SOCIEDAD
Opinión

La solidaridad argentina

Ser solidario hace bien y el argentino lo sabe. La empatía es una de las claves a la hora de hablar de solidaridad, pero entonces: ¿Por qué nos ayudamos? ¿Qué sentimos cuando lo hacemos? ¿Cómo podemos mejorar?

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La Argentina tiene mucho potencial solidario. | CEDOC.

Si bien es cierto que el argentino se sensibiliza y ayuda sin dudar ante inundaciones, incendios, catástrofes naturales o hechos de vulnerabilidad que se difunden mediante los medios de comunicación, también es cierto que el caudal de ayuda disminuye con el correr de los días. “Los argentinos somos muy altruistas de lo que vemos pero tenemos que mejorar en el altruismo de lo que no vemos”, expresó hace unos días el neurocientífico Facundo Manes. Y es así, en Argentina para no estancarse es necesario empezar a pensar en el mediano y largo plazo.

Es importante saber que las organizaciones de la sociedad civil se caracterizan por atender las capacidades más inmediatas en áreas como salud, educación, medio ambiente, discapacidad, entre otras. Según la Asociación Gadis son alrededor de 100 mil las organizaciones locales con este tipo de características y más del 80 por ciento fueron creadas en las últimas dos décadas como consecuencia de las diferentes crisis económicas y sociales.

Hay que subrayar que un número importante de fundaciones empresarias, entidades sin fines de lucro, cooperativas, asociaciones y diferentes organizaciones de la sociedad civil ayudan día tras día, dentro del territorio nacional y de forma silenciosa. Lentamente logran consolidar la idea de primero pensar en el otro y luego en uno mismo. Por lo tanto, sería de gran valor observar una importante inversión económica para aumentar la promoción y difusión de los programas de trabajo del voluntariado ya que en la actualidad hay un gran número de personas que quieren ayudar y no saben cómo empezar. Es importante saber que el hecho de ayudar, aumenta la autoestima, reduce el estrés, provoca bienestar a nivel mental y mejora el sistema inmunológico.

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Un estudio de la consultora Voices! arrojó como resultado que el 17 por ciento de los ciudadanos realiza tareas de voluntariado y más de la mitad expresó haber donado algún bien material en los últimos doce meses. Pero esto no es suficiente para un país que tiene más de 8 millones de personas que se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. Y más si tenemos en cuenta que en la Argentina sobra potencial para ayudar. No hay que dejar de lado que esto es consecuencia de una prolongada ausencia del Estado en cuestiones básicas y la falta de políticas públicas en este sentido.

Ayudar hace bien, pero, ¿Por qué? Para esto es importante destacar la relación entre solidaridad y felicidad. Cuando uno hace el bien de forma desinteresada se libera y activa la oxitocina, la hormona del placer. Esta hormona aumenta de forma considerable cada vez que se realiza algún tipo de donación o de ayuda. Entonces, no hay dudas, el que ayuda a los demás se ayuda a sí mismo. La otra clave, es la empatía, ponerse en lugar del otro, imaginar y sentir qué es lo que siente y de esta manera saber cuál es la necesidad de los que menos tienen. Si esto se lograría, seguramente, la inclusión se incrementaría de forma considerable.


(*) Integrante del proyecto solidario Verte Reír. En Twitter: @Martinmosie