balcarce 50.