POLITICA
ENTREVISTA a MARTIN LOUSTEAU

“Trump tuvo la intuición de apelar a la melancolía en su eslogan”

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“La gestión de Macri en la Ciudad es más parecida a la de Rodríguez Larreta, y hay ciertas cosas a nivel nacional en las que se está viendo un Macri que se asemeja a Vidal”. | Marcelo Aballay
—¿El triunfo de Trump modificará los planes en materia de endeudamiento y de inversión?
—Trump se ha referido a la política de la Reserva Federal, y vimos que aumentaron las tasas de interés. Para una Argentina con sed financiera, tiene un impacto clave. Si el dólar se fortalece, eso está relacionado con commodities que bajan, y también para la Argentina tiene un impacto fiscal clave. Eso lo podemos manejar. La Argentina debe tener un diagnóstico sobre el contexto en el que se desenvuelve, pero el 99% de las cosas que determinan a dónde vamos son las que decidimos acá. En el supuesto cierre de Estados Unidos al comercio internacional, la Argentina lo tenía estancado desde hacía diez años. Pero estamos partiendo de un nivel tan bajo que no hay un impacto directo.
—Que la tasa, en nueve o diez años, haya aumentado 50%, a la Argentina le va a agregar un costo relevante a su endeudamiento.
—Es así.
—¿Creías que ganaba Hillary?
—La probabilidad de que ganara era más grande. Pero he dicho siempre que Trump podía ganar. Apenas llegué a Estados Unidos, vi que los debates entre Hillary y Sanders eran muy sesudos, pero extremadamente aburridos. Y los debates de Trump en las primarias eran muy entretenidos, se transformaban en noticia inmediatamente. En la convención de Filadelfia me enteré de que Trump había registrado su eslogan, “Make America Great Again”, seis días después de que ganó Obama en 2012, lo cual quiere decir que había mucha menos improvisación y una intuición de por dónde pasaban ciertos reclamos. Esa combinación me hizo tener una luz de alerta, y es lo que transmití. Siempre Trump tenía un path to victory, con menores probabilidades que las de Hillary, pero siempre existía.
—¿Qué pensás de las ideas económicas de Trump?
—No tuvimos demasiado esbozo de ideas económicas. Tuvimos un reflejo de cierto sentir de Estados Unidos de cómo la globalización daña severamente a sectores de la población. Un analista que fue asesor de Obama, demócrata y negro, dijo: “Cuando voy al interior, me gustaría ser esquizofrénico para votar muchas veces por Trump”. Los perjudicados por la globalización están concentrados y enojados, y Trump apuntó a darles un mensaje muy claro. Algunas cosas me generan cierto ruido, como que el discurso y las designaciones de Trump tienen un leve recuerdo de aquello de “Tenemos que desarrollar industria básica”.
—Antigua.
—La pregunta es si las respuestas de política económica son lo suficientemente profundas como para lidiar con la doble naturaleza: la necesidad de una respuesta a quien la demanda, más la complejidad del mundo de hoy.
—¿No está la discusión de fondo planteada en que una parte de Estados Unidos cree que no está siendo beneficiada con el libre comercio?
—Sí. Cuando se transnacionaliza en un nivel como nunca antes la producción de las empresas, empieza a ocurrir otra cosa que tiene que ver con la distribución del ingreso. Antes, alguien tenía una idea, la ponía a producir, el mercado, generalmente, era Estados Unidos y un poquito más, y se beneficiaban el que tuvo la idea, el que desarrolló el producto, y el que trabaja produciendo el producto. Ahora, alguien inventa algo, el mercado es el mundo, y eso se produce en China. Entonces, alguien en Estados Unidos se hace mucho más rico que antes inventando algo, pero no derrama nada en la propia sociedad americana.
—La pregunta es si son perjudicados en conjunto los habitantes de los Estados Unidos.
