SOCIEDAD
Un estudio estadounidense

Batir hormonas, agregar amistad (como conservante), servir en el momento justo... y habrá amor duradero

Los científicos buscan descubrir que nos hace enamorarnos y hacen desde mapeos cerebrales hasta análisis hormonales. Incluso ya se venden productos que garantizan la fidelidad.

0731amor468ced
| Cedoc

La antropóloga Helen Fischer, de la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey, se decidió por un objeto de estudio tan vapuleado como poco explorado científicamente: el amor. Busca descifrar de qué se trata y cuáles son los procesos químicos, físicos y corporales que conlleva, basa sus experimientos en series de imágenes cerebrales a través de resonancias magnéticas.

Según informa el diario El País , Fischer llegó a la conclusión de que son tres los procesos cerebrales implicados: “primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último el cariño, el lazo afectivo de larga duración que sostiene a las parejas más allá de la pasión”.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Estos tres procesos son distintos, pero están interconectados y tienen un raíz evolutiva común: favorecer la conservación de la especie humana. El primero de los procesos, relacionado con el instinto sexual, está muy relacionado con la actividad hormonal.

En el caso de los hombres, y según demostraron profesionales del Face Research Laboratory de la Universidad de Aberdeen, los altos niveles de testosterona condicionan cuáles serán los rasgos femeninos que más se acercarán al ideal de mujer buscado. Lo mismo ocurre con las mujeres.

La segunda fase, la del amor romántico, está caracterizada por la atracción sexual selectiva. Si bien este proceso tiene bastante en común con el período de cortejo de varias especies de mamíferos, Fisher marca una rotunda diferencia: “El ritual de elección de pareja dura minutos u horas, como mucho días o semanas; en los humanos, esa fase temprana de intenso amor romántico puede durar de 12 a 18 meses”.

Durante este proceso de enamoramiento, las cualidades del otro se ven agigantadas y los defectos, por el contrario, aplacados. “Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad” explica el artículo, y ahonda en el tema: “Son los signos de un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro, y así lo han confirmado los experimientos de imagen”.

El problema es que el amor romántico, como decíamos antes, suele durar menos de dos años, y en ese tiempo, los “cachorros” humanos no están en condiciones de cuidarse solos. Por eso, es necesario un mecanismo que prorrogue los lazos afectivos entre sus padres, para asegurarle cobijo. Para que la historia termine bien, entonces, es necesario tener en cuenta un factor que suele ser determinante: la fidelidad.

Estudios científicos aseguran que, en ciertos animales, la traición amorosa está determinada por un gen que fabrica el receptor de la vesopresina, que es una hormona capaz de alterar el comportamiento. En los humanos, hay otro gen al que le atribuyen “la culpa de la infidelidad”: el receptor de la oxitocina.

Por eso, ni lentos ni perezosos, científicos europeos lanzaron a la venta por internet productos como Enhanced Liquid Trust basados en la oxitocina, y " diseñado para mejorar el área de citas y relaciones
 

Fuente: Diario El País, Madrid.