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Rodríguez Larreta: “No sé si hay un futuro común para Cristina, Urtubey y Massa”

"Mi visión es que no existe un partido político que se llame peronismo en la Argentina", sostuvo el jefe de Gobierno porteño.

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Horacio Rodríguez Larreta en Periodismo Puro.
Horacio Rodríguez Larreta en Periodismo Puro. Foto:Cedoc

#PeriodismoPuro es un nuevo formato de entrevistas exclusivas con el toque distintivo de Perfil. Mano a mano con las figuras políticas que marcan el rumbo de la actualidad argentina, Fontevecchia llega a fondo, desmenuzando argumentos y logrando exponer cómo piensan los mayores actores del plano del poder. Todas las semanas en perfil.com/PeriodismoPuro

—Frigerio, su padrino, originariamente tenía una formación marxista.

—Sí, venía de una formación marxista, pero se fue aggiornando hacia el desarrollismo. Insisto con esto: que el Estado tenga un rol y una responsabilidad en el desarrollo económico de un país, es una definición ideológica profunda. Muchos piensan que hay que permitir el libre juego del mercado. El desarrollismo, no. Yo coincido con eso. Creo en el Estado y creo que la fortaleza del Estado es uno de los principales motores en el desarrollo equilibrado. No se trata del desarrollo por el desarrollo mismo.

—¿Es una tercera vía entre dos dogmatismos?  Me refiero a algo parecido a lo que a mediados de los años ’90 planteó Tony Blair con la reformulación del partido laborista en Inglaterra.

—Sí, es otra visión. Una visión diferente, no sé si una tercera vía porque las otras dos vienen primero. Tony Blair venía de un partido más de izquierda, planteó una tercera vía en un lugar más equilibrado.

—¿No cree que eso es lo que debiera intentar el peronismo para ser alternativa en el futuro? Lo veo arrugar el ceño: ¿Qué piensa que puede pasar en el futuro con el peronismo?

—¿Qué es el peronismo?

—Le pregunto a usted: ¿Qué es el peronismo?

—Hoy hay dirigentes que se identifican con una simbología común. No quiero usar la palabra “simbología” porque parece que quiero minimizarlo. Los une una historia común, sí, pero no funcionan como una institución que pueda llamarse partido político. Podemos discutir semánticamente qué significa un partido hoy, pero si uno lo entiende como una institución como un sistema de reglas de juego que todos sus miembros estén dispuestos a seguir, eso no sucede. No sé si hay un futuro común para Cristina Kirchner, para Urtubey y para Massa. Entonces, si usted me pregunta por el peronismo, ¿de cuál de ellos me está hablando? ¿El Frente para la Victoria que gobernó el país en los últimos 12 años? ¿D’Elía es el peronismo? ¿Boudou es peronismo? Y esa gente gobernó el país.

—¿Su visión es no existe el peronismo?

—Mi visión es que no existe.

—¿Es una abstracción?

—No, mi visión es que no existe un partido político que se llame peronismo en la Argentina. A las pruebas me remito: lo que gobernó el país fue el Frente para la Victoria. Existe una historia común, claro. Qué difícil es encontrar la palabra justa... Hablamos de una historia común, de una simbología común.

—¿Qué paralelo encuentra con lo que le pasó al radicalismo ? ¿Piensa que le puede pasar lo mismo que al radicalismo?

—El sistema de partidos en Argentina se ha debilitado muchísimo. No existen instituciones que tengan reglas de juego que sus miembros cumplan a lo largo del tiempo de forma coherente, como hay en algunos otros países. Si uno mira la historia de las últimas diez elecciones, lo que llaman peronismo, o radicalismo, ha ido en mil formas distintas, con nombres distintos como se llama a la última versión, que es Unidad Ciudadana. Lo que siento es que el radicalismo tiene más sentido de institución, un mayor porcentaje de esos miembros acompañando un mismo proyecto.

— Hoy. Porque decidió amalgamarse a Cambiemos.

—Sí, claramente. Un altísimo porcentaje de los radicales están hoy adentro de Cambiemos. La gran mayoría.

—¿Usted se refiere a un principio de cohesión que hace que las partes, en determinado momento, construyan algo que pueda tener vocación de poder?

—Un partido político, justamente, es un principio de cohesión a partir de reglas de juego que todos reconocen y respetan. El peronismo no es eso, hoy.

—¿No encuentra un paralelismo con la situación que vivía el radicalismo en 2003 por ejemplo?

—En el 2003 sí. Hoy está más cohesionado, los radicales están unidos en el proyecto de Cambiemos. En realidad lo que pongo en cuestión es el sistema de partidos en la Argentina. Que existan más instituciones que cumplan con esos criterios básicos.

—¿Podríamos decir que en un país grande como Argentina, con tres millones de kilómetros cuadrados, existen dos historias políticas, no las llamemos formalmente partidos, que tienen en cada pueblo, un local con un escudo, alguien con ganas de ser concejal, intendente, gobernador o algún  día presidente? Por un lado el peronismo, y por el otro el radicalismo? ¿No lo ve así?

—Sí, pero no los igualaría. En ese sentido es más fuerte el radicalismo. En esa historia común, en ese valor que se le da a la presencia en cada pueblo de la institución llamada Unión Cívica Radical.

—¿Ve más débil al peronismo hoy, de lo que era el radicalismo de 2003?

—Sí, porque quienes hoy representan a ese peronismo, en los últimos 12 años, no solamente no fueron juntos, no respondieron a una institución común, sino que fueron muy antagónicos, incluso. No es que hay ciertos matices dentro de una misma visión. Uno escucha lo que dice Randazzo de Cristina Kirchner, habiendo sido su ministro durante 12 años y es de un antagonismo enorme. No son matices.

—Pero antes hablábamos de la UCR y la UCRI y tampoco hubo matices: el radicalismo se partió, hasta formalmente.

—El radicalismo se partió, una de sus dos visiones logró mantener esa historia común que fue el Radicalismo del Pueblo, y la otra se fue diluyendo bastante rápidamente como institución partidaria, aunque no en términos de influencia ideológica, donde siguió siendo muy fuerte. Por eso creo que el desarrollismo es, como corriente ideológica, como visión de país, de las más acertadas, de las más profundas y mejor desarrolladas en los últimos cien años. Pero no tuvo un correlato en la consolidación partidaria.

—¿No siente a Cambiemos como el punto de unión de esas dos corrientes que se fueron abriendo y qué hoy logran una mayoría?

—No, una cosa es que haya coincidencias en algunos puntos, y otra cosa muy diferente creer que acá hay una continuidad, una unión. En el caso nuestro, para nada. El PRO se formó en 2002, 2003, sin ningún origen previo, sin gente que viniera de otro lugar. El radicalismo sí, pero no es nuestro caso. Mauricio venía del fútbol, sin una participación política previa, Marcos venía de trabajar en una ONG, yo venía de una trayectoria más en el gobierno. No hubo un grupo de gente que se unió con otro. Nosotros, antes no éramos un grupo. Por eso querer darle a esto una suerte de continuidad no tiene mucho sentido.

—Quizás ustedes no sean conscientes ni lo vean tan claro, pero si el ministro político es el nieto del cofundador del desarrollismo que, al mismo tiempo, era el padrino del que hoy es el dirigente más importante después de Macri

— Eso corre por su cuenta.

—Corre por mi cuenta, sí. ¿No cree que subyace algo del desarrollismo, que vuelve como ideología o como idea?

—Sí, pero yo a Rogelio lo conozco de chiquito, de la casa de su abuelo, y después dejamos de vernos durante 25 o 30 años. No es que continuamos en una relación, siendo parte del mismo grupo. Ni siquiera lo volví a encontrar 20 años más tarde, en la función pública.

Leé la entrevista completa de Jorge Fontevecchia acá.