POLICIA EMULABA A WALTER WHITE

La historia del químico que dejó todo para fabricar droga

Daniel P. vendió su farmacia, pero mantuvo la matrícula para comprar precursores. Habría montado un narcolaboratorio de éxtasis y LSD.

Foto:Cedoc

“Servicios relacionados a la Salud Humana”. Para el Estado, esa era la actividad principal que registraba Daniel P. hasta ser descubierto. En 2012, el químico y farmacéutico vendió el fondo de comercio de su farmacia ubicada en una de las calles principales de Ituzaingó, pero mantuvo la matrícula y, tal como lo muestran las fotografías tomadas en su casa cercana al centro de la ciudad, habría montado su propio laboratorio para producir éxtasis y LSD.
Cuando la Policía Metropolitana llegó con una orden de allanamiento a su hogar, el químico de 46 años no se sorprendió. Al contrario, habría admitido su responsabilidad frente a los agentes del área de Delitos y Crimen Organizado que se lo llevaron detenido frente a su esposa y su hijo.
El químico –que emulaba a Walter White, el protagonista de la exitosa serie Breaking Bad– es uno de las 32 detenidos que dejó la Operación “Primavera Sintética”, la investigación del juez Claudio Bonadio que desbarató una “red narco” conformada por cuatro organizaciones. En los procedimientos realizados hasta el momento secuestraron 15 armas, 110 kilos de marihuana, siete de cocaína y uno de pasta base; 13 mil dosis de LSD y 6.500 de MDMA (éxtasis); 14 kilos y treinta litros de químicos, ácidos y sustancias para la elaboración de diferentes drogas.
 En la edición del 24 de octubre, PERFIL indicó que, hasta ese momento eran 47 los empresarios y farmacéuticos condenados por facilitar precursores químicos a narcos. Daniel P. fue más lejos.

El proveedor. En el organigrama de la estructura criminal, Daniel P. aparece por fuera de los grupos, pero fue señalado como el proveedor de las dos bandas principales que operaban en la Ciudad de Buenos Aires y en Bragado, en el interior de la Provincia.
Fuentes del caso, contaron a PERFIL que habría resultado inútil mostrarse inocente ante la cantidad de precursores químicos y elementos utilizados para la producción de drogas sintéticas que se amontonaban en el lavadero y la terraza del domicilio de la zona oeste del conurbano bonaerese, a pocas cuadras de la municipalidad local.
Además, en la azotea los peritos de la Policía Científica notaron un polvo blanco desparramado entre máquinas y tubos de ensayo que resultó ser cocaína.

El narcolaboratorio montado en la casa de familia estaba equipado con prensas, balanzas, tubos de ensayo, morteros de cerámicas, mecheros, tamizadores, termómetros, balones de vidrio, refrigerantes y precursores químicos para producir y “estirar” las drogas. Los investigadores creen que algunas sustancias las conseguía gracias a su matrícula de químico farmacéutico, otras, en cambio, provendrían del mercado negro.
Ese mismo día, el químico salió esposado de su casa y llevado a la Alcaidía Federal de Comodoro Py. Luego fue trasladado a la cárcel de Devoto, donde continúa alojado. Ahora, de ser condenado, enfrenta cuatro a 15 años de prisión. Todo depende de la autoría del delito que le endilguen: como partícipe secundario o autor responsable de la fabricación de drogas.
Una de las bandas a la que abastecía el laboratorio de Ituzaingó estaba compuesta por 15 personas y era liderada por “Christofer”, un nombre falso utilizado por un fisicoculturista que, además, comercializaba anabólicos y suplementos ilegales en Bragado y en la ciudad de Buenos Aires. El otro grupo, de seis miembros, estaba encabezado por H.V. Esta organización vendía, principalmente, marihuana, pero también redistribuían los productos elaborados por Daniel P.

 

Christofer, el fisicoculturista encargado de la distribución

En octubre de 2014, Claudio Bonadio, ordenó a la Policía Metropolitana investigar las actividades desarrolladas por un fisicoculturista que estaría comercializando anabólicos ilegales en algunos gimnasios de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando los detectives empezaron a seguirlo e intervenir sus comunicaciones notaron que se encontraban frente a la llave de una red de narcotráfico conformada por cuatro organizaciones que traficaban éxtasis, LSD, cocaína y marihuana.
L.A.L. son las iniciales del verdadero nombre del que usaba el alias de “Christofer”, un fisicoculturista de Bragado señalado como uno de los distribuidores de las drogas fabricadas en el narcolaboratorio de Ituzaingó. En su casa de la ciudad del interior de la Provincia, el fisiculturista daba el toque final a los estupefacientes que vendería en fiestas electrónicas y distribuiría al resto de las organizaciones que integran la red. Fuentes de la causa destacaron que en su vivienda encontraron las drogas para la venta dispuestas de una forma “prolija” y de manera sofisticada. Christofer, que además traía hongos de Holanda para adulterar la droga, pidió una campera cuando fue detenido. Tenía frío.



Cecilia Di Lodovico