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PROTAGONISTAS / PRIMERIZA Y ENAMORADA
domingo 19 octubre, 2014

Viki Donda y un muy emotivo Día de la Madre

Ayer nació Trilce, su primera hija. Su pareja, Pablo Marchetti, escribe sobre lo que para ella significó el parto, su felicidad, y sus pesadillas.

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por Redacción Perfil


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Foto: Gentileza P. M.

Hay algo que jamás le dije a Viki. Y si lo puedo escribir ahora es porque ya pasó, porque Trilce está bien, porque los miedos que vienen ahora son los lógicos en cualquier persona que tiene un hijo o una hija. Que no son pocos, claro está. Pero que le tocan a cualquiera.

Llegó el momento de saber distinguir hasta dónde acompañar a nuestra hija y cuándo dejarla sola, conscientes de que es una persona que forjará sus propios deseos, su propios gustos, sus propias ganas y su propio destino. En suma, la vida misma.

Ahora sí puedo sincerarme sobre algo que me pasó durante el embarazo: todo este tiempo sentí que la panza de Viki me hablaba. No hablo de los movimientos de mi hija dentro de la panza de mi mujer. Que se hicieron sentir y mucho: imaginen, una nena con el tamaño del padre (nació con 3,710 kilos) e inquieta como la madre.

Prácticamente un tsunami de la obstetricia. Pero no, no era eso: era la panza. Lo que decía su panza. Todo lo simbólico y todo lo real que irradiaba su panza.

Viki y su miedo de que roben a Trilce. Viki y sus pesadillas. Viki y sus angustias. Viki y sus fantasmas. Viki y su historia. Sí, su historia. El problema es ese: la mayoría de nosotros tenemos una vida. En cambio Viki tiene una historia. Todo el mundo se lo dice todo el tiempo: “Claro, vos con tu historia”. Y parece que esa historia que involucra a todo un país deja pasar por alto el hecho de que ella quiere y necesita tener una vida.

Nuestra querida amiga Claudia Acuña me decía que cuando estaba por parir a Franco, su hijo mayor, tuvo mucho miedo. Entonces el obstetra que la atendió le dijo las palabras que ella necesitaba oír para tomar valor: “Vaya tranquila, piense que hubo mujeres que parieron en la ESMA”.

Una de las mujeres que parieron en la Escuela de Mecánica de la Armada fue María Hilda Pérez, la mamá de Viki. Y una de las nenas que nacieron en la ESMA fue Victoria Donda Pérez, mi mujer, mi amada y hermosísima mujer, que ayer parió a nuestra hija, Trilce, en el Sanatorio Anchorena de la ciudad de Buenos Aires.

Quien asistió el parto de María Hilda fue Lydia Vieyra, sobreviviente de la ESMA, tía del corazón de Viki. Que fue la primera que la vio en este mundo y la primera en llegar ayer al Anchorena.

Durante su embarazo, Viki siguió trabajando. Recién pidió licencia una semana antes. Cuando no podía más con su panzota, le pidió al médico que le hiciera cesárea. Yo amagué con insistir con el parto natural (como prefería el médico), pero desistí enseguida. Entendí que lo de Viki era una forma de darle a su hija (a nuestra hija) toda la contención y la atención médica que no tuvo ella cuando nació en el mayor centro de torturas de la Argentina en el siglo XX.

Soy un tipo muy poco esotérico y místico. Pero no me parece casual que justo un día antes de que Viki tuviera a Trilce apareciera el cadáver de Luciano Arruga. Increíblemente, la última vez que Viki asumió como diputada juró por Luciano y por Marita Verón. Y una de las primeras veces que charlamos Viki y yo fue en el festival por Luciano, a un año de su desaparición, en Lomas del Mirador, convocados por Vanesa Orieta, otra mujer increíble, con vida y con historia, otra madre descomunal, lúcida y hermosa.

Tampoco me parece casual que hoy, un día después del nacimiento de Trilce, sea el Día de la Madre. Viki es madre, Viki merece como nadie poder celebrar este, su día. Viki tiene derecho a ser feliz. A tener una vida, además de su historia. Por su historia y por su vida.

Feliz día, mi amor. No te lo digo yo: te lo dice tu hija. Que no tiene ni 24 horas pero que, aunque no dice una palabra, ya habla. Como hablaba tu panzota hasta hace un ratito nomás. Te juro que Trilce me dijo que está orgullosa de su mamá. Y agradecida de saber que a veces la historia (y, por qué no, la vida) puede tener un final feliz.


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