POLICIA INTEGRABA LA ORGANIZACION PIXIU

Era argentino el principal sicario de la mafia china

Nicolás Faeda tiene 23 años y lo acusan de 74 ataques contra comerciantes asiáticos. Cobraba entre 13 y 20 mil pesos por caso.

secuencia. El video muestra uno de los ataques atribuidos a la organización. Nicolás Faeda fue detenido en Caseros.
secuencia. El video muestra uno de los ataques atribuidos a la organización. Nicolás Faeda fue detenido en Caseros. Foto:captura tv

Un largo hilo de sangre seca, que se extendía desde el cordón de la vereda y que se metía por debajo de la puerta del restaurante chino La Amistad, recibió a los detectives de Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal Argentina (PFA). Con el cuidado de no pisar la gran mancha roja, los agentes se internaron en el comercio, que funcionaba como fachada de un antro de la mafia china: el típico “karaoke” al estilo oriental, con pequeños habitáculos dotados con sillones, una mesa y un televisor donde el cliente podía optar por cantar, consumir hielo de metanfetamina, pagar servicios sexuales o quedarse en una mesa de juegos.

Autos de lujo y hombres misteriosos solían frecuentar el falso restó, ubicado en la avenida San Juan al 3200, en el barrio de San Cristóbal, en el que hallaron droga, granadas de humo y armas, entre ellas, una que fue usada en siete ataques a supermercadistas.

A ese lugar llegó la investigación, a cargo de la jueza María Gabriela Lanz, tras la pista de Nicolás Faeda, un argentino de 23 años que es considerado el principal sicario de la mafia china. Creen que es responsable de, al menos, 74 atentados contra comerciantes chinos que se negaban a pagar a Pixiu, la organización criminal más importante que opera en Argentina, cuyo líder, Ye Yong, alias “A Di”, fue detenido junto a otros 43 miembros en la Operación Cabeza de Dragón, llevada a cabo por la fuerza de seguridad a cargo de Néstor Roncaglia.

La metodología era sencilla: Faeda llegaba al punto marcado junto a un cómplice que conducía la moto. Ingresaba al supermercado con el casco puesto o una capucha para que las cámaras no tomaran su rostro, sacaba el arma de uno de sus bolsillos y disparaba. Luego, salía corriendo.

En La Amistad, Faeda se reunía con Yu Yu Mei, alias “Franco”, un hombre de la mafia que se ocupaba de hacer los encargos, tras la negativa a una extorsión. Allí le entregaban el dinero pactado o el arma con la que debía ejecutar el ataque, aunque también la conseguía por sí mismo.

¿Cómo comenzó la relación entre ambos? El argentino los habría conocido de chico. El vínculo era de confianza. La mafia estuvo dispuesta a pagarle un abogado en una oportunidad.

El “matador” tiene antecedentes como menor por el robo de un celular y, pasando la mayoría de edad, estuvo preso un mes por haber oficiado de campana en un robo. Tiene, además, vínculos con un grupo delictivo del Abasto, donde vivió hasta que debió mudarse a Caseros, donde fue detenido.

En ese domicilio, se secuestró la moto utilizada en los ataques, el casco que usaba y prendas de vestir que pueden reconocerse en las imágenes de las cámaras de seguridad de los supermercados afectados.

Yu Yu Mei, quien había falsificado sus documentos con el nombre de su hermano, Yu Qing, engañando a su propia esposa y amigos, fue asesinado en septiembre de 2016. Fue acribillado en Catamarca y México, en Balvanera, por dos sicarios en moto que escaparon a contramano por Independencia, una mala maniobra que los condujo a la detención.

Sin embargo, los detectives habían logrado intervenir antes el celular de Faede y su novia, por lo que lograron capturar las comunicaciones entre el jefe y el ejecutor. De las intervenciones telefónicas se desprende que, por el “trabajo”, el sicario pedía entre 13 y 20 mil pesos. La tarifa era negociable según el riesgo, el cómplice que manejaba la moto y si el blanco estaba del otro lado de la avenida General Paz.

Con ese dinero, Faeda habría comprado un VW Voyage y mantenía a su familia, compuesta por su pequeño hijo y su pareja, quien conocía la actividad del sicario. Incluso, usaba su celular para comunicarse con “Franco” y negociaba las condiciones frente a la mujer y su hijo.


Las escuchas que lo comprometen: “Si me pagás más le doy masa”

c.d.l.

Las conversaciones telefónicas entre Nicolás Faeda y Yu Yu Mei, en español, tenían un código de fácil resolución: llamaban “lapicera” al arma que iba a ser utilizada en el ataque y “pero” (en lugar de perro, debido a la pronunciación china) en alusión a la policía. Las escuchas, a las que tuvo acceso PERFIL, son la principal prueba contra el sicario.


Escucha 1.

Yu Yu Mei: ¿Sí?

Mujer: Nico, dale. Ahí me contestó.

Nicolás Faeda: Hola, ¿por dónde andas?

YYM: Por Callao.

NF: Voy a buscar la lapicera, voy para allá.

YYM: ¿Cuánto tiempo más o menos?

NF: Te llamo cuando salgo para allá. Pero todavía no salgas. Yo te llamo cuando tenga la lapicera.

YYM: Dale, cuando tengas lapicera tirá, los tres, ¿eh?

NF: Dale.


Escucha 2.

NF: Hola, escuchame, laburamos mañana, el pibe que tiene que dar la lapicera llega en una hora. Ya después es muy tarde.

YYM: Dale, como quieras. Fijate. Lo que vos necesites para trabajo (sic) yo después te lo paso.

NF: Mañana sí o sí porque necesito trabajar.

YYM: Dale, chau.


Escucha 3:

NF: ¿Podés pagar hoy?

YYM: Mañana, antes de las seis, ¿puede ser?

NF: Uy, ¿hoy no? Para darle algo al pibe que necesita plata.

YYM: Hoy muy tarde. Hoy no tengo tiempo. Mañana antes de las seis.

NF: Dale

YYM: Ahora, ¿cuánto tiempo?

NF: En media hora, 40 minutos. Escuchame, ¿no podés dar un poquito más?

YYM: Trece, ¿cuánto quiere loco? Dejalo loco, pero lo otro me pasas 20.

NF: Por lo menos mil pesos más.

YYM: Estás loco, trabajá nomás.

NF: Hay pero justo en la puerta.

YYM: Bueno, entonces dejamos.


Escucha 4.

NF: Escuchame, hay un pero ahí. ¿Por qué no me pagás un poquito más y yo le doy masa?

YYM: No loco, no puedo. Si no, dejamos. Yo tengo que hablar con mi jefe mañana

NF: Bueno, me doy una vuelta igual, a ver si puedo.