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Qué espera Cambiemos para 2019

Entrevistado por Fontevecchia, Monzó adelanta algunas impresiones sobre el futuro del oficialismo.

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Emilio Monzó junto a Jorge Fontevecchia.
Emilio Monzó junto a Jorge Fontevecchia. Foto:Cedoc

#PeriodismoPuro es un nuevo formato de entrevistas exclusivas con el toque distintivo de Perfil. Mano a mano con las figuras políticas que marcan el rumbo de la actualidad argentina, Fontevecchia llega a fondo, desmenuzando argumentos y logrando exponer cómo piensan los mayores actores del plano del poder. Todas las semanas en perfil.com/PeriodismoPuro.

— En el 2009, Néstor Kirchner le pidió a Scioli que le pidiera la renuncia como Ministro de Agricultura de la provincia pero en 2010 lo convocó para que trabajara para él en el armado electoral para 2011. ¿Cómo fue esa charla?

—Buena. Yo no lo conocía, nunca habíamos tenido una charla personal. Ideológicamente nunca compartí su pensamiento y él lo sabía. Estuve dos o tres horas con él y noté que estaba en todos los temas. Al final me dijo: “Mirá, necesito esto”. En aquel momento estaba en 28, techo a morir. Me dijo: “Si me trabajás podés darme 4 o 5 puntos más y con eso soy presidente de nuevo”. Creo que estaba lejos de esos 4 o 5 puntos, pero él hacía su apuesta. No dije nada, nos saludamos y me fui. A la semana le dije que no. Y Niembro me acercó a Mauricio.

—Y le contó a Macri que lo había llamado Néstor.

— Sí. Pero le dije: “Quedate tranquilo Mauricio, estoy convencido de lo que hice y de lo que voy a hacer: no vuelvo al kirchnerismo”. Ahí me ofreció ser el armador de su candidatura a presidente. Pero después murió Kirchner y él decidió bajarse.

—¿Cómo fue esa primera reunión con Macri?

—Con Mauricio nos conocíamos de antes. Fue una reunión rápida. Entre nosotros había onda, como dicen los chicos. Una buena relación personal.

— ¿Quiénes estaban en esa reunión?

—Diego Santilli, Fernando Niembro, Mauricio Macri y yo.

— Esa fue la primera. ¿Y después?

— En la segunda me llevó a la mesa chica. Vidal… no estaba. Estaba Marcos, Durán Barba, su colaborador Santiago Nieto, Nicolás Caputo, y yo. Empezó raro porque expuse y me tuve que ir. Hice cientos de reuniones iguales y nunca me dijeron que fuese. Así que volví a casa y le dije a mi mujer: “Mirá lo que me pasó con ese espacio tan raro…”. Después me fui acostumbrando e integré esa misma mesa.

—Y a la frase: “Puede retirarse”. Como en una entrevista laboral.

—¡Sí! Eso parecía. Pero después, con la mesa, estuve muy bien. En todo ese trayecto que fue tenso porque buscábamos una presidencial, Nicolás Caputo, además del Mauricio, fue la persona que más me sostuvo, desde el primer día. No es fácil entrar en un espacio ya construido. Uno siempre es un ajeno.

—¿Le hicieron sentir que no era un PRO puro?

—Desde el primer día. Pasa que cuando uno entra en un espacio de poder y se lleva una parte del poder, siempre hay alguien que se molesta. Tuve a otros que no, todo lo contrario. Pero nunca es fácil al comienzo, porque quieren seguir con lo que tenían antes. “¡Para qué lo agregamos a este!”, piensan. Fue duro.

—¿Imagina que en 2019 Vidal, Rodríguez Larreta y Macri, se presenten para la reelección del mismo cargo que hoy tienen?

—Sí, no puedo imaginar otra cosa. Sería el proceso natural.

—¿Lo ve a Marcos Peña como Jefe de Gabinete si es reelecto a nivel nacional Macri?

— Sí, puede ser. En la foto de hoy, claro, porque esto es muy cambiante.

