SOCIEDAD HISTORIA DE UNA VOCACIÓN

La vida del jesuita argentino antes de llegar a lo más alto de la Iglesia Católica

En este extracto de la biografía de Jorge Mario Bergoglio, El Jesuita, e revela cómo decidió ser cura.

Foto:Cedoc.

—¿Cómo se conocieron sus padres?

— Se conocieron en 1934 en misa, en el oratorio salesiano de San Antonio, en el barrio porteño de Almagro, al que pertenecían. Se casaron al año siguiente. (...) Me acuerdo mucho de uno de esos tíos abuelos, que era un viejo pícaro, y que nos enseñaba a cantar cantitos medio subiditos de tono en dialecto genovés. Por eso, lo único que sé en genovés son cosas irreproducibles.

— ¿Jugaba con sus padres?

— Sí, a la brisca y otros juegos de naipes. Como papá jugaba al básquet en el club San Lorenzo, nos llevaba a veces. Con mamá escuchábamos los sábados a las dos de la tarde las óperas que pasaba  Radio del Estado (hoy Radio Nacional). (...)

— ¿Se portaban bien? No es algo fácil para un chico conectarse con una ópera…

— Sí… bueno. A veces en la mitad empezábamos a dispersarnos, pero ella nos mantenía la atención, porque durante el desarrollo continuaba con sus explicaciones. (...) Sobre todo, recuerdo a papá y  mamá compartiendo con nosotros, jugando… cocinado…

—¿Cocinando?

—Me explico: mamá quedó paralítica después del quinto parto, aunque con el tiempo se repuso. Pero, en ese lapso, cuando llegábamos del colegio la encontrábamos sentada pelando papas y con todos los demás ingredientes dispuestos. Entonces, ella nos decía cómo teníamos que mezclarlos y cocinarlos. (...) Todos sabemos hacer, por lo menos, milanesas. (...)

—¿Y cocina bien?

— Bueno, nunca maté a nadie…

Cuando terminó la escuela primaria, su padre lo llamó y le dijo: "Mirá, como vas a empezar el secundario, conviene que también comiences a trabajar; en las vacaciones te voy a conseguir algo”. (...) "Le agradezco tanto a mi padre que me haya mandado a trabajar. El trabajo fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida y, particularmente, en el laboratorio aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana”, subraya. Con tono nostálgico, agrega: “Allí tuve una jefa extraordinaria, Esther Balestrino de Careaga, una paraguaya simpatizante del comunismo que años después, durante la última dictadura,  sufrió el secuestro de una hija y un yerno, y luego fue raptada junto con las

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Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti