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Larreta: "Mi viejo estuvo desaparecido en la última dictadura"

En este apartado del reportaje de Jorge Fontevecchia, el jefe de Gobierno porteño recuerda y analiza sus orígenes políticos.

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El jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta en diálogo con Fontevecchia.
El jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta en diálogo con Fontevecchia. Foto:Facundo Iglesias

#PeriodismoPuro es un nuevo formato de entrevistas exclusivas con el toque distintivo de Perfil. Mano a mano con las figuras políticas que marcan el rumbo de la actualidad argentina, Fontevecchia llega a fondo, desmenuzando argumentos y logrando exponer cómo piensan los mayores actores del plano del poder. Todas las semanas en perfil.com/PeriodismoPuro

—Cuando era chico a su padre le embargaron los cuadros, el auto y la casa porque salió como garantía de Racing, cuando fue presidente.
—Sí claro, me acuerdo que venían los tasadores a mi casa. Yo tenía 11 o 12 años. Eso pasó en 1977. 

Macri venía de ser presidente de Boca. ¿En algún momento su padre le hizo alguna comparación entre lo que significa presidir un club grande muy popular , la política del fútbol y la política de Estado, dado que él tenía experiencia en ambos lados?
—Papá estuvo poco tiempo en Racing, y no fue una experiencia muy feliz para él, tampoco. En cambio a Mauricio le bárbaro en Boca. Fueron historias muy opuestas, no había manera de comparar.

—Siendo presidente de Racing en la época de la dictadura, su padre estuvo desaparecido diez días ¿Qué sucedió? Porque siendo presidente de un club como Racing su falta iba a ser muy evidente.
—Zafó por eso, porque se hizo muy visible su falta en las páginas de los diarios donde no había tanta censura, que eran las páginas deportivas. Se lo llevaron porque su nombre aparecía en la libreta de otro. Solo por eso, como tantos casos en aquel triste momento de la Argentina. Obviamente había tenido una participación política fuerte y había sido parte del Frejuli, con Perón. Por suerte lo pudo contar.

—Los militares lo tuvieron en el Pozo de Banfield porque imaginaban algún vínculo entre su padre y David Graiver, y creyeron que podía estar vinculado con Montoneros.
—Creían eso, sí.

—Y que lo llevaron a Lidia Papaleo.
—Se lo llevaron pero él no tenía ningún vínculo; para nada, jamás. Su nombre figuraba en la libreta de teléfonos de alguien asociado a Graiver, eso fue todo. Y ahí es donde construyó esa relación. Estuvo en Banfield, sí, y declaró en el juicio de las Juntas; en el Nunca Más, él declaró.

—Siendo usted muy chico esa situación límite lo debe haber marcado.
—Fue muy fuerte. Fue en 1977. Mis padres estaban separados, yo tenía 11, 12 y con mis hermanos vivíamos en casa de papá. Nosotros nos turnábamos los tres para dormir con él en la cama y esa noche me tocaba a mí. En un momento toca la puerta de la habitación la mucama de casa, para avisarle que había gente que lo buscaba abajo. Yo me desperté y pregunté, ¿qué hora es? Eran las dos y media de la mañana y mi viejo fue a ver quién lo buscaba. Yo me quedé en la cama, me dormí y él no volvió más. Cuando me desperté, ya no estaba. Según contó alguna gente que lo vio abrir la puerta, se lo llevó uno de ésos Falcon verdes. Desapareció, literalmente. A la semana, me acuerdo, no me lo olvido más, jugaban Racing-River, un partido muy visible, en la cancha de Racing, y papá no fue. A partir de ese partido que ganamos 3 a 2, tampoco me olvido eso, es que se hizo muy notoria la falta del presidente de Racing. A partir de ahí los diarios se preguntaban: “¿Dónde está el presidente de Racing? ¿Dónde está el presidente de Racing?”. Y entonces, apareció.

—La palabra “desaparecido” a usted debe resonarle fuerte…
— Sí, claro, fue tremendo lo que viví.

—Su padre también tuvo relación con el periodismo, porque fue trabajó como asesor argentino en la revista The Economist.
—Sí, durante bastantes años.

—En aquella época su padrino Rogelio Frigerio intervenía en la conducción de Clarín, cuando el desarrollismo llevaba adelante el diario. ¿Qué le quedó de recuerdo de aquella época?
—No, muy poco. Era muy chico yo Jorge, muy chico. Papá me contaba las cosas que se le pueden contar a un nene. Mencionaba a Rogelio, y a Oscar Camilión, que era otro actor importante del ese tiempo, porque ellos tenían mucha influencia en Clarín, definitivamente.

—¿Su padre le asignaba importancia al tema de los medios de comunicación en la política o la subestimaba?
—Sí, le asignaba muchísima importancia. De hecho, él era algo así como el representante de The Economist en Argentina y escribía bastante en la revista.

—Su padre, además, ¿Fue funcionario durante la gestión de Camilión como ministro de Defensa de Menem?
—Sí claro, era uno de los subsecretarios en el ministerio.

—Inicialmente su padre apoyó y trabajó en el gobierno de Menem casi tres años, pero luego se hizo crítico de la convertibilidad y de la situación de la Argentina.
—Sí, él fue crítico y con los años se fue haciendo cada vez más.

—¿Qué diría hoy su padre, un economista graduado en Londres, de la economía de Cambiemos?
—La priorización que le da Mauricio a la producción nacional, a generar trabajo argentino de calidad, todo eso tiene una fuerte coincidencia con la visión desarrollista. El hecho de que el Estado tenga un rol y una responsabilidad en el desarrollo económico es una definición muy fuerte que, por supuesto, mi papá abonaba siempre.

—Al lado de quién se hubiese parado Horacio Rodríguez Larreta padre: ¿En la línea que decía que el gradualismo del gobierno era excesivo y demandaban una actitud más enérgica de corrección de la economía o con los gradualistas?
—Mi viejo hubiera estado, no tengo dudas, apoyando esta idea que busca el desarrollo económico pero con sensibilidad social. Hay que ver de dónde venimos, la realidad del país. Macri empezó el gobierno con un 30% de pobres, lo que requiere una enorme atención para la gente que más lo necesita. Hubiese apoyado esta visión, que en lugar de gradualista yo la llamaría de sensibilidad social.

Leé la entrevista completa de Jorge Fontevecchia acá.