—Con la salvedad de seis años son una eternidad, si todo avanzase de la forma como usted lo afirma y se consolida un proyecto político que tiene perdurabilidad, Macri es reelecto, termina su mandato, no puede ser reelecto, es respetuoso de la Constitución y hay una continuidad en cuanto a que es un proyecto político apoyado por la gente. Siguiendo con todos estos condicionantes que pueden cambiar en seis meses, si se mantuviese la situación de hoy, ¿Quién cree que sería, para Macri, su sucesor? ¿Rodríguez Larreta, Vidal o Peña?

— El que más mida. Va a ser un tema más de la opinión pública que de relaciones personales. Mauricio tiene confianza en los tres. De hecho es el trípode desde donde él se apoya en la administración del Estado y la política.  

—¿No imagina la posibilidad de que haya tensión entre ellos tres? ¿Nunca imagina una tensión entre Vidal y Macri?

— Siempre lo imagino. Sería un absurdo o una mentira contestar lo contrario. El poder no es cómodo. El que entra, sabe que esto no es para cómodos. El poder es tensión porque es puja permanente. Y ahí va a haber una puja, seguramente, en la sucesión. Y yo seré parte de esa tensión.

—¿Cuánto hace que no habla con Macri a solas?

—Cuatro días, cinco. Estoy en el mejor momento de la gestión, y de la relación.

—Entonces hoy hay más lugar para el debate interno del que había hace un año.

—No, no por ese motivo. Le tengo mucho respeto a la palabra amigo, pero sí tengo una relación personal y afectiva con el presidente que escapa a lo laboral. Mi conversación con él tiene un porcentaje de política, de responsabilidad, y un gran porcentaje de relación personal. Eso ayuda mucho.

—Al no estar en el Poder Ejecutivo, quizás también hay cierto grado de distancia.

—Creo que allí no duraba. Por mi forma de ser. Pero acá, esta distancia es la distancia…

— Justa.

— Dios acomoda los dados.

— Hay un ejemplo que se utiliza en los puercoespines: todos los animales cuando duermen se amuchan para darse calor, pero los puercoespines tienen un problema porque se pinchan. Entonces, logran una distancia ideal como para irradiarse calor sin pincharse...

— Bueno, soy un puercoespín acá en el Congreso. Estoy en esa distancia. Siempre mantuve, con las lógicas tensiones, una relación con Mauricio que también es la relación que quiero, que me permite decirle lo que siento. Abro la puerta y él sabe que por ahí sacudo, o por ahí no, pero siempre con una relación sincera.

—Usted ha guardado un silencio increíble. Me dicen que hasta suspendió sus charlas en off con periodistas y me imagino que debe haber sido un esfuerzo importante, ¿Por qué lo hizo? ¿Se lo autoimpuso?

—No fue fácil. No haber intervenido en una elección para mí fue muy duro. No ahora, sino en el momento en el que fui madurando la situación. Mucha contención familiar; y mucha contención de mi equipo que  entienden, porque tienen trayectoria política, que hay momentos de pausa. Tengo una responsabilidad por mi cargo y eso me invita a la prudencia.

— Pero, ¿fue una decisión suya, personal?

—Sí, mía, personal. Creí que la mejor manera de colaborar con el gobierno era mi silencio. No expresar lo que me parecía que había que hacer, sino silenciar. Hasta hoy, que hacemos este reportaje, me mantuve en absoluto silencio con los medios. A veces a uno le toca un lugar y en este caso, me tocó, por primera vez, no participar. Eso hace que uno empiece a imaginar otras posibilidades, hasta dejar de a poco la política. Primero, porque es un lugar difícil. Quedan pocas chances de crecer. Se achican las posibilidades.

—O gobernador en Buenos Aires o presidente.

—Son las aspiraciones que uno puede tener. Además uno pierde el misterio por el contacto permanente con el presidente, con los cargos. Uno ve las cosas más reales. Lo que en realidad pretendo es terminar mi rol como presidente de la Cámara.

—¿Cuándo termina su rol como presidente de la Cámara?

— En 2019. Bueno, eso como diputado. Como presidente, el 10 de diciembre debo ser electo nuevamente.