—Cuando tenés una economía en la cual hace 40 años que los salarios medios y más pobres están estancados, cuando tenés la primera generación en mucho tiempo que no puede decir que está mejor que la de sus padres, algo muy profundo se cuece. Y la gente tiene la sensación de que la globalización tuvo que ver con esto. Me parece que la discusión no es “cerrarse más”, sino que en esta globalización tengo que tener muy claro cuáles son los socios que me lastiman menos. Vamos más a un mundo de relaciones y de acuerdos bilaterales que a que se caiga todo.
—¿A la Argentina le habría convenido tener un tratado de libre comercio con Estados Unidos?
—No tenemos un cuerpo preparado que le garantice que está sacando lo mejor que podría sacar. Creo en el libre comercio, pero vivo todos los meses presiones de empresas americanas por cuestiones en las que el interés en la Argentina va distinto de lo que propone una empresa. La maquinaria de presión es extremadamente fuerte. Cuando a una empresa o al Departamento de Estado le interesa un tema, el sistema hace que todos los actores se involucren y tenés un montón de vectores concentrados en un punto que hacen presión sobre
nuestro Poder Ejecutivo. Las discusiones tan extremas de “o ALCA o nada”, “o ALCA o al carajo” son inconducentes.
—¿Encontrás alguna similitud entre Trump y Reagan?
—Hay puntos de contacto. Tomaron casi por asalto la política estadounidense, con una popularidad muy grande y una manera de comunicar muy llana. Otro punto en común es que han enamorado a una enorme clase postergada que, generalmente, ha sido demócrata.
—¿No hay una melancolía en el voto a Trump?
—Trump tuvo la intuición de apelar a esa melancolía en su eslogan. Hacer América, hacer a Estados Unidos grande de vuelta.
—¿Qué va a pasar en los Estados Unidos con su economía a partir de Trump?
—Dicen que es muy visual y necesita mapas para comprender conflictos. Y lo asocian a que es un desarrollador inmobiliario. Tiene una lógica de empresario fuerte en la negociación, y el problema es que cuando vaya a negociar va a meter un poco de comercio con un poco de seguridad, con un poco de otra cosa porque, para su mejor negociación, tiene que tener todas las cosas que importan sobre la mesa. Está formando su gabinete con militares que han hablado fuertemente en contra del acuerdo de Irán y del terrorismo, y empresarios para manejar la política exterior. Y las mesas de negociaciones van a ser más bilaterales, o plurilaterales. Nosotros tenemos que tratar de trabajar con Latinoamérica e intentar unir nuestros propósitos.
—Pero ¿les mejorará su economía? ¿O tiene más posibilidades de hacer desastres?
—La discusión fundamental es si la mejora en la economía es perdurable porque sentás la base del futuro o si estás aprovechando distintas cosas.
—Si es populista o no. ¿Es populista Trump?
—En la comunicación de la campaña, su enfoque sobre los problemas ha sido así.
—¿Qué consecuencias creés que va a tener para China?
—Entrará en una política de negociación mucho más dura. Le dijo a Tim Cook, presidente de Apple: “Yo voy a tener éxito cuando logre que Apple vuelva a producir en Estados Unidos”. Antes de venir, hice una reunión con embajadores de varios países con un asesor de Trump de política exterior. Algunos participan del TPP, y dicen que si Estados Unidos decide no participar, no se van a quedar sin hacer nada. Significa que habrá un marco más grande para China, que crezca un mundo otra vez bipolar. Vamos a un mundo más bilateral, a una personalidad que tiene menos que ver con lo que ha sido tradicional en la política estadounidense. El Congreso va a ser importante como siempre, pero Obama inauguró la época de decretos presidenciales, de Executive Orders, que Trump también querrá explorar.
—¿Ves una crisis como la del 29?
—No.
—El competidor que tuvo el capitalismo en el comunismo, hoy parecería emerger con el populismo. O sea, hace falta una amenaza, y la amenaza del siglo XXI sería el populismo.
—Sí, y por otro lado tenés un actor que no es ni una cosa ni la otra, ni una democracia ni un populismo, ni una economía plena de mercado.
—China, decís.
—China, a la que no podés colocar en ninguno de estos carriles. Ahí hay un tema sumamente significativo.